Platón vive: dos fragmentos de Giovanni Sartori.
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Giovanni Sartori: Homo Videns: La sociedad teledirigida, Madris, 1988, Taurus.
Este es un fragmento que suelo proponer a los alumnos de 2º de Bachillerato cuando estudiamos a Platón. En pocas líneas Sartori nos hece entender de qué manera lo fundamental del pensamiento de Platón sigue siendo hoy verdad: si queremos entender el mundo necesitamos entender conceptos -ideas, diría él- abstractos. Si nuestro lenguaje sólo contuviera términos referidos a objetos ostensibles, concretos, empíricos, no seríamos capaz de entender nada.
El Homo sapiens –volvamos a él- debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Sabemos que las palabras que articulan el lenguaje humano son símbolos que evocan también “representaciones” y, por tanto, llevan a la mente figuras, imágenes de cosas visibles y que hemos visto. Pero esto sucede sólo con los nombres propios y con “las palabras concretas” (lo digo de este modo para que la expresión sea más simple), es decir, palabras como casa”, ”cama”, ”mesa”, ”carne”, ”automóvil”, ”gato”, ”mujer”, etcétera, nuestro vocabulario de orden práctico.
De otro modo, casi todo nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlato en cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar a imágenes. “Ciudad” es todavía algo que podemos ver; pero no nos es posible ver “nación”, “Estado”, “soberanía”, “representación”, “burocracia”, etcétera.; son conceptos abstractos elaborados por procesos mentales de abstracción que están construidos por nuestra mente como entidades. Los conceptos de justicia, legitimidad, legalidad, libertad, igualdad, derecho (y derechos) son asimismo abstracciones no visibles. Y aún hay más: palabras como “paro”, “inteligencia”, “felicidad” son también palabras abstractas. Y toda nuestra capacidad de administrar la realidad política, social y económica en la que vivimos, y a la que se somete la naturaleza del hombre, se fundamenta exclusivamente en un pensamiento conceptual que representa –para el ojo desnudo- entidades invisibles e inexistentes. Los llamados primitivos son tales porque –fábulas aparte- en su lenguaje destacan palabras concretas: lo cual garantiza la comunicación, pero escasa capacidad científico-cognoscitiva. Y de hecho, durante milenios los primitivos no se movieron de sus pequeñas aldeas y organizaciones tribales. Por el contrario, los pueblos se consideran avanzados porque han adquirido un lenguaje abstracto –que es además un lenguaje construido en la lógica- qu permite el conocimiento analítico-científico. Algunas palabras abstractas –algunas, no todas- son en cierto modo traducibles en imágenes, pero se trata siempre de traducciones que sólo son un sucedáneo infiel y empobrecido del concepto que intentan “visibilizar”. Por ejemplo, el desempleo se traduce en la imagen del desempleado; la felicidad en la fotografía de un rostro que expresa alegría; la libertad nos remite a una persona que sale de la cárcel. Incluso podemos ilustrar la palabra igualdad mostrando dos pelotas de billar y diciendo: “he aquí dos objetos iguales”; o bien representar la palabra “inteligencia” mediante la imagen de un cerebro. Sin embargo, todo ello son sólo distorsiones de de esos conceptos en cuestión; y las posibles traducciones que he sugerido no traducen prácticamente nada. La imagen de un hombre sin trabajo no nos lleva a comprender en modo alguno la causa del desempleo y cómo resolverlo. De igual manera, el hecho de mostrar a un detenido que abandona la cárcel no nos explica la libertad, al igual que la figura de un pobre no nos explica la pobreza, ni la imagen de un enfermo nos hace entender qué s la enfermedad. Así pues, en síntesis, todo el saber del Homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundus intelligibilis [mundo inteligible] (de conceptos y de concepciones mentales, abstractas) que no es en modo alguno el mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos.
Y la cuestión es ésta: la televisión invierte la evolución de los sensible en inteligible y lo convierte en el ictu oculi, en un regreso al puro y simple acto de ver. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de ese modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender.
A ello le podemos añadir algún otro fragmento como éste de Qué es la democcracia:
La televisión destaca por una cosa: entretiene, distrae, divierte. Cultiva el Homo ludens. Pero la televisión también impregna toda nuestra vida, se afirma incluso como demiurgo. Tras formar a los niños, sigue formando, o influyendo, a los adultos “informándoles”. Informándoles, en primer lugar, de noticias (más que de nociones), es decir, anunciando lo que sucede en el mundo, tanto cercano como lejano. La mayor parte de estas noticias terminan por ser deportivas, de sucesos, de crónica rosa (o lacrimógena) y de catástrofes. Lo que no quita que las noticias de mayor repercusión, de mayor importancia objetiva, sean las informaciones políticas, las informaciones sobre la polis (la nuestra y la de otros). Saber de política es importante, aunque a muchas personas no les interese, porque la política condiciona nuestro vivir y nuestro convivir. La ciudad cruel nos encarcela, nos hace poco o nada libres; y la mala política —incluida la política económica— nos empobrece (cfr. Sartori: Democrazia: cosa è, Milán, Rizzoli, 1993, pp. 313-316).
Para los alumnos: ¿sabrías reconocer qué elementos platónicos hay en esto textos?
