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Pascual González. Profesor de Filosofía de Enseñanza Secundaria. También te puede interesar mi página con contenidos y apuntes de Filosofía.

Vicente Verdú: el bachillerato y la dificultad

En estos tiempos que corren uno da un respingo cuando encuentra artículos como el que escribió Vicente Verdú el otro día sobre la conveniencia, si no la necesidad, de que el Bachillerato sea una etapa de inciación en el amor por la dificultad y el esfuerzo.

En el bachillerato, hace ya casi medio siglo, al deber del esfuerzo –que no la ética del esfuerzo, como se designa ahora- se añadía la admiración por lo difícil.

Así como ya, gradualmente, lo difícil ha adquirido un carácter demoníaco y anticuado, entonces se alzaba como un ideal perfecto. (…)

Lo difícil echa para atrás al medroso pero se perfila como el recto camino hacia la cima en la carrera del héroe o el loco.

El Bachillerato debe dar a los alumnos la oportunidad de enfrentarse a lo que es difícil y hermoso. Les debe hacer entender que la vida tiene momentos que son como un paseo y momentos más parecidos a una escalada, y que al Instituto y a la Universidad se va a escalar, para algún día gozar de la mejor perspectiva posible de las cosas.

Curiosamente el artículo de Verdú ha coincidido con la publicación, poco después, de sendas entradas alrededor del tópico publicadas en dos de los mejores blogs sobre la filosofía en la secundaria: uno en Boulé y el otro en Antes de las cenizas, que continúa una serie en clave antipedagógica (y I) (y II).

Tanto Boulé como Antes de las cenizas plantean, denuncian una dicotomía que me parece engañosa (y por sus propias aclaraciones, a ellos también): el buen profesor como alguien que sabe mucho (reivindicado por los antipedagógicos) o el buen profesor como alguien que ante todo es un comunicador (o sea, la figura reivindicada por los pedagógicos). Pues bien, en mi opinión, ni la una ni la otra, sino ambos.

Yo tiendo a militar en las filas de los antipedagogos, y hago mías las palabras de Vicente Verdú cuando dice que el Bachillerato debe ser una etapa iniciática en la dificultad. Creo que la cultura escolástica (sí, escolástica, de escuela) es inevitablemente compleja, y eso convierte la formación académica en un camino que no puede recorrer todo el mundo. Además, lo siento, no creo en la tabla rasa. O sea, creo que existe una lotetría genética que influye mucho a lo largo de nuestra biografía y que la pedagogía progresista (¿pleonasmo?) no acaba de reconocer, o dice reconoce pero no asume políticamente.

Pero una cosa es eso y otra cosa pretender que haya una contradicción entre el profesor que sabe mucho y el que trata de presentar sus contenidos de la forma más clara psosible (¡Moisés y Aarón!). La clave, me parece, es no confundir dificultad con farragosidad. Por otro lado, pienso si en realidad no ocurrirá que cuanto más sbes de un tema más capacitado estás para transmitirlo mejor. O, si se quiere, para saber ir colocando antes los alumnos todos los peldaños, los asideros y los quitamiedos didácticos que puedan resultar útiles. Para eso hay que conocer la dificultad del camino. O sea, la materia que se explica.

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  1. Miguel | Nov 4, 2007 | Reply

    ¡Hola Pascual!
    Yo también creo que la dicotomía puede ser falsa, es decir, que debemos aspirar, como bien señalas, a profesores que sepan mucho y que lo sepan transmitir. Y eso no debe convertirnos ni en “pedagógicos” ni en “antipedagógicos”.

    Declararse “antipedagógico” es negar que parte de nuestra actividad consiste en enseñar, y la didáctica y la pedagogía (con todas las herramientas que ponen nuestra disposición) facilitan esta labor. El problema es que a veces por querer ser demasiado “didácticos” rebajamos niveles de exigencia, caricaturizamos autores y épocas… En definitiva traicionamos nuestras materias.

    Y para terminar: totalmente de acuerdo contigo en los dos aspectos que señalas. La genética cuenta (y también factores del entorno que ningún pedagogo puede alterar como condiciones sociales, económicas, familiares…) y el bachillerato no debería “facilitarse” (la reforma se acaba de aprobar y no me parece muy positiva…) sino iniciar a la dificultad.

    Siento la larga parrafada :-)
    ¡Y enhorabuena por el blog!

  2. Serenus | Nov 4, 2007 | Reply

    Interesante blog.
    Por supuesto que no es válida tal distinción, por ello mismo es criticada como dogma en Antes de las cenizas.

    Creo que eso que se llama “antipedagógico” no es una tendencia contra la pedagogía, sino contra cierta “pedagogía” simplista, degenerada y oportunista.

  3. Pascual González | Nov 4, 2007 | Reply

    GRacias a ambos por la visita y los comentarios.

    Serenus, en efecto, creo que no entendí muy bien que justamente denunciabais como falsa esa dicotomía entre el sabio y el publicista. Sin conocimientos no hay pedagogía ni eficacia comunicativa que valga, porque no hay nada que enseñar. Creo que me confundió algo lo que duijo “Serenus” sobre el problema del aburrimiento.

    Miguel, el uso de calificativos como “pedagógicos” y “antipedagógicos” lo planteo en el contexto de debates recientes, como el que ha generado el “Panfleto antipedagógico”. Evidentemente no se refiere a la pedagogía en sentido estricto, sino a los enfoques dominantes entre quienes hoy titulan como pedagogos.

    Un saludo a ambos

  4. Felipe | Nov 21, 2007 | Reply

    Por si te interesa continuar con la discusión, ya vamos por la cuarta entrega de los ‘dogmas de la pedagogía oficial’ y nos resultaría muy interesante conocer tus opinones al respecto.
    Saludos.

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