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Pascual González. Profesor de Filosofía de Enseñanza Secundaria. También te puede interesar mi página con contenidos y apuntes de Filosofía.

Sobre la destrucción del paisaje en España

Josefina Gómez Mendoza, reseñando para Revista de Libros varias obras en torno a la modificación del paisaje en España. Entre otras, Ebro/Obre, de Arcadi Espada, en cuyo blog está colgado el .pdf. Entresaco esta cita:

El millón de casas que hay proyectadas o en construcción en el litoral se harán porque la gente las quiere, y los constructores son la gente, y los agricultores esperan la llamada de los constructores, ya que no puede pedírseles que no hagan nada con sus propiedades; nada que no hayan hecho otros y que probablemente haríamos igualmente los demás, y menos aún puede pedírseles que se abstengan de hacerlo en nombre de la memoria. Hay unidad de acción y de destino entre quienes venden las tierras, los que las compran y las construyen, los que las ocupan. «Esta es la primera cuestión que no suele comprenderse respecto del paisaje; de lo que llaman la destrucción del paisaje. El único paisaje que cuenta para los que van a ocupar las casas es el sol y la playa.Y un millón de casas no altera para nada el paisaje principal. Todo lo demás es invisible para ellos, en la medida en que ellos también son invisibles para sí mismos». Los que encuentran -encontramos- estos hórridos paisajes feos y vulgares es porque quieren -queremos-sitios aislados y tenemos sueños antigregarios.

No tengo ningún afán de practicar la incorrección política porque sí, pero me agrada hallar textos como éste, donde quepa una mirada fría, sin histerias, sobre la transformación del paisaje en España. Benidorm es horrible para quienes preferimos la soledad de un pueblo perdido, o la solera cultivada y cosmopolita de una gran capital. Pero Benidorm cautiva -y en el peor de los casos no dfrauda- a quienes siguen acudiendo a él en busca días de sol y diversión asequible. La democratización de las vacaciones no podría traer balnearios húngaros para todos. La popularización del sueño de las clases medias produce necesariamente monstruos de hormigón. Sospecho que buena parte de quienes más lamentan la destrucción del paisaje en España son los penúltimos en haber alcanzado dicho sueño, horrorizados de tener que compartir el espacio con el escalón sociocultural que aún quedaba a distancia.

Tengo una amiga, profesora, casada con un artista local con cierto éxito y mejores contactos, que viven en una preciosa casa de la huerta en las afueras. Alguna tarde he merendado en el patio trasero de su casa. Las vistas son admirables: una alfombra de huerta que se extiende hasta las vecinas montañas. Ella lamenta la desaparición de todo eso el día que el propietario de los huertos de detrás venda sus tierras. Se espera lo peor: varias filas de adosados y adiós al paraíso. Es el síndrome del penúltimo en haber llegado. Cuesta ver a los últimos como semejantes con idénticos derechos, idénticos deseos de prosperidad económica, en vez de como invasores hostiles, esos que arrasan los limoneros que embellecían el paisaje de las meriendas. Es comprensible, pero no lo es menos que el labriego venda la huerta al constructor para dejar un patrimonio a sus hijos. O que otra familia dedique sus ahorros en dejar el viejo barrio y trasladarse a un adosado en el límite entre la ciudad y la huerta.

Mi amiga anda bastante indignada con la rápida destrucción/transformación del paisaje. Siempre ha sido de izquierdas, por lo que está acostumbrada a luchar y a reivindicar. “¡Yo soy de las que se implica!”. Yo en cambio veo sus quejas como propias de una nueva aristocracia que quiere conservar el privilegio de ser siempre los últimos en haber accedido a la casita de las afueras. Porque, ciertamente, la inundación de casitas es el fin de las afueras, y de su encantador paisaje, por más que sea un efecto inevitable de cierta democratización del bienestar. Pero eso nunca se lo digo a mi amiga, no sea que deje de invitarme a merendar ante los limoneros mientras éstos aún sigan ahí.

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  1. juanma | Dec 27, 2007 | Reply

    Tengo la impresión de que tener algo en propiedad supone la capacidad de predicar, es decir, decir algo sobre algo,y por lo que cualquier conversación parece que pueda sólo establecerse entre propietarios, y claro cuanto más posees mayor poder de predicar. Los últimos son aquellos con los que no estamos dispuestos a conversar, quizás porque minan nuestro poder de predicar. Quizás esto sea una ficción. En todo caso la hipótesis de la conversación que se desarrolla en un marco ideal me parece mucho más fictica, y propia de aquellos que, a pesar, de lo que digan no creen en la igualdad.

  2. serenus | Dec 27, 2007 | Reply

    Sin duda es acertado tu análisis de las motivaciones y presupuestos del propietario/ consumidor y que en la gran mayoría de los casos ese proteccionismo es mera hipocresía,proteccionismo de puertas para afuera, y defensor de privilegios con la apariencia de justicia.
    Pero no es menos cierto la alteración destructiva que sufre nuestro paisaje -o nuestro medio- con consecuencias no sólo estéticas… y ¿no te parece que algo se debería hacer?

    La destrucción del literal como medio natural es un hecho, ¿tendremos que asistir a la devastación del interior?

    ¿La democratización del bienestar implica por ejemplo la desaparición irremediable de la fauna salvaje ?

  3. Pascual González | Dec 27, 2007 | Reply

    Estimado Serenus, a mí me parece bien que se hagan cosas para que el impacto sobre el medio sea el menor posible. Por desgracia no soy técnico, así que siempre ando con información de segunda mano en lo que a soluciones y remedios se refiere. Como ciudadano, sin embargo, sí pido una cosa, y es que en este tema, como en tantos otros, el disccurso trate sobre consecuencias, no sobre convicciones. Que se nos diga: si queremos tal cosa, debemos renunciar a tal otra. Creo que hasta ahora hemos asistido demasiado a discursos basados en la convicción.

    Respecto a lo que puede ocurrir “tierra adentro”, me parece que el problema será menos grave que en el litoral. Después de todo, España es un país sin una densidad demográfica excesiva (compárese, por ejemplo, con Holanda, Bélgica, Alemania, Inglaterra…). En general, y sin pretender tener autoridad sobre el tema, creo que deberíamos tener una ley de suelo más liberal, que no convierta las concejalías de urbanismo en el cuello de botella por donde pasan la expansión inmobiliaria. Creo que se deben proteger zonas de alto valor ecológico, o regular más la construcción en otras zonas, por motivos igualmente ecológicos o paisajísticos, pero desde el principio de que siempre que no haya un gran perjuicio evidente para la comunidad, cada uno debe ser libre para edificar en su propiedad. Digo esto por dos motivos, por un lado el del derecho a la propiedad privada y a disponer de ella y, por otro, porque la escasez de suelo ha estado frenando el acceso de mucha gente a la vivienda y haciendo posible la especulación y la burbuja inmobiliarias, con el concurso de las concejalías de urbanismo.

    Sobre este tema puedes encontrar un artículo más lúcido de cuanto yo pueda aportar en el magnífico, e irreverente, blog de Kantor : http://kantor-blog.blogspot.com/2007/08/la-ley-del-techo.html

    Saludos

  4. serenus | Dec 27, 2007 | Reply

    Pues se agradece la referencia.

    Saludos

  5. HECY | Mar 25, 2008 | Reply

    querídos lectores de esta página web,
    les debemos informar que próximamente abriremos una pagina web sobre los paisajes más bonitos del mundo.

    Ya os iremos informando.

    Saludos,
    atentamente HECY!

1 Trackback(s)

  1. From   Sobre la destrucción del paisaje en España by los Clasificado | Dec 27, 2007

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