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Pascual González. Profesor de Filosofía de Enseñanza Secundaria. También te puede interesar mi página con contenidos y apuntes de Filosofía.

La nueva India y el espíritu del capitalismo

Hace unos dos años leí un libro apasionante: La tierra es plana, del laureado Thomas L. Friedman, del que, además, la editorial nos permite descargar gratis el primer capítulo.

El libro es un recorrido por la revolución tecnológica que está eliminando antiguas jerarquías y también las antiguas distancias. Bloggers ciudadaos que compiten con el NYT, sistemas de pago por internet que permiten a cada ciudadano abrir un negocio on line fácilmente… pero también países en vías en desarrollo que cada día muestran mayor desparpajo a la hora de competir con el llamado primer mundo. Especialmente interesantes son las págias que dedica a describir cómo gracias a la fibra óptica barata Bangalore se ha convertido en una capital mundial del outsourcing no ya industrial sino de servicios. O sea, en la India no sólo se fabrican coches o componentes para Occidente, sino que también se gestionan servicios de asistencia telefónica a clientes o de contabilidad financiera para empresas situadas en EEUU o Inglaterra. La clave es la hbuena formación de muchos jóvenes indios, la calidad de sus ingenieros y el dominio del idioma inglés.

Para Friedman, India no es el único país que está acortando su distancia económica con Occidente gracias a la tecnología, pero su descripción de la industria del outsourcing de servicios en Bangalore es realmente impresionante y seductora. Desde que la leí presto más atención a las noticias procedentes de ese país. Después de todo, hace ya unos años, siendo todavía bastante joven, leí La ciudad de la alegría, de Dominique Lapierre , de manera que mi imaginario sobre La India ha sido el de los saris amarillos, la espiritualidad anoréxica, las vacas paseando por los mercados y los niños sucios llevándose puñados de arroz a la boca de una escudilla. Supongo que no he sido el único. ¡Y Ghandi, por supuesto!

Entre los fragmentos que recuerdo y que más me impresionaron de La ciudad de la alegría está el del relato de cómo el Tupperware (o sea, las fiambreras y demás menaje de plástico) llegó a una aldea de Bengala. El resultado fue que sus habitantes quedaron fascinados por el nuevo material, y decidieron comprar recipientes de plástico. El resultado fue que el alfarero no pudo resistir la competencia y al cabo de unos meses tuvo que emigrar Calcuta para integrarse en el ejército de nuevos parias que trataba de buscarse la vida allí cada día.

De manera que estamos ante dos paisajes bien distintas de La India, la Calcuta miserable de Dominique Lapierre, por un lado, y el dinámico Bangalore de Thomas L Friedman, por otro. Entre ambas descripciones median veinte años (de 1985 a 2005). Durante esos años ha haido un rumbo en la política económica de La India y una revolución tecnológica (lo que Castells ha llamado “la era de la información”). Estoy seguro que La India sigue siendo pródiga en escenas como las que inundan la novela de Lapierre, pero también sospecho que la estampa que nos muestra Friedman es cada día más real, a juzgar por todos los indicadres económicos [Gapminder] Entre otras cosas porque el relato de Lapierre olvida un detalle fundamental. Los Indios no sólo iban a comprar fiambreras Tuperweare. También las iban a fabricar en grandes cantidades.

En los últimos tiempos han aparecido varios artículos que contribuyen aún más a modificar nuestra imagen de la India. Por ejemplo, que la India supera a Japón en suscripciones a servicios para móviles hasta el punto de ser el mercado de móviles que más crece, la clase media india alcanza ya los 300 millones de ciudadanos (y de consumidores). Y una noticia llena de simbolismo: el consorcio indio TATA no sólo es la quinta siderúrgica del mundo, sino que su división de automóviles se ha hecho con dos joyas del antiguo imperio : Jaguar y Land Rover.

Por cierto, siguiendo esta última noticia, hay en El blog salmón una interesante entrada sobre la empresa india TATA:

Igual que en su origen, lo que guía a Tata actualmente no es la maximización de los beneficios. Su gestión se basa en los cuatro fines del hinduismo: kama (amor), arhta (trabajo y negocio), drama (sentido del deber) y moksha (liberación del dolor y de la ignorancia). Que se traslada en una gestión empresarial en torno a la integridad, conocimiento, calidad, unidad y responsabilidad.

Esta filosofía explica que dos terceras partes del capital del holding esté en manos de tres fundaciones de la familia que destinan todos sus beneficios a obras sociales para ayudar a los más desfavorecidos.

Sinceramente, no tengo ni idea de si ese discurso no será más bien una coartada de cara a la galería. En todo caso, si hay algo de verdad, TATA, nos vendría bien un Weber para TATA y, quizá, también para La India.

ACTUALIZAZIÓN (02.01.2007): Este artículo aparecido precisamente hoy sobre el tema: The State of Innovation in India

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