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Pascual González. Profesor de Filosofía de Enseñanza Secundaria. También te puede interesar mi página con contenidos y apuntes de Filosofía.

Homo sentimentalis (Milan Kundera: un fragmento de La inmortalidad)

El homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente (porque todos sentimos), sino como un hombre que ha hecho un valor del sentimiento. A partir del momento en que el sentimiento se considera un valor, todo el mundo quiere sentir; y como a todos nos gusta jactarnos de nuestros valores, tenemos tendencia a mostrar nuestros sentimientos.

Leer el fragmento completo.

Hoy he dedicado la clase a leer y comentar este fragmento de La inmortalidad, de Milan Kundera, donde habla del hombre sentimental. O sea, del sentimentalismo, entendido simplemente como la idea de que el sentimiento con que realicemos una acción es donde radica su justificación o su mérito básicos (o al revés: lo que le quita valor o la convierte en vergonzosa).

Kundera hace un brevísimo repaso al modo en que el sentimentalismo se coló en Occidente: San Agustín (ama y haz lo que quieras), los trovadores del siglo XII, Lutero. Creo que se deja a Rousseau, cuyo hombre hijo de la naturaleza exhibe sus sentimientos y sus lágrimas en público sin que tal cosa le parezca vergonzosa.

Frente al sentimental (en realidad mucho antes de que Occidente se pudiera permitir el lujo del sentimentalismo) nuestra cultura dio forma al estoico: aquel que no se perturba ante lo inevitable porque no hay nada más inútil.  Reconozco que prefiero con mucho a los estoicos que a los sentimentales, aunque eso no suelo decirlo en clase.

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  1. juanma | May 7, 2008 | Reply

    Hay una secuencia en Los Simpson que trancurre aproximadamente de esta manera: el científico (más o menos loco) que sale en distintos capítulos, presenta un juguete (un correpasillo) para niños muy pequeños en el que mientras rueda tiene una cúpula de cristal en la que rebotan en su interior bolas de distinto color, y el científico les arrebata el juguete y dice algo así como que sus mentes no están preparadas para disfrutar elevadamente de aquellos movimientos. En otro capítuo Homer disfruta de un sillón que da masajes y le hace “alucinar”, y afirma que “sentía un vacío interior que ni la iglesia, ni la comunidad, ni la familia habían podido colmar”, y que este sillón vendría a satisfacer la carencia.
    Algo así ocurre con los capaces de sentir elevadamente y se lamentan de que el resto (de la humanidad por ejemplo no lo pueda hacer) Yo creo que pertenezco al resto de la humanidad “incapaz de sentir”.
    Y sin embargo, la emoción nos ancla a la inmediatez, que a veces los muy racionales parecen olvidar.

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