Amos Oz sobre la lectura
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Amos Oz en su relato autobiográfico, Una historia de amor y oscuridad:
Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector. (…)
Mira, cuando lees la historia de Raskolnikov, siempre que no seas un lector chismoso sino un buen lector, puedes interiorizar a ese Raskolnikov, introducirlo en tus sótanos, en tus oscuros laberintos, tras las rejas y en la mazmorra, para que se encuentre allí con tus monstruos más vergonzosos y abominables y podrás compararlos con los de Dostoievski; los monstruos de la vida cotidiana no los podrás comparar nunca con nada pues tú nunca los mostrarás a ningún ser humano, ni siquiera en voz baja, en la cama, al oído de quien se acuesta contigo por las noches, no sea que en ese mismo instante coja la sábana espantado, se cubra con ella y huya de ti gritando de terror.
Así podría Raskolnikov endulzar algo la vergüenza y la soleldad de la mazmorra a la que todos nos esforzamos en condenar a nuestro prisionero interior de por vida. Así los libros podrían apiadarse de ti por la tragedia de tus abominables secretos: no sólo de ti, amigo mío, quizás todos seamos un poco como tú: nadie es una isla, pero todos somos como media isla, una península rodeada casi por todas partes de agua negra y, a pesar de todo, unida a otras penínsulas.
