Aborto (I). Cómo plantear la discusión
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Ésta es la primera de tres entradas sobre el aborto. El orden de las mismas, en principio será:
(I) Cómo plantear la discusión
(II) El aborto adolescente.
(III) ¿Qué dice la embriología? (Pendiente)
Cómo plantear la discusión. Seres humanos, Homo sapiens y personas.
Llevo diciendo esto en internet desde 1998: el concepto “ser humano” es ambiguo, pues tiene dos acepciones: biológica y ética. En sentido biológico, alguien o algo es humano por pertenecer a una especie, el Homo sapiens. En sentido moral, sin embargo, no hablamos de Homo sapiens, sino más bien de personas. Una persona es un ser que goza de dignidad y que, por tanto, es acreedor de especial protección y reconocimiento por parte de los demás.
En general, la mayoría pensamos que ambos términos son coextensivos (o sea, que todos los Homo sapiens deben ser reconocidos como personas). O, la menos, casi coextensivos. Porque quizá muchos podríamos dudar de Hitler, Stalin o Pol Pot debieran ser considerados personas. Podemos pensar, por ejemplo, que cuando uno comete un crimen atroz y, no sólo eso, lo repite y, además, no da muestras de arrepentimiento, merece ser descolgado de la nómina de aquellos a quienes llamamos “personas”. Aquí estamos ante una intuición moral para la que no parecen existir hechos suficientes sobre los cuales podamos argumentar. Un filósofo diría que es una cuestión moral subdeterminada por los hechos. O sea, no hay ningún hecho empírico que nos pueda hacer tomar una decisión. En cambio, sí hay hechos que nos dicen que Hitler, Stalin o Pol Pot son tan humanos (en el sentido biológico) como tú o como yo. Por tanto, podemos decir que:
En general, casi todos estamos de acuerdo en que todos los Homo sapiens deben ser considerados, además, como personas.
Dos precisiones sobre este enunciado: la expresión “en general” significa que el consenso se pierde cuando se trata de seguir considerando a Hitler como una persona. En cuanto a la elección de la perífrasis verbal “deben ser considerados personas”, en vez de “son personas”, me parece preferible así para dejar claro, como he dicho arriba, que “persona” es una categoría moral y, por tanto, subdeterminada por los hechos. Propiamente hablando, en la naturaleza no hay personas (aunque existan bases neurológicas que conviertan este concepto en algo bastante intuitivo).
Otra peculiaridad del concepto de persona es que parece ser difícil reducirlo a una propiedad estrictamente binaria (Sí/no, V/F, 1/0, se es persona/no se es persona). Por ejemplo, si mañana la ciencia consiguiera traer a la vida un ejemplar de australopitecus gracias a sofisticadas técnicas de reconstrucción genómica y de fecundación artificial, muchos pensaríamos que nuestros primos deberían gozar de un estatuto distinto de las medusas o los reptiles. No digamos si se hiciera lo mismo con un neandertal. Es previsible que a la mayoría atropellar a un neandertal o dejarlo morir de hambre no nos parecería una acción moralmente equiparable a la de dejar morir de hambre a un perro callejero como los que mueren cada día en nuestras ciudades. Tampoco nos parecería justo recogerlos de los callejones y llevarlos a “perreras” para neandertales. Sin embargo, también es muy probable que muchos de quienes pidan un trato especial para nuestros primos hermanos biológicos, no se molesten en solicitar para ellos el derecho al voto. O que tengan dudas sobre si les son aplicables todos y cada uno de los Derechos humanos (insisto: “todos y cada uno”).
Podemos hacer más experimentos mentales con el concepto de persona: si descubriéramos vida racional, consciente y afectivamente compleja en otro planeta, ¿deberíamos considerarlos personas a pesar de no tratarse de Homo sapiens?. Por supuesto, el Proyecto Gran Simio también está incluido en este problema. Asimismo, cuando convertimos una mascota, sobre todo si se trata de un mamífero como un perro o un gato en “un miembro más” de la familia (y quien posea algún animal así en casa sabe a qué me refiero) solemos conferirles algún tipo de estatuto que va más allá de la mera animalidad. Los estamos personalizando.
Por cierto, vayamos un momento a teorías sobre la persona que explican esta propiedad mediante entidades como el alma o cualquier otro tipo de ingrediente parecido. Uno de los problemas de estas concepciones es que suelen acabar considerando la personalidad como una propiedad binaria: (o se posee un alma y se es persona, o no se posee y no se es persona). Si pensamos que llegamos a ser personas por la posesión de un ingrediente como el alma, entonces la respuesta, por ejemplo, a si los neandertales son (o fueron) personas, se transforma en si tienen o no alma (o cualquier otro ingrediente que les confiera dicha dignidad). Al mismo tiempo, tal vez sea más difícil dejar de ver a Hitler o a Pol Pot como personas, puesto que uno no puede tirar su alma al cubo de la basura. En todo caso, será más sencillo para los partidarios de este modo de ver las cosas pensar que el alma de Hitler sufrió algún tipo de percance: quizá algo parecido a una enfermedad del alma. O incluso que fue crackeada por un infernal y sulfúrico hacker de almas.
Bien, volvamos al aborto, porque la discusión sobre éste no es sino la discusión en torno a qué (y quién) es una persona, y sobre si el embrión, que por supuesto es humano (en sentido biológico) es también una persona (en sentido moral) en todos los casos. Mi opinión (que no sólo es mía, desde luego, ni tampoco la he inventado) es que en este debate debemos evitar en la medida de lo posible el término “ser humano”, debido, justamente por la ambigüedad de la que he hablado aquí. Los antiabortistas (o “pro-vida”) me objetarán que deseo defender el derecho al aborto haciendo de Humpty Dumpty y definiendo los términos a mi antojo y en función de mis deseos e intuiciones morales. Bien, es verdad que éste es un peligro, pero también creo que en esta ocasión tengo razón. Porque quien pretenda que el término “ser humano” no es ambiguo en el sentido expuesto arriba de referirse a un género biológico (Homo sapiens) y, a su vez, a una propiedad moral (ser persona y, por tanto, ser acreedor de reconocimiento y protección especial) deberá mostrar que el ser persona es una propiedad natural, fáctica, y no moral.
De manera que el modo en el que hay plantear el tema del aborto es el siguiente:
(1) ¿Qué características de los Homo sapiens debemos elegir para considerarnos personas?
(2) ¿Cuándo aparecen dichas características en la ontogénesis humana?
Con ello no pretendo imponer (ni creo estar haciéndolo) una solución desde el principio. La virtud de este planteamiento es que caben los argumentos y las intuiciones de todos. Habrá, por ejemplo, quien diga que la persona aparece con el material genético generado en la fecundación y, por tanto, rechace de plano el aborto. Habrá quien diga, sin embargo, que sólo debemos considerar personas a seres racionales y conscientes, y defiendan el infanticidio (alguna vez he leído considerar este extremo al menos como razonable). Habrá quien hable de sistema nervioso central, o de la capacidad para experimentar dolor etc. Se trata de una pregunta abierta, que no puede resolverse con meras definiciones (por ejemplo: “el zigoto es humano y por lo tanto es persona”) y que nos obliga a poner a contrastar nuestra intuición moral sobre el tema con el resto de nuestra experiencia y de las demás intuiciones morales.
Aclaración: personalmente soy partidario de una ley de plazos, pero esta entrada no pretende ser una defensa del derecho al aborto, sino una propuesta de los términos en los que, creo, debería ser planteado y discutido el tema.
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José Luis Ferreira | Mar 15, 2009 | Reply
Siguiendo en tu línea de planteamiento. He aquí unas cuantas consideraciones.
1. Los hombres primitivos mataban o dejaban morir a los niños muy pequeños si tenían que desplazarse por necesidad de sobrevivir y no podían cargar con ellos.
2. Los romanos, en algún momento creo que podían matar a los recién nacidos durante el primer día de vida.
3. En la época actual, imponemos unas prioridades entre los receptores de órganos. Una persona joven y con costumbres sanas tiene preferencia sobre una mayor.
4. El esfuerzo por salvar personas en una catástrofe natural no es el mismo esfuerzo que hacemos por salvar embriones que, de manera natural, no se implantan (un 30% o más de todos los embriones).
A las sociedades antiguas no les pareció mal los puntos 1 y 2. No digo que no les pareciera mal sacrificar esas vidas, digo que la norma estaba bien elegida de acuerdo con las necesidades y el análisis coste-beneficio de la época. Hoy día este análisis da un resultado distinto (cambian los costes y la estimación de los beneficios) y no necesitamos ni queremos las primeras dos normas, pero sí las normas 3 y 4, a pesar de que le otorguemos el mismo status de persona al joven y al anciano del caso 3 (todo el mundo menos los Hitler que mencionas) o a los natos y no natos en el 4 (antiabortistas).
A nosotros nos parece cruel la estimación coste-beneficios de los antiguos y podríamos pensar que no se pueden decidir estas cosas con estos análisis. Es cierto, lo podremos pensar, pero a la hora de tomar decisiones, es como si lo hubiéramos hecho. El pararse a analizar servirá para decidirlo mejor.
libertymad | Mar 15, 2009 | Reply
Algunos anti-abortistas que se jactan de escolásticos deberían interesarse por la opinión de Santo Tomás, tan válida para ellos en otros asuntos, al respecto: el feto no es persona hasta la séptima semana. Si dicen que la iglesia no ha cambiado en 2000 años, deberían estar de acuerdo con una ley de plazos y simplemente pedirle al gobierno que rebaje de 14 a 7 semanas. En caso de peligro para la madre o de malformación que impida la supervivencia tras el nacimiento, algo que es posible saber gracias a los avances de la ciencia, estoy totalmente de acuerdo con el aborto. Las mujeres son personas, no vacas.
Eduardo | Mar 15, 2009 | Reply
Hay otro enfoque interesante para el debate sobre el aborto, que no suele ser mencionado, y es el técnico-económico. Me parece que es un argumento que suele esgrimir Gustavo Bueno: ¿puede el estado permitirse la financiación masiva de una técnica tan cara como el aborto clínico, aún cuando se considerara una práctica “ética”? Me parece una cuestión al menos seria para cualquiera que no considere que las cuestiones llamadas éticas o morales flotan en algo parecido al éter celeste.
El problema con el debate sobre “persona” (moral) e “individuo” (biológico) es que difícilmente se puede despejar de modo racional o “científico”. ¿Cuándo entra “el fantasma en la máquina”? Vete a saber, nunca lo sabremos exactamente, es un debate metafísico. Sólo podemos ofrecer criterios más o menos aproximados, a no ser que recurremos a dogmas (por ejemplo: “La vida empieza en el momento de la concepción” o “Nosotras parimos, nosotras decidimos”) que sólo convencen realmente a los creyentes.
irichc | Mar 15, 2009 | Reply
Nunca he creído en la unidad monolítica del “yo”, la que tal vez uno imagina cuando emplea las palabras “sujeto” o “persona”. El “yo” como “yo que se autoobserva” se ve distinto a como es representado por el resto de individuos, y en cierto sentido se desdobla en el proceso. Los antiguos llegaron a hablar de démones personales para explicar semejante bifurcación de las voluntades y las inteligencias. El posmoderno, lisa y llanamente, niega la subjetividad, la transfiere por empatía o la reduce a lo sensible.
Pero ¿dónde está escrito que matar sólo sea malo si es doloroso? Los animales sienten dolor y no por ello son humanos. Por ende, la capacidad de sentir el dolor no es rasgo definitorio de la humanidad. Desechamos, sí, a los fallecidos al dictaminarles muerte cerebral, pero no porque carezcan de consciencia, sino porque contamos con la más que razonable certeza de que no la tendrán jamás. Es decir, valoramos potencialidades.
El desarrollo del “nasciturus” en el proceso de gestación prueba que el encefalograma plano no es el fin de la vida en sentido cronológico u ontológico. La vida termina -al menos a efectos civiles- cuando el organismo en su conjunto se muestra incapacitado para seguir perseverando, lo cual arroja infinidad de síntomas además del que comúnmente se toma como indicativo de la muerte.
Por si cupieran más dudas, invoco a Perogrullo: las plantas no tienen actividad cerebral y están vivas, pero no son humanas. Puesto que nadie duda que el “nasciturus” es un ser humano en acto, ¿con qué criterio se juzga que no está vivo? Y si lo está, ¿con qué derecho se lo mata? Los materialistas siempre han relativizado la consciencia, relegándola al papel de epifenómeno. No ha lugar a que ahora la conviertan en esencia de la humanidad, cuando sólo es uno de sus rasgos más característicos (otros serían andar erguidos o ser omnívoros).
Respecto al momento en que alguien se constituye en prójimo, sin duda tiene un componente cultural en su apreciación. Profanar tumbas se considera delictivo, por estimar que los muertos todavía son prójimos nuestros, y ello pese a estar ciertos de que no van a padecer ese acto. ¿Por qué profanar úteros es menos obsceno, si con este modo de obrar nos privamos, además, de miembros útiles para la sociedad?
Todavía más. ¿Es un prójimo un enemigo en una guerra? Lo dudo mucho. No hay proximidad en la relación entablada, sino necesidad de repelernos mutuamente. Pero ¿se sigue que no es humano y que su vida nada vale? No para aquellos que creen en la civilización. Entonces, ¿hemos de dar a la que es “de facto” nuestra descendencia, si bien aún nonata, un trato peor que el que reservamos a los hombres más hostiles? ¿En base a qué libertad insensata, a qué precepto cruel?
A quien inquiera dónde está el límite para estimar que alguien es hombre y no mera semilla o posibilidad de serlo se le responde: el límite está en la acción externa. Desde el instante en que el cuerpo no necesita de ella para constituirse, bastándole con el mero paso del tiempo en un entorno adecuado, hablamos de organismo autónomo en germen. Porque si no distinguiéramos entre constitución primera y desarrollo ulterior, sería absurdo hablar de progenitores.
El aborto es quizá la prueba más sangrante de la insuficiencia moral del ateísmo y el materialismo.
Pascual González | Mar 16, 2009 | Reply
Es taarde, y esopero no decir ninguna tontería en las respuestas.
José Luis, es verdad lo del infanticidio en las sociedades antiguas. Al menos si hemos de creer a autores como Marvin Harris. Por cierto, existe también un libro apasionante por su erudición y sus análisis sobre la singularidad de la oblación en la Europa medieval que no me resisto a indicar: “La misericordia ajena”, de John Boswell.
En general creo que nunca insistiremos lo suficiente en la gran diferencia entre un mundo malthusiano (en el que la humanidad ha vivido durante la mayor parte de su historia) y otro post-malthusiano (donde sólo hemos empezado a vivir desde apenas 200 años). Sin duda, ese cambio ha afectado a las instituciones morales, y también a la percepción de la infancia.
Eduardo: la pregunta de Gustavo Bueno es pertinente. En todo caso habría que analizar también otras posibles externalidades positivas del aborto junto al gasto que supone para la SS. Estoy pensando, y seguro que lo conoces, en el análisis que hace Steven Levvitt sobre la relación entre aborto y disminución de la criminalidad. En todo caso, no me parecería mal que la SS sólo cubra los gastos del aborto en casos de necesidad. Estrictamente hablando un embarazo no es un problema de salud.
Sobre el otro punto, efectivamente, estamos ante una instancia del problema del continuo: no hay un punto a partir del cual hos hechos nos digan que estamos ante una persona. Los criterios deben ser pragmáticos y a ser posible conservadores, por dejar un margen de seguridad. Espero tratar ese tema cuando hable de embriología en una próxima entrega.
irichc Yo no defiendo un concepto arbitrario de persona. Lo que digo es que éste se halla subdeterminado por los hechos, y eso deja márgenes. El ejemplo de los cadáveres al que aludes es uno de ellos. Profanar una tumba es una inmoralidad en la medida en que los deudos de la persona fallecida siguen proyectando respeto sobre el cuerpo sin vida. Pero si una comunidad tratara a los cadáveres de sus muertos como carne muerta sin valor, sería perfectamente aceptable sin necesidad de estar incurriendo en ningún tipo de relativismo cultural. Supongo que todos distinguimos entre barbaridades como la de rebanarle el clítoris a las niñas o quemar vivas a las viudas y deshacerse de un cadáver como costumbre. Por ejemplo, leí que en algunas comunidades calvinistas la familia se desentendía de los ritos fúnebres y de los cadáveres porque los consideraban carne del mundo sin ningún tipo de valor espiritual.
La expresión “profanar úteros” no es acertada. Ocurre como en el sexo: cuando es deseado es una actividad lícita, mientras que al forzado lo llamos estupro o violación.
Que un nasciturus sea nuestra descendencia lo haría persona si el ingrediente genético fuera suficiente a la hora de conferir dignidad. Pero es que ésa es una intuición muy problemática. Como prueba de ello está que la inmensa mayoría de las personas vive de forma muy diferente un aborto espontáneo en las primeras semanas (un suceso con una frecuencia altísima) que la pérdida de un hijo ya nacido o incluso de un feto cuyo nacimiento se desea.
irichc | Mar 16, 2009 | Reply
La noción de persona no está subdeterminada por los hechos más que en su acepción vulgar, por la que nos representamos al tipo medio de individuo sin precisar ninguna de sus cualidades. Ser humano y persona son términos que no deben desvincularse, so pena de incurrir en un dualismo obsoleto.
En filosofía decimos que si dos cosas no pueden pensarse por separado forman parte de la misma substancia. Pues bien, no hay humanos impersonales (pues todo hombre es enteramente distinto de los demás) ni personas inhumanas (dentro del género Homo). Por tanto, la humanidad y la personalidad son realidades substantivas idénticas, a las que puede agregarse adjetivamente lo que se desee: mayor o menor percepción, más o menos vitalidad, etc.
Tampoco es correcto afirmar que la persona es la mejor parte del hombre, como antiguamente se sostenía del ojo respecto al cuerpo. Avicena mostró con su “hombre volante” que la primera intuición de la vida es el contacto con uno mismo, al que llamamos subjetividad. Cualquier consciencia ulterior no será a la postre más que una amplificación orgánicamente mediada, un eco de la inmanencia de esta reflexión preconsciente.
Por último, la humanidad no existe en abstracto, se concreta en personas. La personalidad no es otra cosa que la condición de irrepetible de un hombre, visto como una unidad dinámica.
En el plano jurídico, el derecho a la vida puede esgrimirse cuando se da una utilidad potencial de un individuo para el conjunto de la sociedad. Por este motivo no nos preocupamos de las bestias, cuya utilidad es insuficiente para despreciarlas como alimento, pero sí de algunos criminales en vistas a su reinserción, aunque sean más dañinos que las propias fieras.
José Luis Ferreira | Mar 16, 2009 | Reply
Nuestro anfitrión no nos ha pedido nuestra opinión (todavía) sobre la cuestión. Dejémosle que organice las cosas. Ahora se trataba de plantear la discusión. Lo importante es que, por más que irichc lo intente, no hay manera de dar con una definición clara y operativa. La suya de la acción externa no es ni lo uno ni lo otro. El feto necesita de la acción externa de la madre, también el recién nacido necesita de acciones externas. Definir con precisión cuáles son las que valen y las que no para una buena definición será un galimatías imposible.
Pero incluso si lo fuera. Si podemos definirla y estamos de acuerdo que incluye al óvulo fecundado a partir de algún momento (¿la fecundación? ¿la implantación? …) todavía estamos lejos de plantear el problema. Sigue siendo cierto que nadie, ni los más antiabortistas consideran que hay que hacer el mismo esfuerzo por salvar los embriones no implantados que a las personas víctimas de una catástrofe natural. Podrán llamarlos seres humanos, vida con alma o lo que quieran, pero no les dan el mismo valor.
El valor que concedemos a la vida humana es gradual, no es un cero-uno. Espermatozoides y óvulos separados, cero. Personas hechas y derechas, uno. Entre uno y otro la cosa va creciendo. No hay un momento mágico en el que pase de no tener a tener consciencia (claro que si tienes el prejuicio del alma insuflada, vamos mal). Todo es gradual.
Una cosa será defender una política sobre el aborto y otra muy distinta que se financie de una u otra manera. Aparcaría esta parte del debate. Creo que lo que interesa para la cuestión es lo primero. Puede que no queramos que lo pague el estado.
irichc | Mar 16, 2009 | Reply
José Luis:
El embrión, el feto y todo ser viviente requieren de acciones externas para sobrevivir. No para vivir, cosa ésta muy distinta.
Es verdad, por lo demás, que no valoramos igual a todos los hombres. Solemos conceder una mayor protección a los niños que a los adultos; y, entre estos últimos, es habitual en situaciones de emergencia considerar más dignas de amparo a las mujeres que a los varones. Hago notar que en todos estos casos obedecemos a expectativas y no a mediciones de parámetros fisiológicos. Ahora bien, lo que se espera de un prenacido en cualquiera de sus grados es que se desarrolle. Así pues, impedirlo porque todavía no lo ha hecho carece de fundamento moral.
José Luis Ferreira | Mar 17, 2009 | Reply
Y para vivir, irichc, para vivir también requieren de acciones externas. Lo que se espera de un embrión es que se implante con una probabilidad y que no se implante con otra probabilidad. Claro que, a pesar de todo eso, todos entendemos que hay un sentido en hablar de potencialidades y cosas así. Lo que digo es que todo es gradual. No hay tal cosa como una persona en algo que es una potencialidad. No hay crimen ni inmoralidad alguna si una potencialidad no se lleva a cabo. Lo digo en general. Por supuesto que habrá potencialidades que entendamos todos (o casi) como más dignas de cuidar y otras menos. Lo que digo es que no es el hecho de que haya la potencialidad lo que determine la inmoralidad. Será otra cosa (tal vez, además de la potencialidad), y en términos de esa otra cosa será que podamos hablar.
En el caso particular del embrión, no habiendo una consciencia, no hay nadie a quien perjudicar. Esto ocurre hasta mucho después de la fecundación, de hecho hasta bastante después del nacimiento. En algún momento nuestros instintos, sensibilidad o cultura nos impiden cortar el camino de la potencialidad. Tú quisieras que no fuera en ningún momento, pero esto tendrás que negociarlo en sociedad. No existe ninguna razón objetiva que nos obligue a una cosa u otra. No existe un derecho natural y, si existiera, no habría por qué hacerle caso (constantemente hacemos cosas perfectamente morales que son antinaturales).
Y no adelantas nada tachando de inmorales a quienes piensan lo contrario. Yo, por ejemplo creo que es más inmoral tachar de delictivas a las mujeres que abortan o a los médicos que las ayudan. Y mi moral me parece muy superior a la tuya. Pero mirando a ver quién la tiene más grande (la moral) no llegamos a ninguna parte. Lo que nos queda es ponernos de acuerdo entre todos en algo.
Además, sigues sin contestar. Crees que hay que proteger a los nonatos, pero no haces nada por los embriones no implantados (no me cabe duda que sí harías algo por la víctima de un terremoto). No te creo, por tanto cuando apelas a los sentimientos para que tengamos los que tú no muestras.
irichc | Mar 17, 2009 | Reply
“No hay tal cosa como una persona en algo que es una potencialidad.”
Tal vez hayas tomado a la persona por la personalidad. La personalidad es una noción potencial que se desarrolla en el tiempo, pero está compuesta por un “continuum” de momentos en los que una persona en acto opera. Si la persona fuera una potencia en algún momento de ese intervalo, la personalidad no sería nada y, por tanto, nunca llegaríamos a ver a un verdadero hombre. Colocas el carro antes que los bueyes al pretender que es la personalidad (la suma de experiencias) la que constituye a la persona (el agente) y no a la inversa.
“En el caso particular del embrión, no habiendo una consciencia, no hay nadie a quien perjudicar.”
Quitas la vida a un ser que ya existe y dices que no lo estás perjudicando. En realidad, le causas un perjuicio mayor que si anduviera en la última etapa de su vida, según la definición jurídica de perjuicio. Pero aunque no fuera así y resultase totalmente inocuo, hay actos que son injustos per se, como mentir, y que no deben contar con una sanción legal favorable ni ser excusados en ningún supuesto, tanto por su intrínseca inmoralidad como por el gravísimo precedente que supondrían.
“En algún momento nuestros instintos, sensibilidad o cultura nos impiden cortar el camino de la potencialidad”.
Por lo visto basas la ley en el instinto, la sensibilidad o la cultura. No te recordaré qué precursores políticos tiene esta concepción del Derecho en nuestra historia reciente. Por lo que a mí respecta, prefiero fundar la ley en la razón.
“Tú quisieras que no fuera en ningún momento, pero esto tendrás que negociarlo en sociedad.”
No, yo ya he establecido un momento y no tengo intención de negociarlo. Para ti también es innegociable el que una postura como la mía triunfe, si no me equivoco.
“No existe ninguna razón objetiva que nos obligue a una cosa u otra. No existe un derecho natural y, si existiera, no habría por qué hacerle caso (constantemente hacemos cosas perfectamente morales que son antinaturales).”
Te reafirmas en tu irracionalismo. No obstante, sigues discutiendo conmigo y tratando de convencerme, como si en realidad creyeses en esa razón común que impugnas. Quien lucha contra la verdad se cansa en vano. Los mismos ilustrados que recurrían a narrar prácticas salvajes de pueblos exóticos para negar el derecho natural, acabaron apelando en algún caso al sentido común (una imaginaria inercia humana al bien) a fin de negar que hubiera una razón inteligible y un fin propio para cada acto, y en particular para las conductas en sociedad. ¿Hay algo más contradictorio y oscurantista?
Aclaro que el derecho natural del hombre es obrar por la supervivencia conforme a la razón. No tiene nada que ver con andar a cuatro patas, proyecto éste más bien de cuño rousseauniano, según ironizó Voltaire.
“Yo, por ejemplo creo que es más inmoral tachar de delictivas a las mujeres que abortan o a los médicos que las ayudan. Y mi moral me parece muy superior a la tuya.”
Esto es, te parece más conforme al instinto y a la sensibilidad eliminar a un hijo en el vientre de su madre que permitirle vivir. Puede que eso sea así para tu instinto y el de muchos, pero ten por seguro que se trata de un instinto corrompido.
Pascual González | Mar 17, 2009 | Reply
Irichc, el problema sigue siendo el mismo que ayer (aprovecho para seguir aquí, mejor que en Facebook). El problema está en cómo juegas con las nociones de potencia, acto e identidad. Conste que me parece estupendo que le des un valor sagrado a los embriones y atribuyas dignidad de persona. Eso pertenece, obviamente a tus convicciones, y son absolutamente respetables. Además, eso debería bastar para que los embriones herederos tuyos y de tu mujer (vamos a suponer que ambos compartís la misma percpeción moral, por no complicarlo) sean acreedores de una protección especial.
El problema se plantea si quieres extender esa dignidad sobre todos los embriones. En ese momento, si interpreto correctamente a José Luis, es cuando tendrás que negociar o, si prefieres, deliberar con el resto de la sociedad. Porque no existe una intuición compartida respecto a que los embriones posean (todavía)las características que nos hacen personas, además de humanos en sentido biológico. Ojo: no estoy diciendo que el ser persona dependa simplemente de una intuición compartida en suficiente medida por una comunidad. La razón está para hacer crítica de las intuiciones, confrontándolas con otras y tratnado de reducirlas al absurdo. Ésa debería ser, creo, una de las funciones de la filosofía.
De manera que lo que debes hacer, puesto, que no existe una intuición suficientemente compartida respecto al estatuto moral de los embriones es tratar de argumentar que quienes no encontramos nada que les confiera por sí mismos una dignidad suficiente, nos veremos arrastrados a aceptar algo inaceptable por nosotros mismos.
Entiendo que tratas de argumentarlo con los conceptos de acto, potencia e identidad, pero sinceramente, creo que ésa es una vía muerta. Trataré de organizar el debate, si te parece bien:
(1) O un embrión posee en acto la característica (l las características) que le convierte en persona o no la posee.
(2) Si las posee en acto entonces debemos indicar de qué característica se trata, para poder seguir discutiendo. En alguos momentos pareces decir que las posee en acto, aunque no me queda claro (atribúyelo a mi torpeza) de qué característica se trata.
(3) Si las posee en potencia, entonces tenemos dos cosas:
(3a) Es aceptable dejar que cada madre elija en un plazo de tiempo conservador si continuar con el embarazo (que cuyo caso el embrión o el feto deberían ser seriamente protegidos).
(3b) Afirmamos que poseer dignidad de persona en potencia es equivalente a ser persona en acto. Creo que esto es un error lógico. Y creo también que a lo largo de nuestra discusión has aceptado esta opción, en combinación con (2).
Eso es lo que no entiendo de tu postura: a veces pareces afirmar (2) y otras veces (3b). Así que para ocntinuar te ruego que indicaras cuál de las dos defiendes, o si se trata de otra diferente. También sería conveniente hacerlo en un lenguaje que implicara los menos “aprioris” y ambigüedades posible.
José Luis Ferreira | Mar 17, 2009 | Reply
Repito e insisto: No hay persona ni personalidad en un embrión.
No hay nadie en un embrión (persona), sí hay algo (lo que llamas ser).
No quito nada a nadie, por tanto. A algo sí, pero eso me importa menos. Como a ti, que no haces nada por los que no se implantan.
La razón (la lógica) no puede deducir normas de hechos. Las normas se deciden de común acuerdo y esto es más fácil cuantos menos prejuicios tengamos.
Hay cosas que podríamos concluir que son malas “per se” y que aceptamos porque la alternativa es peor. Cuando hay conflictos hay que tomar decisiones y, en ese caso, los “per se” no nos sirven. Hay que hablar de grados. Los prejuicios (juicios previos del derecho natural, la religión,…) nunca no son “la razón”, son los prejuicios.
El que no exista un derecho natural (creo que en derecho estáis en minoría) no quiere decir que no nos podamos poner de acuerdo en muchas cosas. El que seamos bastante parecidos biológicamente y que compartamos valores puede ayudar. Pero éstos no constituyen un derecho natural.
Ir contra la naturaleza no es nada irracional. Lo hacemos cuando limitamos la natalidad o cuando luchamos contra enfermedades.
Los instintos, si son corrompidos, lo serán con respecto a algún sistema de valores. Respecto a tu sistema, los míos están corrompidos, respecto a los míos lo están los tuyos. Redundancia pura.
irichc | Mar 18, 2009 | Reply
Pascual,
Mi crítica se puede resumir en una sola proposición, y es que lo personal no puede ser un adjetivo de lo humano, siendo ambos necesariamente elementos sustantivos. Está en vuestra mano colorear el término “persona” como mejor os convenga, agregándole todos aquellos requisitos que estiméis pertinentes. Pero la gran diferencia entre desempeñar *la* personalidad y hacer lo propio con *una* personalidad es que lo primero va ínsito a la condición de humano, mientras que lo segundo está sujeto a la contingencia. Así, que el bachiller se licencie es algo que ocurrirá o no; y, si ocurre, será en un momento muy preciso, y nadie le concederá los honores antes. Sin embargo, que sea libre para licenciarse va a depender exclusivamente de que exista, lo cual a su vez sólo está subordinado a que tenga vida e individuación. Ser persona no es más que ser libre para ser cualquier cosa dentro de lo humano. Así se ha definido al hombre desde Pico della Mirandola, e incluso en el propio Evangelio (Mt. 8:20) y en el famoso dicho de Plauto. Quienes reclaman el nombre de humanistas seculares deberían saber lo que se traen entre manos y hasta qué punto han traicionado la causa de la humanidad.