Movimiento antitaurino: ¿defensa de los animales o pánico moral?

No soy ningún aficionado a los toros. Incluso encuentro razonable parte del rechazo que suscitan. Entiendo a quien le parezca un espectáculo cruel y brutal. También a quienes se movilizan para la supresión de “la fiesta”. No sólo eso, sino que a veces he discutido con los defensores de la lidia por entender que usaban argumentos débiles. Algunos de los argumentos pro taurinos escuchados alguna vez que me parecen poco sólidos son los siguientes:

  • Es una tradición, y por tanto debe respetarse. No todas las tradiciones son aceptables, o al menos el que algo sea tradición no lo convierte en deseable. Aunque no es comparable con la lidia, en el norte de la India la tradición era quemar a las viudas en la pira funeraria de sus maridos. En buena parte de África subsahariana a las preadolescentes les rebanan el clítoris, y en buena parte del mundo árabe todavía se conciertan las bodas. ¿De verdad hay que justificar esas prácticas por ser tradicionales?
  • El toro ha nacido para la lidia. El toro, en realidad, no ha nacido con ningún propósito. Los seres vivos no nacen con propósitos. Pensar lo contrario no es más que un residuo teleológico. En todo caso, los toros de lidia son una raza seleccionada artificialmente con vistas al toreo. Pero ahí ya tenemos ninguna intención de la naturaleza, sino de los hombres.
  • Sin el toro de lidia se perdería la raza. Bien, es muy probable, pero ¿es tan importante? Después de todo, hablamos de una raza artificialmente seleccionada. No es el producto de una adaptación ecológica. Otra cosa, lo admito, es el valor ecológico de las dehesas, muchas delas cuales sí es probable que desaparecieran si no gfueran rentabilizadas por la lidia.
  • Muchos artistas, como Goya, Picasso o García Lorca se han inspirado en los toros. Creo que es el peor argumento de todos. Después de todo, los artistas también se han inspirado en la guerra, o en el poder destructivo de la naturaleza, o en la pobreza. Pero el arte no redime lo que está mal. Todo lo más lo aprovecha de forma oportunista. El Gernika no justifica un bombardeo aéreo, ni Goya justifica la invasión y la represión napoleónicas.

¿Significa eso que en mi opinión los antitaurinos tienen razón? En realidad no lo creo. O al menos creo que su posición se vuelve problemática cuando pasan de manifestar su rechazo a la lidia a movilizarse por la ilegalización de ésta.

La objeción principal que les hago no tiene que ver con la brutalidad de los toros, sino con lo selectivo de sus ataques a la lidia. Después de todo, no se puede decir que los toros reciban un trato peor, ni mucho menos, que el ganado industrial. Un toro de lidia vive seis años en una dehesa, se alimenta de hierba, campea libremente y, al final, es sacrificado cruelmente en una plaza en un trance que no suele durar más de media hora. Ese rato es cruel, claro, pero lo relevante es que no parece de ninguna manera más cruel que el recibido por cualquier otro animal explotado industrialmente, que vive hacinado, conectado a una máquina, cebado con piensos y transportado en condiciones deplorables para ser sacrificado en un matadero. Por no hablar de algunas modalidades de explotación animal como el caso del paté de ave, obtenido a base de cebar a los patos u ocas hasta que les reviente el hígado.

De manera que la primera pregunta que deben hacerse los antitaurinos es:

¿Se les inflige a los toros de lidia un sufrimiento mayor que a la mayoría del ganado industrial?

Si la respuesta es sí, entonces mi argumento acabaría en este momento. Pero creo que la mayoría nos aceptamos una respuesta negativa: cualquier mamífero sufre más en una granja industrial que en una plaza de toros tras seis años de vida pastando entre encinas y alcornoques. Y ello a pesar de la agonía final.

A partir de aquí, los antitaurinos defensores de la dignidad animal tienen dos opciones:

(1) Protestar contra la ganadería industrial y también contra la lidia

(2) Protestar contra la lidia y no insistir mucho en la ganadería industrial (a pesar de que se reconozca su crueldad con los animales: lo que cuenta es que no hay manifestaciones ante los mataderos o las carnicerías, pero sí ante las plazas de toros).

Lo interesante del movimiento contra la lidia, en mi opinión, es que la mayoría de sus miembros opta por la opción (2). Y el problema aquí es que tal opción resulta incoherente. Quiero decir que es razonable estar en contra de la lidia por ser cruel con los toros, pero en cambio, resulta más problemático la insistencia casi exclusiva en una forma de maltrato animal que en comparación con otras no es la más grave. Aquí creo yo que se encuentra el punto débil de movimiento antitaurino realmente existente.

A menudo he expuesto esta objeción a amigos o conocidos contrarios al toreo, y casi todos han acabado reconociendo que el problema no es tanto el trato dispensado al animal, sino que esa crueldad tenga por finalidad el espectáculo, y no la cadena alimenticia. Pero esa respuesta deja ver una perspectiva muy interesante: si el problema no es tanto la crueldad como el espectáculo y quienes disfrutan de él, entonces es que no estamos realmente ante una acción de defensa de los toros sino, más bien, en un enfrentamiento con quienes disfrutan de la lidia. Por tanto, el movimiento antitaurino tendría más de fractura social que de convicciones éticas. Al menos ésa es la sospecha que realmente albergo respecto a dicho movimiento. Dicho de otro modo: no estamos ante un caso de defensa genuina de los animales, sino más bien de pánico moral ante una comunidad que disfruta abiertamente con la lidia:

un pánico moral es una reacción de un grupo de personas basada en la percepción falsa o exagerada de algún comportamiento cultural o de grupo, frecuentemente de un grupo minoritario o de una subcultura, como peligrosamente desviado y que representa una amenaza para la sociedad. El término fue acuñado por el sociólogo Stanley Cohen en su libro Folk Devils and Moral Panics en 1972, donde lo define como un episodio, condición, persona o grupo de personas que han sido definidos como una amenaza para los valores e intereses de la sociedad. 

Wikipedia.

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  1. AEFUCR | Mar 30, 2009 | Reply

    Call for papers:

    Tolle Lege - Revista Internacional de Estudiantes de Filosofía

  2. Juanma | Mar 30, 2009 | Reply

    Hola

    Sí, este es un tema que no está exento de cierta controversia; sin embargo creo que hay que matizar, aún más, algunos aspectos.

    En primer lugar creo que, como mencionas, hay que considerar la importante dimensión moral del problema. En cuanto a los argumentos destacar también las muy diferentes finalidades en uno y otro caso. Matar para cubrir una necesidad (alimentarse) tiene una mejor justificación, efectivamente, que hacerlo por el mero placer de recrearse con el espectáculo. He conocido, por otro lado, vegetarianos que tampoco estarían de acuerdo con este argumento porque consideran que causar la muerte, por el fin que sea, nos vuelve más violentos.

    Desde mi punto de vista, el problema no es el riesgo por banalizar la muerte o tornarnos más insensibles a ella; porque realmente y de manera natural, la muerte es algo cotidiano que al final nos llega a todos los seres vivos. El riesgo de todo esto es a insensibilizarse con el sufrimiento ajeno; a la ausencia de empatía que ha de poseerse para disfrutar con ello hasta el punto que traten de buscarse argumentos (como bien dices sin demasiada consistencia) para justificarlo.
    Personalmente, no disfruto con el sufrimiento de los animales en las granjas o en durante su transporte y soy defensor de que se palíe en la medida de lo posible (como por otro lado está establecido por ley).

    No creo que el sufrimiento (real y no ficticio) deba ser una fuente de entretenimiento, ni siquiera aunque sólo sea una parte de él. Lo creo así porque el sufrimiento ficticio (cine, teatro, …) tiene una finalidad concienciadora mientras que el otro solamente persigue el disfrute.

    Un saludo.

  3. José Luis Ferreira | Mar 30, 2009 | Reply

    No hay por qué decir que se está realmente por una cosa u otra. Pueden darse ambas. Puedo pensar que hacer sufrir o matar a un animal es, en principio, malo, pero que se compensa por las ventajas que ofrece (proteínas en abundancia). En el caso del toreo sí hay cierto pánico moral. Como dijo alguien:

    “Herido está de muerte
    el pueblo que con sangre se divierte”.

    Dado el mundo en que vivimos, sin embargo, no creo que haya que prohibir la lidia. Si es cierto que su repulsión aumenta con el nivel de civilización, acabará por sí sola. También puede acabar antes si una mayoría así lo decide. A mí no me gusta la fiesta nacional, pero no votaría en su contra si todavía hay suficiente gente (incivilizada, a mi parecer) que disfruta con ella. Si una mayoría de nosotros fuéramos vegetarianos y lo fuéramos por razones morales (por la salud de los animales, no por la nuestra), tampoco creo que deberíamos obligar a los demás a serlo.

    Esto no es renunciar a mis principios, es vivir en sociedad. Aprendan los curas y antiabortistas (y antitaurinos extremistas).

  4. Juanma | Mar 30, 2009 | Reply

    Hola de nuevo Jose Luis.

    Seguramente lo mayoritario será el caso de las personas que verdaderamente no les guste ver sufrir al animal sino sólamente ver al torero hacer su arte. Por esto no creo que sea buena idea argumentar de manera que parezca que el hecho de que te gusten los toros sea causa suficiente para considerarte una “mala” persona. Sin duda porque, tambien en nuestra sociedad, hay riesgos “morales” mayores que efectivamente ir a los toros. No obstante sigo opinando que mientras el sufrimiento del animal siga siendo parte del espectáculo, son sin duda una fuente de cierta “relajación” moral; sobre todo cuando en vez de reconocerse esa parte “icorrecta” de la fiesta tratan de ponérsele argumentos para justificarla.

    Estos argumentos a favor son pocos y débiles como dice el post. Podría haber algunos buenos desde un punto de vista “correctivo” eliminando el sufrimiento del animal del toreo, o “neutral” en el sentido de: “Sería un drama económico para el país” o “incentivaría una profunda división y/o reacción social” por los cuales es posible dar de sí en los distintos posicionamientos. Pero desde el punto de vista puramente “moral” creo que cualquier sufrimiento evitable en el mundo está de más.

    Realmente no creo que sea un problema de prohibición y no creo tampoco que hayan de prohibirse los toros. Como he dicho hay fuentes de peligro moral más importantes y masificadas hoy en día que el toreo. Creo más bién que es un problema de educación y de concienciación, que es la verdadera manera de resolver este tipo de cuestiones. Creo además que el toreo es atacado principalmente como efecto de ser consecuente con la idea de considerar que los animales también deben ser respetados. De la misma manera que se ataca, por ejemplo, la forma de cazar las focas en Groenlandia o los tiburones en Japón. Cuesta trabajo percibir el “abuso” cuando uno está habituado a verlo, pero si consideramos lo uno, cosecuentemente debemos también considerar lo otro.

    Un saludo.

  5. Hector1564 | Mar 30, 2009 | Reply

    Vaya has verbalizado perfectamente la disyuntiva que yo sólo daba en intuir.

    A sí me produce pánico moral pero, efectivamente, es imposible trasladar dicho pánico a los fiesteros y para buscar una argumentación normativa que justifique el acabar con la fiesta, inevitablemente dicha argumentación afectará a otras actividades en las que tratemos con animales.

    De todas formas, tal y como se define dicho pánico moral, pareciera que quienes lo sufrimos fuérmaos puritanos cuando lo que se trata es que no comprendemos tal primitivismo.

    Algo parecido me pasa con los jackass, uno siente casi la misma necesidad de intervención sobre ellos que la que sentimos ante los enfermos mentales…

  6. Pablo | Mar 30, 2009 | Reply

    LLevamos 2000 años sobre la tierra. Creo que sería hora de aprender a entretenernos sin torturar animales.

    Sin la lidia el toro bravo desaparecería: Falso, y ha sido revatido en centenares de ocasiones por los activistas. Solo con el dinero que el estado deedica cada año a subvencionar a ganaderos, empresarios del toro y otros terceros implicados, se podría crear un plan de salvación que supera en más del doble el dinero destinado a la conservación del lince ibérico.

    Claro que los antitaurinos rechazan también el ámbito social que rodea al toreo. Un mundo machista y conservador que no es ejemplo de nada.

    Y decir que en el matadero se sufre más que en el ruedo, es una escusa no muy acertada, que pretende jutisficar lo malo, porque existe algo peor.

    PD: Os dejo una recomendación. Un documental producido por Joaquin Phoenix y grabado prácticamente con cámara oculta con unas imágenes que denuncian la tortura que sufren los animales en los mataderos, granjas, perreras y también en las fiestas populares y las corridas en España. Una advertencia: Hay que tener estómago para verlo y aún así, nunca despeges el dedo del ratón, porque constantemente necesitarás avanzar la cinta.

    El documental se titula Earthlings:

    -Enlace documental online doblado al castellano: http://video.google.com/videoplay?docid=7576567901991519153

    -Enlace documental online en VOS: http://video.google.com/videoplay?docid=-8655541224775286050

    Un saludo

  7. Pascual González | Mar 30, 2009 | Reply

    Celebro la conicidencia más o menos matizada. Tal vez porque estoy acostumbrado a discursos extremistas, como apunta José Luis, en este tema.

    Juanma: “No creo que el sufrimiento (real y no ficticio) deba ser una fuente de entretenimiento, ni siquiera aunque sólo sea una parte de él. Lo creo así porque el sufrimiento ficticio (cine, teatro, …) tiene una finalidad concienciadora mientras que el otro solamente persigue el disfrute.”

    No acabo de ver que el sufrimiento ficticio deba tener una función moral más o menos catártica o de toma de conciencia. Ahí tenemos el cine de Tarantino, donde la violencia no se redime, ni provoca la catarsis. Simplemente resulta vibrante y hermosa, aunque los espectadores sabemos que eso “no es más que cine”. Por no hablar de “La matanza de Texas” y otras lindezas.

    Saludos

  8. Juanma | Mar 30, 2009 | Reply

    Hola Pascual

    En primer lugar felicitarte por tu blog. Creo que los temas que tratas son muy atractivos y dan pie a debates igualmente interesantes.

    Sí, tienes razón. La violencia en el cine o el teatro hay ocasiones en las que parece que no se redime. Pero incluso en esas ocasiones creo que lo hace. Lo hace porque es capaz de retratar de manera verosimil (pero sin consecuencias reales) los más tremendos horrores que es capaz de cometer el ser humano. Uno puede convencerse, por ejemplo, del tremendo error del nacismo, del sectarismo de la matanza de Texas, de la violencia extrema de Tarantino y emocionarse como si ello hubiera sucedido de verdad con la tremenda ventaja de que no lo ha hecho. Podemos vislumbrar todo ese dolor y sufrimiento y convencernos de que no es en modo alguno necesario ni justificable y todo ello sin necesidad de que nadie tenga que padecerlo realmente.

    Toda ficción, incluso la literaria, tiene ese poder ilustrativo; mucho más el cine que hoy en día es capaz de ser incluso más explicito que la propia realidad. A eso es a lo que hacía referencia.

    Un saludo.

  9. snipfer | Mar 30, 2009 | Reply

    Yo soy bastante taurino, y la verdad es que me gusta no por tradición, sino porque es un espectáculo sencillamente bonito. Y la componente del torero enfrentándose al riesgo también tiene su punto interesante.

  10. RDC | Mar 30, 2009 | Reply

    ¿No será más una protesta contra la cultura nacional? Al menos en catalunya los antitaurinos son, simplemente, antiespañoles.

    Por otro lado, es cierto que cuanto más civilizados somos menos crueles nos mostramos, es decir, menos gozamos con el dolor ajeno. Pero, ¿Qué significa eso? ¿Acaso significa que seamos mejores? Quizás indique que seamos más débiles y disfrutemos menos de la vida.

    De todas formas, a mi los toros me aburrenen un poco ¡Está todo tan preparado! Tampoco es algo tan salvaje. La lucha de gladiadores sí que debía ser algo a tomar realmente en cuenta.
    Los Romanos sabían vivir… a costa de los otros. Y entraron en decadencia cuando prohibieron estas “salvajadas inhumanas” en nombre del humanismo que predicaba el cristianismo con jesús en la cruz.

  11. Pablo Maza | Mar 31, 2009 | Reply

    por qué mi comentario ha sido eliminado?

  12. Pascual González | Mar 31, 2009 | Reply

    Pablo, no hay ningún comentario tuyo anterior a éste. A veces askimet lo deja a la espera de moderación sis sospecha que se trata de spam, pero esta vez ni siquiera aprece en la cola de moderación. Ha debido de ser algún error, aunque no sé si de Wordpress o de tu conexión… ni idea. Si conservas copia o si no te es mucha molestia volver a enviarlo nos encantaría leerlo.

  13. Pascual González | Mar 31, 2009 | Reply

    Snipfer, a mí me parece que casi todos los intentos de justificar los toros son débiles, y al mismo tiempo que los argumentos para prohibirlos son más débiles todavía. Dicho de otra manera, el derecho a ir a una plaza de toros no creo que requiera mucha justificación.

    Juanma muchas gracias por tus comentarios. Siempre nos quedará la ruleta rusa (o alguna de sus variantes) como espectáculo genuino. ;)

    RDC sospecho que hay algo de lo que apuntas. O sea, que ser aficionado a los toros es percibido frecuentemente como un “marcador ideológico” que indica una determinada adscripción política, cultural etc.

  14. Juanma | Mar 31, 2009 | Reply

    Hola Pascual.

    No quisiera parecer muy pesado con tanto comentario, así que solo haré esta última matización. Si, admito mi error quizás al considerar que no toda la violencia que se puede ver en el cine tiene una finalidad “concienciadora”.
    Sin embargo me ratifico en rechazar la “violencia real” como espectáculo. Al respecto tengo que decir que, por ejemplo, las peleas de perros o gallos son ilegales en España y si uno se plantea entonces por qué las ve mal la gente o qué las hace diferentes al toreo, se puede plantear cosas como será porque están menos extendidas o no podrán ser consideradas una forma de “arte”; pero en lo que se refiere al padecimiento del animal es practicamente el mismo.

    Debe haber un cierto criterio y sentido común en todo esto y repito que no creo que haya que prohibir los toros pero sí me manifiesto crítico con la actitud de maltrato hacia el animal (independientemente de que efectivamente no haya riesgo de que un aficionado a los toros se convierta en una mala persona). Sin embargo te plantearé un ejemplo representativo de cuál es mi actitud al respecto. Si no me equivoco eres profesor y seguramente te enfrentarás diariamente a problemas y conflictos con tus alumnos. La cuestión es: si un día pillases a uno de tus alumnos pegando un cachete a otro ¿no le tratarías de convencer de lo incorrecto de su actitud a pesar de que considerases que hay otros que hacen cosas peores (como vender drogas por ejemplo)?

    Efectivamente el toreo no es un riesgo de “primera límea” pero tiene, desde mi punto de vista, ciertas actitudes incorrectas que son sobre las que manifiesto mi opinión. Otra cosa sería que la experiencia demostrase que maltratar animales es algo positivo. Quizá nos sensibilizaríamos más si en vez de afrontar su muerte embistiendo y en silencio el toro gritase y se lamentase como lo hacen otros animales y en esa coyuntura nos viésemos asestándo el golpe de gracia para deleite del público asistente. Resulta exagerado, lo sé pero quizá esa colleja que has visto a tu alumno dar a otro resulta que no es tan sencillo como eso sino que es un chaval al que están acosando y esa es una de las muchas formas en que las lo hacen. Quizá si eres capaz de convencer del absurdo de sólamente esa manifestación de la violencia, seas capaz de convencerles de lo absurdo de todas ellas.

    De nuevo un saludo.

  15. Beatriz | Mar 31, 2009 | Reply

    Habría que releer a los del `98… digo yo. Pascual, mira que aprendo cosas contigo ¿eh?.
    Saludo¡

  16. Santiago Navajas | Mar 31, 2009 | Reply

    Estimado Pascual,

    ¿cómo que el peor argumento? De hecho, la comparación que estableces entre el Guernica (¡?) y las tauromaquias de Goya ya debería hacerte ver que el argumento es más fuerte de lo que crees.

    El núcleo del argumento reside en las categorías estéticas del arte de la tauromaquia. Estas categorías estéticas intrínsecas son puestas de manifiesto, además, en artes más “respetables”, de la pintura a la la poesía pasando por el cine. Acabo de hacer una referencia a la mejor película española del último año, surgida precisamente al calor de una faena de José Tomás.

    “El brau blau”, que así se llama, es una obra conceptualmente increíble en la que se establece un paralelismo entre Bresson, Duchamp y Juan Belmonte.

    Por supuesto, hay personas que opinan que Bresson y Duchamp son un rollo y una estafa, respectivamente. Pero no pretenden cerrar los Centros de Arte Contemporáneo (por el momento)

    Por otro lado, se habla mucho por parte de las personas que no son aficionadas al toreo (o al arte contemporáneo, ya que estamos) de “sensibilidad”. Emotivistas éticos y estéticos me temo.

    Los antitaurinos emplean los mismos trucos conceptuales de los antiabortistas. Pretenden que su visión acerca del asunto, a mi modo de ver tan estrecha y “pequeña burguesa” por utilizar aquella nomenclatura tan querida como las de la Conferencia Episcopal en el otro asunto, se convierta en universal.

    Creo que das con el quid de la cuestión cuando planteas una especie de “velo de la ignorancia” respecto a una reencarnación animal. Creo que en ese caso preferiríamos lógicamente que no hubiera ni corridas… ni carnívoros. Lo de la “necesidad”, por supuesto, sí que es un triste argumento porque los veganos y vegetarianos demuestran que se puede vivir sin matar animales. Que la comida con animales es fundamentalmente una cuestión también de placer. Y, por tanto, no hay diferencia entre el placer de comerse un lomo de buey y el que proporciona una faena de Morante.

    Pero, si de todas formas, llegasemos a la conclusión de que matar es inevitable, por lo menos en mi caso preferiría tener la vida y muerte de una res de lidia a la vida y muerte de una res de corral. Seguramente otros preferirán ser animales de corral. Pero para preferencias, los colores.

    Un saludo tomista

  17. Eloisa del Riego | Apr 1, 2009 | Reply

    Queridísimo Pascual,
    Es un tema -cómo no- muy interesante. Mi madre era muy aficionada a los toros y nunca consiguió que me interesaran lo suficiente. Yo no dejo que mis hijos los vean ni en la televisión, y sin embargo no estoy en contra de la Fiesta.
    Primero, porque matamos animales todos los días y de muy diversas formas y con más excusas de las necesarias (comer, vestir, investigar medicinas, investigar cosméticos)
    Segundo, porque he tenido la posibilidad de visitar una ganadería y, francamente, en mi próxima vida yo quiero ser toro.
    Tercero, porque la lidia es realmente bonita, muy estética, y además, el toro tiene dos posibilidades que otro animal no disfruta: matar al torero y/o ser indultado.
    Cuarto, del toro se aprovecha todo, no es una muerte para exhibir como en otros casos (léase caza mayor), comemos y vestimos toro.
    Quinto, la generación de adrenalina de la lidia “anestesia” al toro al igual que al torero (los animales de granja o laboratorio no tienen esa posibilidad) y, al igual que el torero corneado no nota el dolor (por la adrenalina) el toro herido (aunque sea terrible verle sangrar profusamente) no nota el dolor (por eso no huye, sino que ataca).

    Aún así, a mi la sangre por la sangre no me va, pero nunca podría votar en contra de la celebración de la lidia. ¡Incongruente que es una!

  18. Pascual González | Apr 1, 2009 | Reply

    Juanma Personalmente los toros me parecen una nimiedad moral. No me gusta, desde luego, ver sufrir a ningún animal (seguramente, una concesión al ethos “pequeñoburgués” del que hablaba Santiago y que no puedo evitar) pero mientras dar un cachete a un compañero -si comporta abuso me parece inaceptable, y exige un rechazo institucional (lo que obligaría a los centros a intervenir), los toros no me parece que merezcan ni eso. Por ejemplo, nunca he tratado de convencer a un alumno sobre si los toros están bien o mal. LA cuestión es que si se puede criar a un animal en un cajón industrial no me parece coherente un rechazo institucionalizado de la fiesta (no digo ya su prohibición, sino la oficialización del rechazo). Otra cosa es que surja una discusión sobre los argumentos al uso para justificar los toros o su prohibición: justificar la lidia diciendo que es una tradición o que el toros na nacido para eso, o que es una muerte noble… me parecen
    malos argumentos.

    Y sin embargo, entiendo que aquí surge, y tú lo has apuntado, un punto ciego en mi posición que me resulta enormemente incómodo. Y es que si bien no siento especial rechazo hacia el público taurino (por más que me desagrade la visión de un animal sufriendo), sí que siento un rechazo especial ante las peleas de perros. Lo que, sinceramente, me cuesta justificar es por qué los toros me parecen aceptables mientras que las peleas de perros no sólo me disgustaría verlas (he tenido bastante con las fotografías) sino que siento un rechazo moral hacia ellas y hacia quienes disfrutan de ellas. Siendo sincero, diré que no tengo una respuesta satisfactoria ahora mismo para esta contradicción (cuando uno no entiende bien algo hay que decirlo también). Habría dos posibilidades:

    (1) Podría tratarse de mi propio pánico moral: soy incapaz de un argumento sóllido y no contradictorio contra las peleas de perro, pero rechazo a quienes las fomentan por lo que puedan representar, porque interpreto asistir a algo así como un marcador moral más o menos difuso. El problema es que le pánico moral no es un argumento fuerte para reclamar su prohibición.

    (2) Podría haber algún criterio, más allá de la mera intuición moral, que estableciese que los toros son mucho má saceptables que las peleas de perros. Yo, al menos, espero que exista tal cosa (para reforzar mi intuición) aunque, como digo, no me parece sencillo dar con ello. La dificultad estriba en que debe ser otra cosa diferente que el mero sufrimiento animal: si un perro sufre en una pelea, un toro de lidia lo hace en una corrida. Eso nos lleva a buscar el criterio en la difernecia entre torear reses y pelear perros. Y aquí me temo que tenemos que gravitar hacia un discurso como el que propone Santiago Navajas: algo así como una justificación estética de la lidia (bajo el supuesto, claro, que que matar un toro en una plaza -o provocar la muerte de un perro ne una pelea añadiríamos ahora- no es más cruel que la explotación industrial de los animales).

    Santiago, supongo que en la respuesta a Juanma está implícita la que hago a tu comentario. Si te entiendo bien tú aceptarías algo parecido a la opción (2). Entiendo que es la respuesta más sólida a aporías como la que plantea Juanma (¿por qué los toros nos producen menos rechazo moral que las peleas de perros?) y que coincide, precisamente, con tu planteamiento. Aun así, como ya os digo, no es un tema en el que pueda decir que lo tengo todo pensado, más allá de ver en el movimiento antitaurino realmente exitente (el que pide la ilegalización y criminaliza la lidia) una expresión de pánico moral muy selectivo.

    En todo caso, distinguiría entre justificar la lidia sobre la base de sus propias categorías estéticas (con lo cual la lidia se convierte en “algo mas” que matar a un animal) de hacerlo porque la misma ha servido de inspiración estética para otras artes (la pintura de Goya o de Picasso, por ejemplo). En la e entrada me refería a esto último. En todo caso, una justificación estética de la lidia exigiría un compromiso con alguna forma de bien, de “eticidad” en el sentido de Hegel, algo que no deja de ser complicado en nuestras sociedades. Aunque quizá cuando hablas de pequeñoburgueses te refieras también a esto, a los complejos que a veces mostramos para institucionalizar una determinada ética en vez de buscar la equidistancia institucional respecto a bienes meramente subjetivos.

    Beatriz , la generación del 98 fue antitaurina, pero no sé si esto será una razón para hacerse anti o, más bien, protaurino. En todo caso, Ortega acabó leyéndoles bien la cartilla.

    Querida Elo gracias por decir que el blog es interesante. Conste que lo creé para ligar por internet, pero por el momento aquí sólo entran filósofos y mujeres casadas. Pero bueno. Yo de niño vi muchos toros, porque pasábamos las tardes con mi abuela y le encantaban. Le ocurría lo mismo con la zarzuela, y no consiguió que me gustara ni una cosa ni la otra, aunque reconozco que soy capaz de apreciar los pases de José Tomás o el arrojo suicida de Sebastián Castella. Digo esto porque probablemente la “sensibilidad” de las personas quizá dependa menos de la televisión de lo que pensamos.

    Un saludo a todos.

  19. Beatriz | Apr 2, 2009 | Reply

    ¡Uys¡ No sé yo… Ortega me da miedo.

  20. Santiago Navajas | Apr 3, 2009 | Reply

    Un par de codas.

    Uno de los factores que distorsiona la discusión es la supina ignorancia de los antitaurinos sobre los aspectos esenciales de la tauromaquia. Por ejemplo, los históricos. Se asume acríticamente que se disfruta con la crueldad infringida, de ahí la comparación con las peleas de perros. Pero la historia de la tauromaquia, la evolución de su estricta reglamentación, implica que el dolor causado al animal nunca debe ser gratuito. Cualquier espectador imparcial advierte que un sufrimiento superfluo causado al animal supone inmediatamente la protesta del público y el castigo al matador.

    Tampoco se tiene en cuenta que en un combate toro-humano en el recinto de la plaza las de ganar las lleva el toro. Cualquiera de nosotros perdería en el enfrentamiento. Hace falta mucha inteligencia, maestría y dominio para enfrentarse a la bestia. Los antitaurinos también son ciegos a la dimensión simbólica del espectáculo. Que se lo hagan mirar o lean a Cassirer (no es por casualidad que la mayor parte de los filósofos hayan sido partidarios de las corridas)

    Por último, desde la perspectiva del animal y teniendo en cuenta el criterio del “velo de ignorancia” al que aludía antes: en el matadero, cuánto mejor animal eres más segura será tu muerte. En la plaza, el toro con areté, salvará su vida, será indultado (lo que de nuevo es ignorado por los antitaurinos en su enciclopédica ignorancia, por mucho que Cossío hiciera por remediar)

  21. Urodonal | Apr 4, 2009 | Reply

    Buenas, muy interesante la conversación.Mi modesta opnión es que los toros son una salvajada, sin ningún tipo de matiz. Mostrar otras salvajadas iguales o peores en modo alguno las justifica .

    En España (y en los demás países donde se celebran corridas de toros) no tenemos esa percepción de barbarie porque es algo con lo que hemos crecido, de igual modo que a los hombres de 70 años les parece de lo más normal que su mujer le sirva la comida y la cena ( nada nuevo, la esclavitud fue aceptada de buen grado hasta por las mentes más preclaras y vanguardistas ).

    Tarde o temprano se prohibirán las corridas de toros y nadie se explicará cómo fue posible que mentes brillantes apoyaran y justificaran esa barbarie o , cuando menos, no la condenaran.

    Lo más curioso del tema es que me gustan los toros ,lo que no me impediría , llegado el caso, entender su prohibición.

  22. peter | Apr 4, 2009 | Reply

    Me parece que lo más débil es lo del “pánico moral”. Ocurrencia no más. Esto de las intuiciones tiene estas cosas. Parole.

    Me sorprende la renuncia a sistematizar las razones del no con igual espíritu cartesiano. Y reprobarlas.

    Y, finalmente, los que protesten por una cuestión deberán hacerlo por otra similar salvo grave contradicción. ¿Quién lo dice?

    Subterfugios ante una tradición sangrienta para dar un enfoque original y diferente. Ya se sabe, el “pánico moral” nos explica casi todo.

    Felicidades por el blog, realmente interesante cuando no trata de forzar la realidad en exceso.

  23. Juanma | Apr 5, 2009 | Reply

    Hola Santiago.

    No comparto tu punto de vista en ciertos aspectos de tus anteriores comentarios.

    Lo primero es que no considero que lo que se “silbe” por parte del público sea el sufrimiento gratuito. Más bien es el hecho de que cuando el animal es debilitado en exceso el espectáculo merma.

    Por otra parte, como humano, no consideraría el meterme en una plza con un toro si no tuviese una cierta confianza en salir victorioso. Si en el espectáculo hubiese ese “desequilibrio” al que aludes, el resultado de las corridas de toros tendría una “mortalidad” más elevada. No, yo creo que en este caso el animal tiene una mayor tasa de probabilidad de perder el combate.

    Pienso que en el fondo todo si es una pugna de sensibilidades. En el aborto, por ejemplo, (un tema al que aludes) pugna la sensibilidad cuando uno se solidariza con la postura de una mujer que no desea la situación en la que se encuentra con la de un feto que podría convertirse en un hombre. ¿Cuál cuenta más? Depende del “momento”. Existe un plazo en el que pesa más la primera y posteriormente uno se encuentra más sensibilizado con la segunda y ello parece razonable. La cuestión del uso de la “sensibilidad” con fines poco éticos, de confusión o de engaño es completamente denunciable, no lo comparto en absoluto, pero si que es cierto que cierta sensibilidad, cierta empatía, es absolutamente necesaria.

    En cierto reportaje trató de confirmarse el rumor de que los extranjeros se “emocionan” cuando ven en directo una corrida de toros. Con un grupo de estudiantes franceses se comprobó que se tapaban los ojos en el momento del estoque y hubo unas chicas que tuvieron que abandonar la plaza llorando con un cierto estado de ansiedad cuando se descabellaba al animal para rematarlo. Uno se ve tentado de pensar que esta es una reacción desmesurada, pero el otro lado de la tortilla sería pensar que nosotros ya estamos educados para “admitir” ese grado de violencia.

    La última cuestión en la que estoy en desacuerdo contigo es tu recurrencia a la descalificación, a evocar la supina ignorancia de quien no comparte tu opinión. En ese sentido tengo que decir que no es necesario conocer la ley para estar en contra de la pena de muerte. Yo no estoy en contra del toreo ni de sus normas, estoy en contra de que infligir sufrimiento forme parte del espectácaculo. Nadie ataca los recortes o los encierros como espectáculo taurino porque en ninguno de ellos la agresión toma parte.

    Creo que la agresión solo debe darse cuando esta es estrictamente necesaria. Como defensa, como necesidad de alimentarse y algún otro caso en el que su uso sea justificable y desde luego procurando siempre infligir el menor daño y sufrimiento posible.

    Un saludo.

  24. Santiago Navajas | Apr 8, 2009 | Reply

    Estimado Juanma,

    uno de los aspectos más recurrentes en las discusiones en el ámbito español es precisamente el recurso a la ignorancia. Por ejemplo, y ya que aludes al asunto de la pena de muerte, cuando he discutido la cuestión usualmente los opositores españoles ignoran sistemáticamente los estudios sobre la incidencia de la misma en los índices de delincuencia. No es que tengan datos acerca de su falta de relevancia para reprimir las conductas criminales, es que no les interesan los hechos.

    Este recurso a la ignorancia es una de las variaciones del tema “no dejes que los hechos estropeen una bonita historia”. En el caso de los toros el a priori moral se manifiesta en el recurso a la ignorancia sobre la evolución de la reglamentación taurina, tendente a causar el mínimo daño físico, ya sea a los toros o a los caballos (los perros fueron eliminado hace muchísimo tiempo) Pero, claro, un conocimiento de dicha evolución de las reglas del espectáculo significaría renunciar al mantra del presunto sadismo de los taurinos.

    Te concedo que utilizo un tipo de violencia retórica. Pero considero que está más que justificada ante las brutales descalificaciones que sufre el mundo taurino, permanentemente acosado y criminalizado y en un trance totalitario de dejar de existir. Hay cierta asimetría entre llamar a alguien “ignorante” (demostrándolo, no tengo yo la culpa de que los habituales antitaurinos desconozcan los hechos básicos de la tauromaquia) y llamarlo “criminal”.

    Esta criminalización totalitaria de la tauromaquia encuentra su mejor exponente en el principal opositor de las corridas de toros en España, el filósofo Jesús Mosterín, que al menos en este tema combina ejemplarmente la falta de argumentos con un talante y unas maneras de fascista ecologista (y es un tema a estudiar la creciente apuesta de los ecologistas por la violencia para imponer sus criterios)

    De nuevo insistes en la “necesidad de alimentarse” con animales, lo que es evidentemente falso. Establece ahora el paralelismo con una secta de fanáticos veganos que amparándose en una mayoría cada vez más considerable pretendiera prohibir el consumo de carne y el cierre de los mataderos en aras de su empatía con los corderos lechales.

    Como en el tema del aborto hay una indeterminación ontológica acerca de la atribución de derechos a los animales. Que está relacionado al menos en parte con esa empatía a la que aludes. Respeto infinitamente a los veganos antitaurinos porque me parecen coherentes en su respeto a las sintientes. También respeto, aunque me parecen incoherentes en el mejor de los casos e hipócritas en el peor, a los antitaurinos carnívoros. Pero en el plano político denunciaré a los que por ignorancia (sorry) o carácter totalitario pretendan imponer su criterio moral puritano y particular a toda la población, con espíritu de secta y manipulando la democracia para convertirla en una dictadura populista.

    Saludos

  25. Juanma | Apr 8, 2009 | Reply

    Hola Santiago.

    Comparto perfectamente tu postura de que el “juego” no consiste en imponer nada a nadie. La “mayoría” muchas veces se equivoca y cuando lo hace en algo serio la democracia se convierte en un monstruo mucho peor que la tiranía. Por eso la postura más inteligente es debatir y convencer que en parte es de lo que todo esto trata.

    Por otro lado, yo no pretendo convencer a los taurinos de que son unos “criminales” y tampoco me parece que los antitaurinos sean personas a las que haya que admirar por su “intachable” moral y compromiso con los animales. Intento establecerme en un punto neutral.

    Como bien apuntas (y yo desconocía) la tauromaquia ha evolucionado de tal manera que se ha minimizado el sufrimiento que se inflige al animal; lo cual me parece muy loable. Esta evolución sugiere entonces que podemos considerar que a ningún taurino de ahora le agradaría que hoy en día las corridas fuesen de la forma que eran antiguamente porque le resultaría “excesivo” el sufrimiento por el que se le hacía pasar al animal. La visión que un taurino de ahora tendría de uno de antes no sería, en modo alguno, considerar que el de antes era un “monstruo” y él es una “autoridad moral” porque lo que hace ahora solo es más “lícito” que lo que se hacía antes.

    Lo que yo quiero hacer comprender y valer es que en todo esto hay una parte “incómoda” o que debiera ser susceptible de considerar seguir evolucionando hacia lo más “lícito” que no es otra cosa que lo que la tauromaquia ha ido minimizando a lo largo de la historia según me has hecho comprender. El simple reconocimiento es sufuciente. Yo no quiero hacer sentir culpable a nadie por disfrutar con el toreo. Entiendo que quizá es muy complicado encontrar otra manera de mermar la fuerza de un toro de 500 kilos que no sea a base de desangrarlo con picas y banderillas y que después de haberlo malherido lo más “humano” es matarlo. Sin embargo, si hallase una forma de preservar el arte del toreo y la integridad física del animal la tauromaquia culminaría la magnanimidad de de la que hace alarde por su trayectoria.

    No es cuestión de extremismos a mi juicio. Se puede perfectamente ser carnívoro y rechazar que al animal que vas a comerte lo hayan matado torturándolo si hubiese habido un método más “humano” para sacrificarlo. De la misma manera se puede ser taurino y creer en la posibilidad de seguir disfrutando del arte del toreo de forma que el animal sufra menos (como de hecho ya ha demostrado que es posible según tu aseguras).

    Un saludo.

  26. Santiago Navajas | Apr 8, 2009 | Reply

    Totalmente de acuerdo contigo, Juanma. Me alegro mucho de coincidir contigo. Tu último párrafo es ejemplar. Además es un compromiso de un taurófilo consciente denunciar los abusos que se cometen con los animales en general y los toros en particular: afeitados de cornamentas, uso de drogas para anular sus reflejos, cortarles los tendones para que no sean tan ágiles…

    Para un próximo artículo en el diario Córdoba (comienza la temporada y Manuel Vicent publicará su tradicional artículo contra las corridas) me van a ser de gran ayuda tus razonamientos, los de Pascual y, en general, todo el debate suscitado en el blog.

    Un saludo

  27. Lucía | Apr 9, 2009 | Reply

    Hola Pascual. Pues yo estoy de acuerdo con casi todo lo que dices en la entrada, pero matizaría en una cosa: la finalidad de un animal industrial es servir de alimento a otros seres vivos y la del toreo es hacer disfrutar a la gente con un espectáculo brutal y violento. Lo cierto es que yo pienso que la mayoría de la gente que dice ser “antitaurina” en realidad tiene pánico moral, como apuntas tú y, desafortunadamente, queda poca gente dispuesta a defender los derechos de los animales (incluidos los industriales), y al final todo se reduce al hombre, es decir, el hombre teme y detesta que haya gente que goce viendo espectáculos sangrientos, de la misma forma que no soporta a los violadores o los asesinos.

    Yo, personalmente, estoy en contra del toreo porque soy totalmente defensora de los animales y pienso que por el hecho de ser seres más complejos, los humanos no tenemos derecho a tratar al resto de seres vivos como si fueran inferiores. Aún así, no descarto la posibilidad de que cierto pánico moral influya en mi posición respecto a este tema, al fin y al cabo también soy humana.

    Magnífica entrada, como siempre.

    SALudos!

  28. Mario | Apr 26, 2009 | Reply

    No he entrado a leer los ya abundantes comentarios, así que no sé si ya ha salido un punto que creo que no has tenido en consideración en el artículo. Antes de exponerlo también quería decirte que muchos, si no colectivos, sí miembros de colectivos antitaurinos también denuncian el maltrato animal de las granjas industriales, especialmente de aquellos colectivos que no son únicamente antitaurinos.
    Y ahora mi punto: hay una diferencia esencial entre la Lidia y la producción ganadera industrial: el propósito. La producción ganadera industrial proporciona alimentos animales a unos precios hace años impensables. Permite acceso a las proteínas de la carne a colectivos para los que hace años era impensable. La lidia es sólo por entretenimiento, lo llames como lo llames (Arte, espectáculo, cultura o como se pretenda), y por tanto innecesario y prescindible.
    Eliminando el primero estás empeorando las condiciones alimentarias de un sector de la población, eliminando el segundo sólo les pides que renuncien a una forma de entretenimiento más que discutible. Además hay una serie de consideraciones extra como lo ajustado de los márgenes de las granjas industriales y los beneficios onerosos de los empresarios taurinos.
    Puede parecer que estoy diciendo que el fin justifica los medios en algunos casos, pero no es así, sino que hay un fin al que podemos renunciar sin consideraciones morales (entretenimiento) y otro al que es muy difícil justificar la renuncia (calidad alimentaria de un sector de la población), aunque según tu argumento los medios sean más crueles en el segundo que en el primero.
    Y ahora una propuesta sencilla que ayude a mejorar ambas situaciones:
    - Ni un duro de dinero público para la Lidia. - Todo el dinero ahorrado invertido en subvenciones para que las granjas puedan cumplir una nueva normativa que garantice unas condiciones mínimamente mejores.

  29. Estr3s | Apr 26, 2009 | Reply

    Pues sí, yo tb me quedo con la idea del “propósito” sobre el maltrato a nivel industrial, y es que evidentemente, si queremos rellenar los supermercados del primer mundo necesitamos una explotación animal a nivel industrial. Y hasta en lo más profundo de mi naturaleza y mi moral quiero alimentarme desde mi posición en la cadena trófica: de todo.

    Dicho esto y volviendo al tema taurino, para la pregunta que expones:
    ” ¿Se les inflige a los toros de lidia un sufrimiento mayor que a la mayoría del ganado industria? ” nos lleva directamente a tu segunda opción, en la que el movimiento antitaurino se basa en penalizar la lidia: El espectáculo desde el maltratro animal. El circo de la dominación y el sufrimiento.

    Por eso, el movimiento sí que puede centrarse en criminalizar (intentar ilegalizar) la lidia sin entrar en conflicto con el maltrato animal a nivel industrial. Y por eso creo que sí que tiene un fundamento ético (en contraposición a la conclusión a la que llegas en tu artículo).

    …lo cual complica todavía más el debate, porque es puramente moral. De cómo establecemos las fronteras entre lo humano y animal. En el sentido del espectáculo, en el análisis de las tradiciones, nuestro pasado y nuestro futuro.

    Al final será el debate moral el que decida. Supongo que la tendencia es que la gente deje de disfrutar de este tipo de espectáculos, quien sabe a lo mejor de aquí 20 años el toro ya es virtual.

    Y sobre lo de que se use el dinero público para subvencionar este tipo de espectáculos… pues creo q el debate debería irse en cómo se usa el dinero público, y lo cojonudo que sería que los ciudadanos pudiéramos decidirlo y participar de esas proporciones.

  30. Heli | Apr 26, 2009 | Reply

    Creo que falta el argumento antitaurino más importante de todos: en la civilización (desde España a China), ahora, se sanciona el hacer espectáculos con el maltrato a los animales, se sanciona incluso legalmente. Esto como apuntas o han apuntado en los comentarios probablemente tenga más que ver más con nosotros, con nuestra moral, que con los animales porque bien que nos zampamos animales previamente maltratados en los mataderos. La diferencia es efectivamente que no se hace de forma pública, cuando los apaleamientos de mascotas y otra serie de perrerías se suben a Youtube tienen duras respuestas de los ciudadanos y en muchos casos intervienen las autoridades. La tauromaquia es una de las raras actividades en las que se maltrata de forma pública a un animal que en ningún caso en otro contexto o con otra especie se permitiría, eso necesariamente tiene que generar un cortocircuito en la gente porque rompe la coherencia de nuestras relaciones con el resto de animales.

  31. Pablo | Apr 27, 2009 | Reply

    Interesante debate. Coincido con Santiago Navajas en las observaciones que hace sobre la habitual ignorancia antitaurina (alguien habla por ejemplo de “desangrar al toro”, cuando es un absurdo). En la tauromaquia actual, el sufrimiento innecesario del toro es constantemente vigilado, están reglamentadas las suertes, las medidas de los útiles, los tiempos, las condiciones sanitarias del toro… y de ésto precisamente se encargan veterinarios (Ignoro cuántos veterinarios supervisarían una pelea de perros o gallos, pero sospecho que ninguno).

    A poco que se conozca la naturaleza del toro bravo, su reacción al castigo y su embestida, se entiende algo mejor que su situación frente a un humano indefenso es de clara ventaja física. Digo indefenso porque el arte del toreo exige unos procedimientos al torero, desde que recibe al toro con una capa, hasta que lo mata con unos condicionantes muy estrictos (no se pueden usar estoques en cualquier momento, ni picar ocho veces, ni clavar banderillas al azar). Y entre tanto, ha de realizar una faena en la que debe templar la embestida de la bestia con un trapo, y además, encima, por si fuera poco, hacerlo bonito. Y bien, lo cual incluye, a ser posible, una estocada con la que el toro caiga sin puntilla. Para el aficionado, igual que para el antitaurino que lo ignora, la visión de un toro acribillado a estocadas y recibiendo diez descabellos no es bonita, no es deseable, y es fuertemente castigada, pues entendemos que el matador no es un simple matarife, y debe cumplir su cometido sin hacer sufrir al toro por propia torpeza.

    Una observación al comentario de Juanma sobre los encierros y recortes, que no tienen tantos detractores. Efectivamente, así es, pero será por el doble rasero con que observan algunos las muertes animales, según sean en privado o en público. En cualquier caso ambos eventos taurinos acaban con el toro muerto, en los recortes, porque los toros aprenden rápido, y en los encierros… porque son llevados a la plaza para ser toreados. No hay motivo por el que una manifestación taurina pueda ser más rechazada que otra.

    Por otro lado, respecto al debate sobre lo moral de presenciar el sufrimiento ajeno, y en especial cuando se ha sacado el ejemplo de las peleas de perros, creo que falta algo que a mí me parece esencial: el componente humano. Una pelea de perros me parece mucho más cruel porque ninguno de los participantes tiene conciencia de su situación, son simples animales entrenados para atacar. En el toreo hay una persona delante del toro, y mi empatía, que me perdonen los defensores de los animales (supuestos y reales), está con el humano. Yo en la plaza voy con el torero, porque es como yo, porque comprendo el miedo que siente ante un animal que le puede matar, porque veo que siente la presión de un público. Es algo tan simple que me cuesta pensar que hay gente que sólo ve el supuesto sufrimiento del toro, y no sienten empatía por un semejante en peligro. Porque en los toros hay peligro (nadie torea animales inofensivos, ningún aficionado quiere toros mansos), hay un juego de vida o muerte, hay arte (si no lo hay, no es toreo, no llena plazas, no emociona a nadie) en la inteligencia del hombre frente al animal, y el toro muere embistiendo, con la opción de atacar, no como en el matadero.

    Desde luego si me dieran la opción de vivir y morir como cualquier animal, sería toro bravo sin dudarlo.

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