Incesto, cinturones de seguridad e instituciones sociales.
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En Rumanía se está preparando una ley para despenalizar el incesto. Hay otros tres países europeos donde esta práctica no es delito: Francia, Portugal y España. El argumento que se ofrece para la despenalización es la diferencia entre legalidad y moralidad. Lo cierto es que desde una óptica liberal (en un sentido amplio del término) esto es verdad. Sin embargo, en Secular Right he leído a un comentarista que propone una buena objeción:
Si yo fuese rumano y pagase impuestos al sistema público de salud, probablemente me opondría a la legalización del incesto a causa de la innecesaria carga [que supondría] sobre el contribuyente [on the public].
Podría objetarse en todo caso que el sexo y el matrimonio ya no están vinculados necesariamente a la reproducción.
Sea. Aun así, lo que me interesa es la lógica del argumento, porque es el mismo que propongo cuando se plantea el tema del cinturón de seguridad en los vehículos. El argumento en contra de su obligatoriedad suele ser que el Estado no debe penalizar una práctica cuyas consecuencias, a diferencia por ejemplo de las de conducir bebido, recaen sobre quien toma la decisión de no usar el cinturón de seguridad. O sea: si me quiero matar es cosa mía. Bien, es cosa tuya… hasta que la sanidad pública deba financiar un tratamiento por paraplejia a causa de un accidente, o la seguridad social una pensión de viudedad a tu cónyuge.
Ésta no es una entrada a favor o en contra de legalizar el incesto o de la obligación de llevar cinturón. Lo que pretendo decir es que resulta difícil hablar de libertades y del papel tutelar del Estado si no se habla al mismo tiempo de las instituciones sociales mediante las cuales el Estado también se hace cargo de nosotros y de nuestras familias. Reivindicar el derecho a elegir si se lleva el cinturón o no, es legítimo. Reivindicar ese derecho mientras se defiende que el sistema público de salud se haga cargo de nuestros gastos médicos en caso de accidente, no es que no sea legítimo, es que resulta ilógico.





Héctor | Apr 16, 2009 | Reply
Aún teniendo razón en tu comentario queda la duda de dilucidar hasta donde llega la legitimidad de control del Estado cuando hay una sanidad pública por volver más eficiente la sanidad del pueblo. Recuerdo que en un blog cuya url no quiero acordarme se defendió la prohibición de la sodomía en base a que la sanidad era pública y razones bizarras varias.
Dicho esto también tengo que decir que aún no siendo público la sanidad seguiría habiendo ciertas prohibiciones o si se quiere ciertos paternalismos del Estado que yo consideraría legítimos cuando los adultos no se comportaran como tales.
Doy ejemplos: Efectivamente el cinturón corre a cuenta propia pero es evidente que es efectivo ergo si quieres romperte la crisma a tu criterio pero si quieres rompérsela a tu hijo de cinco años pues multa. Yo así lo veo.
Efectivamente y segundo ejemplo, tengo derecho a casarme con quien yo quiera pero no tengo derecho, o al menos así lo veo, en tener descendecia con mi hermana porque ello equivaldría a jugar a la ruleta rusa con mis hijos porque, no lo olvidemos, las posibilidades de que salgan hijos tullidos o malformados de una relación incestuosa son mayúsculas luego el permitir la posibilidad de tener dicha ascendencia lo veo como una agresión al bebé, como una amoralidad y dime ¿qué sentido tiene un matrimonio en donde el tener hijos está prohibido?
En definitiva yo me muestro contrario al incesto independientemente de quien tenga el monopolio de la sanidad
Pascual González | Apr 16, 2009 | Reply
Sí, en el caso del incesto estoy de acuerdo. Las consecuencias genéticas que pueden tener sobre los hijos es lo principal. De todos modos nos queda por ver, seguramente más pronto que tarde, un debate sobre la eugenesia conforme los análisis genéticos continúen abaratándose (parece que están en caída libre).
El caso del cinturón lo planteaba porque me interesaba el caso de alguien que sólo pone en peligro su propia vida. Podríamos hablar también del impacto que pueden tener la conducta de los fumadores sobre la Seguridad Social, sólo que en este caso es fácil solucionarlo (e incluso, invertir la situación a favor del Estado) con un impuesto sobre cada cajetilla, de forma que cada fumador acabe pagando a plazos la factura médica que presumiblemente generará.
En fin, la idea que me interesa es cómo según el Estado se va haciendo protector y redistribuidor, las decisiones que de otra forma tendrían únicamente efectos individuales (fumar, no usar el cinturón, los deportes de riesgo, la promiscuidad sin prevenciones etc. ) o sobre un círculo determinado de personas, comienzan a generar nuevas externalidades, y cómo eso puede contribuir a legitimar un Estado más inquisidor.
No sólo eso, también puede alentar cierta fractura social, pues ahora hay conductas socialmente “baratas” o “caras” según la externalidad que produzcan. No sé si hemos empezado a percibirnos unos a otros como contribuyentes o como gorrones, pero es algo que le Estado asistencial hace posible. Yo al menos sí reconozco que cuando veo ciertas conductas pienso en el impacto económico que su masificación puede tener en los contribuyentes.
José Luis Ferreira | Apr 16, 2009 | Reply
Las consecuencias del incesto me parecen nimias, en el sentido de que muy poca gente opta voluntariamente por él, así que el coste que implica la descendencia con problemas médicos será menor (para la sociedad, no para la descendencia).
Sobre el cinturón y otros proteccionismos, hay un par de argumentos. El primero es el ejercicio de cierto paternalismo por parte del Estado ante un ciudadano que no está del todo informado o que, estándolo, no opta por usarlo. El segundo me parece mejor, y dice que hay un problema de credibilidad en las decisiones. El Estado puede decir que el uso del cinturón es problema de cada uno, pero a la hora de la verdad, tendrá que hacerse cargo del coste sanitario de los accidentados graves por no usarlo. Un compromiso de no hacerse cargo de estos costes no es creíble.
En cuanto a los fumadores, el argumento es el de los fumadores pasivos. El coste de los fumadores en la seguridad social sale negativo. Quiere decir esto que el coste añadido por las enfermedades relacionadas con el tabaco es ve más que compensado por el ahorro en las pensiones de los fumadores, que acaban muriéndose antes.
Pascual González | Apr 17, 2009 | Reply
Ése es el tipo de argumentos que me interesaba aquí: el de las externalidades de ciertas conductas sobre el Estado en la medida en que éste se va haciendo protector. Eso genera una nueva forma de “clasificar” a los ciudadanos en altruistas o egoístas en función de los recursos que aportan pero también de los que obligan a aportar.
En teoría la clasificación de cada uno en este sistema permanece tras el velo de la ignorancia, claro, y es bueno que sea sí (por ejemplo, no sé cuántos impuestos pagan los padres cada alumno, ni me importa, claro, ni es relevante para mi trabajo. Pero hay situaciones en que ese velo se alza, por ejemplo cuando ves a un tipo haciendo el loco con un ciclomotor y sin casco… (y te cuesta no verlo como un futuro receptor irresponsable de recursos).
Finalmente, pienso si no acabamos desarrollando cierta “fantasía social” de alzar el telón y sorprender a los “gorrones”. No sé si me explico.
Demócrito | Apr 17, 2009 | Reply
Creo que hay que apuntar algo: las “externalidades” que produce el estado pueden ser asumidas, puesto que no son más que un elemento del equilibrio aceptado entre costos-beneficios a la hora de tomar una decisión económica. Es decir: si un estado desarrolla una sanidad pública universal, lo hace (lo debería hacer) porque va a suponer un resultado costes/beneficios, a nivel agregado, superior a otras opciones. No creo que haya que recordar que el coste para el estado (y para el individuo también) de la sanidad en EEUU es superior a casi todas las europeas, ofreciendo menores coberturas. Esto es debido a que el mercado de los seguros de salud adolecen de algunos fallos de mercado: información asimétrica y, en consecuencia, elevados costes de transacción, principalmente. Cuando el mercado no puede ofrecer eficientemente un bien esencial, es el Estado el que ha de hacerlo. Aceptado esto, tales “externalidades” son uno de los costes a asumir en la búsqueda de la mayor eficiencia posible del funcionamiento del sistema de salud pública: prohibición de ir sin cinturón, impuestos sobre el tabaco o el alcohol, etc…
Lógicamente, esto tiene un efecto en la percepción del ciudadano, que intuirá en esas conductas al “gorrón” que aprovecha recursos públicos en mayor medida de lo que corresponde. Estoy completamente de acuerdo en que puede incluso llegar a extremarse y acabar haciendo progromos de fumadores, p.ej. Pero precisamente en la adecuada regulación del sistema y en la concienciación de cada uno está la solución. Si yo sé que un fumador está aportando recursos al comprar una cajetilla, y que estos cubrirán los costes que provoque, no tendré razones para andar descubriendo velos ni encendiendo hogueras.
Elo | Apr 20, 2009 | Reply
Doy por hecho que hablamos de incesto entre adultos conscientes y libremente dispuestos. En ese caso puntualizaría que en España está despenalizado, sí, pero no legalizado. Esto es, esas parejas no se pueden casar legalmente, ni pueden registrarse como pareja de hecho son “alegales”.
Se podría argumentar que si pagan los mismos impuestos que los demás, tienen los mismos derechos, aunque hayan buscado ese gasto siendo imprudentes. Del mismo modo ¿dónde está el límite de lo que consideramos no merecedor de ser sufragado por el Estado?
No llevar casco o cinturón, o cometer incesto, o tirarse por un barranco…. ¿correremos con los gastos de los que intentan suicidarse? ¿con los de los que tienen cirrosis o cáncer de pulmón por haber bebido o fumado? ¿correremos con los gastos del niño que se subió al columpio y se cayó? ¿Quién limita?
Aceptando el papel educador y moderador del Estado que debe de imponer unas normas lógicas para la convivencia y en busca del bien común, no podemos dejar de pensar en la libertad de los individuos para tomar ciertas decisiones, pero es importante que el Estado Recaudador devuelva a sus integrantes los servicios que éstos demanden. La Sanidad está considerada un derecho universal en este país, que incluso la proporciona a las personas consideradas “ilegales”.
Otro ejemplo: las prostitutas, no son legales, no cotizan y sin embargo tienen derecho a la sanidad, y si se enferman de SIDA les costeamos los medicamentos y los cuidados que necesiten.
De todas formas, ya hace unos meses se ha aprobado una ley por la que aquéllos que generen por imprudencia gastos de rescates, por ejemplo un montañero que se metiese por donde no debe sin medios y haya que montar un dispositivo para rescatarlo, lo tendrá que pagar él. Pero hablamos, claro, de los medios del rescate, no de los cuidados sanitarios que pueda requerir como consecuencia de su aventura.
Me parece peligrosa la aventura rumana… eliminar derechos, fiscalizar libertades, implantar desigualdades…. me pone los pelos de punta.
Pamies | Apr 20, 2009 | Reply
Y sí… una cosa es que no se persiga y otra bien diferente es hacer una ley para despenalizarlo con todo lo que ello conlleve. No sé mucho del caso concreto de Rumanía pero en España es como dijeron en un comentario por aquí.
Respecto al debate de fondo al que nos invita el artículo, parece que el ejemplo del tabaco es bastante representativo, con una salvedad y es que el estado es el primero que debe dar ejemplo para exigir conductas de deber, al razonar atribuimos al Estado las cualidades que debiera tener idealmente y no las que de hecho desempeña ¿acaso en el impuesto del tabaco debería constar que esa cantidad es para sufragar a los enfermos con problemas achacables al consumo activo o pasivo de tabaco? ¿quién es el primer gorrón que se beneficia de tales artimañas sino el propio Estado recaudador bajo el emblema de velar por el bien común o público?
En efecto, resulta difícil. Si el Estado no actua de manera responsable difícilmente los ciudadanos van a creer, la mala conciencia respecto al tributo es algo muy arraigado, diría que casi irremediable en una gran parte de los ciudadanos, al menos en este país. Por otra parte, es bastante comprensible.
jesús | May 18, 2009 | Reply
No lo pillo. ¿Cuánto paga el Estado español cada año por gastos relacionados con el incesto? (Por cierto, el incesto entre hermanos no está penalizado, pero entre padres e hijos menores sí).
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Además, no veo la lógica del argumento hasta sus últimas consecuencias: ¿prohibirías pagar a la sanidad pública los gastos ocasionados por tirarse de cabeza a la piscina?, ¿por quemarse con el aceite de la sartén intentando hacer un plato espectacular?, ¿por contraer la gonorrea por no haberse puesto condón?
Ten en cuenta que la sanidad pública es, formalmente hablando, un tipo de SEGURO, y uno puede muy bien asegurarse contra su propia estupidez (¿por qué no?); el seguro será más caro, obviamente, pero el que esté libre de hacer alguna gilipollez en la vida, que tire la primera piedra.