¿Creen realmente los antiabortistas lo que dicen que creen?

La tesis elemental del antiabortismo “pro-vida” al uso puede resumirse así: desde el momento de la fecundación nos encontramos con un ser humano que posee una dignidad personal idéntica a la que goza cualquier persona. Por tanto, el embrión y el feto deben ser objeto de una especial protección, idéntica a la que gozan, por ejemplo, los bebés y los niños.

Por supuesto, esa creencia se puede objetar, y de hecho el debate habitual sobre el aborto consiste en defender o atacar dicha idea. En el centro del debate (cuando merece ese nombre) nos encontramos con la discusión sobre el estatuto moral del embrión y del feto.

Hay, sin embargo, otra línea de discusión menos habitual pero igualmente interesante, y consiste en preguntar si los antiabortistas “pro-vida” son realmente sinceros cuando afirman que la dignidad de todo embrión es idéntica a la de los niños de dos años, por ejemplo. si tuviera que apostar´lo haría a que no lo son.

Veamos: de la idea básica antiabortista se desprende una consecuencia lógica: lo que ocurre en el útero a los embriones y los fetos (en cualquier momento de su  gestación) es igual de grave que lo que ocurre fuera de él. Pero quien profese esa creencia debería, para ser coherente, reaccionar ante el aborto como quien reacciona ante un genocidio. No me refiero a declarar que es un genocidio (ésa es la retórica que, en mi opinión, no creen ni ellos) sino actuar como si se tratara de un genocidio. Como dice Damon Linker (citado por Andrew Sullivan):

Si el aborto es realmente lo que el movimiento pro-vida dice que es – si significa infligir la violencia mortal contra una persona inocente y sin defensa- entonces ¿no exigiría la moralidad que los pro-vida hiciesen algo para detener dicha violencia? O sea, si yo creyera que un tipo que trabaja en una oficina al final de la calle se dedicaba a asesinar a personas inocentes e indefensas todos los días mientras las autoridades se niegan una y otra vez a intervenir en nombre de las víctimas, me podría sentir obligado a hacer algo al respecto, tal vez algo poco razonable e irresponsable. No se sentiría usted igual?

Después, Sullivan plantea una cuestión interesante a propósito del asesinato del médico abortista George Tiller, que había concitado las iras de muchos por practicar abortos tardíos: “no hay nada peor en matar un feto de ocho meses que uno de ocho minutos”. Y ésa es la cuestión: si lo que ocurre en el útero y en cualquier momento de la gestación tiene la misma gravedad moral que lo que ocurre fuera de él, por qué encontramos esas modulaciones y esas distinciones en el discurso antiabortista? ¿Por qué ese empeño en usar para su propaganda  vídeos con fetos en avanzado estado de gestación? ¿Por qué no muestran también mórulas, blastocitos y embriones, dado que según su lógica son moralmente idénticos? Y, dese luego: ¿por qué no nos encontramos con una “resistencia” armada contra las clínicas de abortos? Es de suponer que dicha resistencia surgiría en el caso hipotético en que unos malvados asesinaran cien mil niños al año con la autorización del Estado.  ¿Debemos inferir que si tal cosa ocurriera con personas que viven fuera de los úteros, los pro-vida se dedicarían a llamarlos genocidas en sus blogs y en sus emisoras, o a manifestarse pacíficamente, pero nada más? Tal pasividad haría recaer sobre ellos la acusación de tibieza por los siglos de los siglos.

Otro caso curioso es el de cómo algunos pro-vida, después de referirse al aborto como un “genocidio de niños”, están dispuestos a aceptar el aborto en el supuesto de la violación simplemente porque “no se puede imponer un embarazo a una mujer en el único caso en el cual no es responsable de ello”. Pero si el embrión o le feto tiene la misma dignidad que un niño de dos años ¿cómo se puede justificar su “asesinato” por haber sido concebido en una violación de la que él  es menos responsable que nadie? ¿No será que lo que realmente les preocupa a los antiabortistas de matriz religiosa es la conducta sexual de la madre, más que el estatuto moral del embrión?

Y por último, pensemos en los abortos espontáneos que, según parece, alcanza una incidencia de entre 50 y el 75 por ciento. A menudo he usado este argumento frente a los antiabortistas pro-vida, y la respuesta habitual suele ser la misma: a esos nos los mata nadie. Es cierto, pero imaginemos que existe una enfermedad o algún otro factor natural que  condenase a muerte a la mitad de nuestros hijos. Los signos de duelo, de lamento y, muy probablemente en el mundo desarrollado, las presiones para buscar alguna solución científica en vez de resignarnos, serían más que patentes; existiría un clamor que, extrañamente, no se escucha entre quienes afirman las tesis pro-vida y su consecuencia lógica de que lo que ocurre en el útero y en cualquier momento de la gestación tiene la misma gravedad moral que lo que ocurre a las personas fuera de los útero.

En resumen, todas estas consideraciones me hacen sospechar de que a pesar de sus declaraciones, la actitud de los pro-vida indica que su problema no es la defensa del embrión, sino la conducta de las abortistas. Creo que estamos ante otro caso de pánico moral, como el de los antitaurinos,  sobre los cuales argumenté que no estaban realmente tan preocupados por el sufrimiento de los animales como por lo que a sus ojos representan los aficionados a la lidia.

RSS Feed for This Post19 Comment(s)

  1. Manning | Jun 3, 2009 | Reply

    Muy buena esta perspectiva sobre la polémica del aborto, inédita para mí. Sospecho que es cierto todo lo que dices.

    Y espectacular el debate sobre los toros (que no leí en su momento), debate en el que me posiciono con la sabia y taurófila postura de Santiago Navajas.

    Felicidades por el blog al que sigo pero en el que nunca había comentado (o eso creo).

  2. Elo | Jun 3, 2009 | Reply

    De acuerdo con todos tus argumentos, por supuesto que esto es “pánico moral”, pero como persona no anti-abortista pero sí en contra de esta práctica (considero que hoy en día hay muchas alternativas que no impliquen impedir una vida), me atrevo a poner sobre el blog mis argumentos.

    ¿Es lícito, en todo caso, acabar con un “proyecto de persona”? No sabemos quién va a llegar a ser, ni su contribución a la sociedad.

    Un proyecto, en cualquier otro ámbito de la vida, tiene una importancia y un interés y una validez… pero un proyecto de persona no… bueno, tal vez sea verdad que no todos somos lo suficientemente importantes.

    Desde luego no hacer nada cuando consideras que se está cometiendo un genocidio, es una conducta que ya conocemos y que se da en esta sociedad cobarde, más a menudo de lo que parece y aún después del Holocausto. Todos comíamos viendo la guerra de los Balcanes -por ejemplo- sin mayores problemas de conciencia. No creo que sea un problema de los antiabortistas, creo que es un problema de la sociedad en general. Cobardes y cómodos, es lo que somos.

    En cuanto al momento del aborto, siempre ha habido un dilema ético sobre cuándo un embrión se puede considerar persona. En un momento dado se llegó a determinar que mientras que no pudiese sobrevivir por sí mismo, ese ser vivo no tendría la entidad de persona. Esto descalifica inmediatamente todos los abortos posteriores a los 6 meses, ya que los fetos de 6 meses fuera del útero son viables -no digamos ya los de 8 meses-.

    Ahora sí, lo que ya no tiene excusa ninguna es considerar que se puede abortar en casos de violación. Por cierto que esa postura es nueva, porque yo no la había oído nunca hasta ahora. De hecho, las teorías antiabortistas que parten de la religión católica y de otras religiones, no aceptan este supuesto. Partiendo de que si la vida viene de Dios, aunque haya surgido de un acto condenable, esta vida sigue siendo inocente y viable. Por tanto me sorprende esta nueva postura, que es ilógica, se plantee desde un punto de vista religioso o no.

    Yo no abortaría nunca, y pienso enseñar a mis hijos que eso es ética y moralmente condenable y que tienen otras opciones antes de abortar -empezando por no quedarse preñados-, pero también hay que respetar que desde que el ser humano tuvo conciencia de él mismo, los abortos son práctica habitual. Que por tanto debe legislarse esta práctica para proteger tanto a la no-madre como al no-niño. Que además, las democracias deben legislar para todos y no sólo para unos grupos. Que el aborto no es un derecho, sino una opción lamentable que la sociedad debe trabajar para evitar, a la que debe dar alternativas válidas. Que la sociedad que empieza a ver estas prácticas como normales, como derechos, como sin trascendencia, está más enferma de lo que cree. La banalización de esta práctica es un error que traerá consecuencias en un futuro.

    Y por cierto, ante la tradicional frase de las feministas, yo soy mujer, y dueña de mi cuerpo: está claro, del mío no del de los demás.

  3. Hugo C. | Jun 3, 2009 | Reply

    Elo tiene razón en “que hoy en día hay muchas alternativas que no impliquen impedir una vida”, pero de momento fallan, y no podemos quedarnos de brazos cruzados hasta que por fin la gente sea plenamente consciente de lo que implica quedarse embarazada (o embarazado, últimamente se da de todo).

    Lo de acabar con “un proyecto de persona” me parece poco argumento, no digo que sea incorrecto, pero hay más relevantes que ese. En cierto modo las masturbaciones también son proyectos de vida acabados, aunque en una fase bastante más temprana.

    No hay que olvidar que el principal propósito de una sociedad, en mi opinión, es garantizar el mayor grado de satifacción posible (felicidad). Para eso hay que ser flexible, y no predicar verdades absolutas (como estoy haciendo yo jaja). ¡Más utilitarismo y menos mitos! ¡más materialismo y menos idealismo! ¡más ética naturalista y menos teología! :D

    Lo único que no me gusta del aborto es su aparatosidad, su falta de estética. No es elegante :P

    Un saludo.

  4. urodonal | Jun 3, 2009 | Reply

    Un feto humano, en cualquiera de sus fases, es , en cierto modo, virtual, algo que no se puede ver, ni tocar, y es por esto (ojos que no ven….) por lo que es difícil poder sentir por él lo que sí sentimos por un niño ya nacido, del mismo modo que es difícil sentir la misma pena por un muerto conocido que por uno de las Quimbambas y sin que ello tenga nada que ver con la consideración que creamos que debe tener ese feto o esa persona. Elo pone un muy buen ejemplo con lo de Los Balcanes, y a los efectos quen nos ocupan los fetos están tan lejos como los Balcanes.

    Lo cierto y verdad es que, obviando la utilidad por llamarlo de algún modo (y hablo de abortos voluntarios sin malformaciones, ni violaciones, etc,etc…) , aún no he leído ni escuchado ningún argumento pro aborto medianamente convincente.

  5. Siesp... | Jun 3, 2009 | Reply

    No se conoce el caso de ningún componente de los denominados grupos “pro-vida” que haya adoptado a un ninño de los que sugieren que adopten los demás de las mujeres que abortan su embrión.
    Si a eso añadimos la doble moral de quienes exigen respeto al feto pero no les importa la vida de los ya nacidos, tenemos la contradicción del malvado.
    Saludos.

  6. Albert Esplugas | Jun 3, 2009 | Reply

    Muy interesante la reflexión, un buen desafío a los que somos anti-abortistas. Intentaré escribir un comentario en mi blog un día de estos.

    Saludos

  7. Pascual González | Jun 3, 2009 | Reply

    Gracias a todos por comentar.

    Manning, gracias por el comentario. A mí con los comentarios y argumentos taurinos de Santiago Navajas me pasa lo que me ocurría con las críticas taurinas de Joaquín Vidal: que casi me aficionan.

    Elo, a mí me parece estupendo educar para no abortar, considerar el aborto algo inaceptable, o estar dispuesta a jugarse el tipo antes de sacrificar el feto que llevas en el útero. No sólo eso, sino que creo que ese deseo de una madre debe ser suficiente para considerarlo digno de especial protección. También me parece estupendo el intento de evitar que muchas mujeres se vean en la situación de abortar. Y la entrega en adopción, por supuesto. El problema es que todo eso no va a impedir que haya mujeres que se vean en dicha situación y que decidan abortar. Y la cuestión es que a partir de ese momento hay que discutir sobre le estatuto moral del embrión y del feto, y emprender deliberaciones morales tomando como base lo que nos dice la embriología. No porque se pueda resolver como una cuestión científica, sino porque no se puede resolver sin tener en cuenta los datos empíricos que la ciencia proporciona.

    El problema es que los antiabortistas pro-vida al uso (que seguramente no representan a todos los contrarios al aborto) dan la espalda a ese proceso de deliberación y debate, porque lo de ellos es una postura de máximos, de discursos incendiarios y de *meras* convicciones: aborto de embriones = genocidio de niños. Uno tiene derecho a ese tipo de posturas, y a escudarse en convicciones. Lo que ya no es de recibo es que, además, sean incoherente con ellas.

    Urodonal Lo que dices es cierto en el oren de nuestras intuiciones habituales. Pero también es verdad que las leyes, en la medida en que impliquen cierto refinamiento de nuestras intuiciones, cierta racionalización moral, deben corregir muchas de nuestras intuiciones más inmediatas. Eso es lo que hacen precisamente las leyes cuando no permiten que las partes actúen como jueces, o cuando otorgan derechos procesales a los criminales, o cuando declaran la venganza como un acto criminal y punible: rectificar nuestras intuiciones morales y refinarlas. La “lejanía” de los fetos, su fenomenología casi virtual, no debería tener valor normativo, o al menos dicho valor debería ser revisado. Dicha lejanía a mí también me parecería un mal argumento a favor del aborto.

    Albert, gracias. Será un placer leer entonces ese comentario. Un saludo.

  8. Miguel | Jun 3, 2009 | Reply

    Muy bien. En general esto ya está expuesto, por ejemplo, por
    Green, R. M., The human embryo research debates: Bioethics in the vortex of controversy
    (ver ‘la tabla rasa’ de Pinker, págs. 329-337)

    Y una vez que llegamos a este punto convendría abrir el debate sobre la cuestión de cuándo empezamos a considerar que un embrión humano es ya persona, con todos los derechos fundamentales que le corresponden, entre ellos el derecho a la vida.

    ¿Al cabo de un mes tras la fecundación, tres, ocho…? ¿Incluso más tarde, después de nacer como propone Peter Singer?

    Dejo por aquí enlaces a unas entradas relacionadas, contrarias a tomar el “momento” de la fecundación como norma, aunque sin proponer otro opción:
    - Ecce homo?
    - «Nunca debimos sacar la fecundación humana del seno materno»
    - Bebé medicamento

    Saludos.

  9. Antonio | Jun 4, 2009 | Reply

    Respecto a algo que dices en tu último comentario sobre el proceso de deliberación al que no se suelen prestar los antiabortistas, quiero decir que, en el caso de los católicos al parecer se trata de un principio “no negociable” “el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural”.

  10. Pascual González | Jun 4, 2009 | Reply

    Miguel, gracias por la referencia. Evidentemente, mi entrada no pretende descubrir nada nuevo, pero no recordaba los comentarios de Pinker, cuyo libro leí hace ya algún tiempo.

    Sobre los enlaces que propones, no entiendo muy bien qué debo hacer con ellos. Sólo les he podido echar una ojeada, pero parecen estar dirigidos ante todo católicos,a juzgar por cómo se citan encíclicas y otros textos de sacerdotes o teólogos a modo de autoridades.

    Sobre tu pregunta, creo (y espero poder exponerlo en una próxima entrada) que el problema de identificar en qué momento de la gestación aparece la persona humana, por un lado, y el de escoger un momento hasta el cual sea prudente el aborto, por otro, son problemas muy relacionados pero distintos. Dicho de otro modo, creo que podemos resolver el segundo problema sin necesidad de resolver de forma completa el primero. Pero en este preciso momento no puedo desarrollar este punto, que aclararé en una entrada aparte, si te parece bien.

    Antonio , efectivamente, si hablamos de la postura católica, la convicción de que la persona humana aparece desde con la fecundación, y de que un zigoto o un blastocito tienen en sí mismos la misma dignidad que los niños de un año no se negocia. Por eso mismo llama tanto la atención de que en sus campañas contra el aborto no utilicen fotografías o representaciones de embriones, y sí de fetos en avanzado estado de gestación. O de que sus campañas contra las clínicas abortistas se centren en aquellas que realizan abortos ilegales de fetos de seis meses o más de gestación. Después de todo, ¿qué más les da -desde su punto de vista- que el aborto se realiza al mes y medio o a los ocho meses?

    Saludos.

  11. Antonio | Jun 4, 2009 | Reply

    Aclaro que Miguel y Antonio es la misma persona.

    Muy brevemente:
    1. Los enlaces referidos sirven para situar en parte el debate conociendo mejor cuales son los fundamentos y doctrina (al menos parte) de un grupo tan importante como son los católicos. En ese sentido conocer aunque sea parcialmente parte de sus textos doctrinales es fundamental para cualquiera, también laicistas, siempre que haya interés en conocer el terreno y no actuar a base tan solo de prejuicios y/o intuiciones.

    2. “en qué momento de la gestación aparece la persona humana, por un lado, y el de escoger un momento hasta el cual sea prudente el aborto”. Creo que ambos puntos confluyen al final irremediablemente. Sólo importa la cuestión del llamado “derecho a la vida”. ¿En qué momento acordamos que la vida de ese “ser humano” ya no se puede destruir? (Esto es, la madre ya no puede decidir por ella misma destruirlo porque todos -o la mayoría de nosotros- ya estaríamos de acuerdo en considerarlo asesinato)

    3. Efectivamente la doctrina de la Iglesia católica y el comportamiento de los católicos en este tema no está exento de dificultades e incluso contradicciones o inconsistencias. Igual que los demás por cierto. La postura de los abortistas, que ni siquiera se paran a pensar en la arbitrariedad de los plazos que pretende marcar la nueva ley del aborto (pura legislación positivista, sin ningún criterio sólido), también lo es.
    Todos presentan contradicciones y debilidades. Aun así, como dice Ronald Green en este artículo que recomiendo
    http://jme.bmj.com/cgi/content/full/34/12/840

    the Roman Catholic position is so absolute that it avoids many of the inconsistencies displayed by others on the pro-embryo side of the debate. With rigorous logic, Catholic teaching opposes both stem cell research and IVF, the latter because it is regarded as a deformation of human sexuality and parenting and because it involves the willingness to create and discard human embryos.
    [but] The Catholic position is not entirely free of inconsistencies

    (y a continuación expone alguno de los reparos que tú mencionas en tu entrada)

    Un saludo.

  12. Pascual González | Jun 4, 2009 | Reply

    Antonio, en un debate público puede intervenir todo el mundo. Los católicos también, faltaría más; y puede hacerlo en calidad de católicos o de lo que gusten. Si hablamos de peso político, la fuerza de cada grupo procede, efectivamente, de su peso demográfico. En ese sentido, sí, los católicos deben ser tenidos en cuenta de forma especial porque son muchos. Si estuviéramos en Afaganistán o en Gaza, eso valdría, por ejemplo, para prohibir la carne de cerdo, o para imponer el velo a las mujeres.

    Si hablamos, en cambio, de deliberación, de debate, lo que cuentan son los argumentos con que se defiende un punto de vista, no el número de votantes que lo defienden. Otra cosa es si la democracia real puede ser deliberativa, en vez de meramente representativa (personalmente creo que el carácter deliberativo sólo puede ser muy limitado). Pero en todo caso, si de lo que se trata es de debatir y no de hacer un referéndum, los argumentos de autoridad carecen de peso. Los católicos tienen su punto de vista y sus convicciones, pero en las deliberaciones deben debatir y argumentar, no contar fieles.

    En cuanto a los prejuicios… creo que poseo un conocimiento aceptable de la postura de la Iglesia católica sobre el aborto, la píldora del día después y las células madre embrionarias. También me gustarían por cierto, que muchos antiabortistas fueran un poco más allá de la caricatura del “nosotras-parimos”.

    Sobre si la el momento de la aparición de la persona y el plazo razonable para poder abortar son los mismo, contestaré, como dije, en una entrada aparte.

    Saludos.

  13. Antonio | Jun 4, 2009 | Reply

    “Si hablamos, en cambio, de deliberación, de debate, lo que cuentan son los argumentos con que se defiende un punto de vista, no el número de votantes que lo defienden.”

    A esto voy precisamente. Cierto que con los católicos practicantes parece difícil, por no decir imposible, si ellos ya se excluyen del debate parapetándose tras un principio “no negociable” que establece que es ya desde la fecundación cuando el “ser humano” (que aun entonces puede dar fisionarse o fusionarse con otro) ya debe tener garantizado ese derecho a la vida.

    Una vez hecho un diagnóstico somero y planteadas algunas dificultades, estamos pues a la búsqueda de argumentos y, finalmente, de un criterio para establecer como legítimo el aborto.
    Como planteé en una de mis entradas (enlaces más arriba, y esto es una opinión mía), la búsqueda de ese criterio, ante la duda, debería emprenderse obligatoriamente con un espíritu conservador, por analogía con el principio jurídico del “in dubio pro reo”.

    Saludos cordiales.

  14. Peter | Jun 4, 2009 | Reply

    Me parecen triquiñuelas baratas. Tendríamos que dudar entonces de lo que cada uno defiende y suponer que no cree realmente en ello. Vamos a darle la vuelta: ¿Creen de verdad los abortistas que no atentan contra la vida cuando abortan?, ¿por qué muchas mujeres que abortan se sienten tan mal después de hacerlo si es solo una mera intervención para eliminar un “quiste” molesto?, ¿por qué muchos lo apoyan aunque matizando que ellos no lo harían?

    Creo que la mala conciencia, la indefinición, la dificultad de cerrar el problema lleva a buscar argumentos algo ridículos para “ganar” la batalla.

    ¿Cómo es posible que las personas contrarias a la pena de muerte permitan el asesinato de otras personas sin iniciar una revolución por ello?, ¿es que no se creen lo que defienden?

    Por favor, que vivimos en sociedades plurales que aceptan en ocasiones el uso de medios, incluso a lo mejor “negativos” o poco deseables, para conseguir una cierta normalidad en este mundo práctico y contemporáneo. Aceptarlo no significa estar de acuerdo con todo o tener que realizar una revolución que muestre nuestra pureza ideológica.

  15. Pascual González | Jun 5, 2009 | Reply

    Antonio, esta tarde trataré de contestar a tus observaciones en una entrad aparte. Ahora mismo me es imposible por falta de tiempo. De todos modos, permíteme establecer dos cuestiones para centrar la discusión:

    1) ¿Establecer un plazo razonable para practicar el aborto exige adoptar un criterio preciso sobre cuándo aparece la persona humana?

    2) Ser conservador a la hora de establecer plazos y límites ¿significa adoptar un enfoque análogo a la norma jurídica de “in dubio pro reo”?

    Si yo te entiendo bien, responderías afirmativamente a ambas. ¿Es así?

    Un saludo.

    Peter siento que te parezcan triquiñuelas baratas. También que me atribuyas “mala conciencia” a la hora de plantear el tema. Comprenderás que sobre mis intenciones no voy a discutir.

  16. Antonio | Jun 5, 2009 | Reply

    1) A ver. Se trataría de abrir un debate serio y franco entre diversos sectores y hablar de ello. A ver qué sale y hasta donde se puede llegar. Si tiene razón Ronald Green (que no lo sé. Ver págs. referidas de ‘la tabla rasa’) habría incluso que
    “reconceptualizar el problema: de encontrar una línea divisoria en la naturaleza a decidir una línea divisoria que mejor equilibre lo bueno y lo malo de cada dilema político.
    [...] Green observa que el cambio de buscar a decidir esas líneas divisorias constituye una revolución conceptual de dimensiones copernicanas. Pero la antigua conceptualización, que equivale a intentar localizar el momento en que el espíritu entra en la máquina, es científicamente insostenible y nada tiene que hacer en la orientación de la política en el siglo XXI.”
    Si esto es así, el “criterio preciso” será de carácter bastante arbitrario. No “científicamente objetivo”.

    2) Lo digo en sentido análogon sí, sin pretender que sea lo mismo. Creo que se entiende la idea.

    Aprovecho para señalarle a Peter que las posibles inconsistencias que hubiere en cualquier otro sector, entre los pro-abortistas por ejemplo, también deben ser enjuiciados de la misma forma. Es decir, las faltas de unos no pueden servir para pasar por alto las de otros.

  17. Albert Esplugas | Jun 10, 2009 | Reply

    Hola Pascual,

    He publicado una entrada en mi blog: ¿Por qué no actuamos contra el aborto como si fuera un asesinato?

    (He intentado enviarte un trackback pero no encuentro el enlace)

    Saludos

  18. Pascual González | Jun 11, 2009 | Reply

    Gracias Albert. Mañana trataré de echarle un vistazo.

  19. jesús zamora | Dec 26, 2009 | Reply

    Me permito enlazaros esta entrada de mi blog, en la que argumentaba en la misma línea que la de aquí:

    http://abordodelottoneurath.blogspot.com/2009/04/los-antiabortistas-no-creen-en-realidad.html

2 Trackback(s)

  1. From ¿Creen realmente los antiabortistas lo que dicen que creen? | Jun 4, 2009
  2. From Nuevos argumentos sobre el aborto (respuesta a Antonio) | filoblog.com | Jun 5, 2009

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