¿Quién es un votante racional?

El viernes, acabando la clase, tuvimos un momento de relajación, y los alumnos (1º de Bachillerato:  entre 16 y 18 años) estuvieron comentando cómo afrontan sus primeras elecciones tanto ellos como otros jóvenes de su entorno. Uno de ellos se quejó de que en su pedanía la gente joven acepta que sus propios padres les preparen el voto. Entonces, otro, de 18 años recién cumplidos, respondió más o menos como sigue:

Mi padre no me dice qué tengo que votar, pero yo votaré lo mismo que él, porque vivo en su casa y me mantiene, de manera que lo que es bueno para mi padre también lo es para mí. Y como no entiendo de política, prefiero adoptar su criterio a establecer el mío propio.

De entrada me sorprendió tanta sinceridad. Después, durante este fin de semana, he pensado varias veces en sus palabras. No calificaría nunca su actitud como la de un votante ideal. Supongo, también, que como profesor, o simplemente como ciudadano más adulto, debo animarlo a informarse sobre la situación política española. Pero también creo, por otro lado, que como votante su postura no es ni mucho menos más irracional que la de muchos de quienes votan libremente,  si bien con una ignorancia de la Res publica tan   grande al menos como la de este muchacho.  Y hay algo más, me temo: él ha racionalizado su propio desconocimiento respecto a la política y ha elaborado un argumento para optar por la mejor opción a partir de su ignorancia: si es bueno para mi padre, es bueno para mí, por lo que si él sabe más que yo, tengo más probabilidades de acertar con mi voto imitando el suyo.

Así que desee el viernes me hago esta pregunta: ¿es mi alumno un votante racional?

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  1. snipfer | Jun 7, 2009 | Reply

    A la hora de decidir si es racional o no, habría que definir antes qué admitimos como racionalidad a la hora de votar:
    ¿Que mire por sus propios intereses? ¿Que mire por los de sus compatriotas? ¿Que actúe guiado por un criterio “macro” a nivel nacional? ¿O a nivel internacional?

    A mi me dan un poco igual los motivos por los que voten a una u otra opción los electores, a fin de cuentas yo tengo muy asumido que la democracia no es dejar que los ciudadanos tomen las decisiones políticas —ni mucho menos que si se les permite tomarlas vayan a acertar en el largo plazo, podemos ver en infinidad de casos que no es así— sino que se trata de descentralizar, a través de las instituciones adecuadas, la toma de decisiones políticas.

    De todas formas, y tratando de responder a la pregunta de manera concreta: sí que lo es. Dentro de sus propias limitaciones, de las que él mismo está al tanto, está intentando obtener la máxima utilidad de su acción. Ahora quizás convendría pasar a la segunda derivada y preguntarnos por su “función de utilidad” que, en este caso, estará bastante influida por la de su padre. Quizás busca que el estado de de prebendas en forma de sanidad, subsidiada, seguro obligatorio de desempleo y una mayor integración de los sindicatos en el Estado. O que el estado bloquee la entrada de competidores en su ámbito profesional desde el estranjero. O quizás sólo quiere que le proteja en negativo de posibles agresiones.

    Curioso lo que hacen por allá los padres.

  2. Juanma | Jun 7, 2009 | Reply

    A mi entender un votante racional sería alguien consecuente con sus ideas (aunque llevarlas a la práctica pudieran perjudicarle de alguna manera). El voto de tu alumno es racional en tanto que sí está respaldado por su ideología (buscar el propio beneficio) y no lo es (racional) en la manera en que no es consciente de cuáles son los motivos de su padre para votar lo que vota.

    Un saludo

  3. Pascual González | Jun 7, 2009 | Reply

    Snipfer, soy consciente de que al artículo le falta una definición sobre qué es precisamente un “votante racional”. Eso, por cierto, daría, no para uno, sino para varios blogs. En todo caso, a mí también me parece que el votante racional es aquel que elige la opción que mejor satisface sus intereses (se puede discutir en todo caso si el individualismo metodológico, típico de la economía, se puede trasplantar sin más a la política, donde también entran en juego convicciones) .

    El problema, claro, es cómo saber qué partido (o qué combinación parlamentaria) es más adecuada para ello. Pero los sujetos reales en el mundo real sólo pueden aspirar a un conocimiento probabilístico (bayesiano, me atrevo a decir). Desde ese prisma, la lógica de mi alumno me parece racional, al menos me parece racional dados sus conocimientos reales sobre política. Más racional, en todo caso, que muchos que toman decisiones sin reconocer su ignorancia y se dejan llevar mucho más fácilmente por eslóganes superficiales o, en general, por criterios “estéticos”. Eso es lo que pienso.

    Por cierto, el primer alumno, el que se quejaba de ese “patriarcado electoral” se refería a una pedanía muy pequeña y bastante rural. No es lo normal, desde luego, cuando pasamos a núcleos un poco mayores. Desde luego mis alumnos de 18 o más suelen tener total libertad en casa para votar lo que quieran.

    Juanma, lo que comentas es un problema apasionante: ¿por qué es más racional votar en aras de la coherencia que en aras de los intereses particulares? ¿Por qué es racional votar contra nuestros intereses si nadie nos garantiza que en mundo de agentes egoístas los demás vayan a hacer lo mismo en vez de votar por sus intereses? Y, además, eso convertiría en racional votar al KKK, por ejemplo, si hablamos de alguien con ideas racistas. Que no digo que no sea racional hacerlo si alguien tiene ideas supremacistas, por ejemplo.

  4. Héctor | Jun 7, 2009 | Reply

    Con la información que tiene de la situación política la respuesta es que sí.

    Otra cosa es el no tener dicha información debiera excluirlo al instante del conjunto de votantes racionales así que yo resumiría la cuestión con que dada su situación su actuar es racional, es un ser racional, pero el estar en dicha situación nos impide categorizarlo no ya como ser sino como votante racional.

  5. Noelpollo | Jun 7, 2009 | Reply

    Yo si que lo consideraría racional, o por lo menos tan racional como los sistemas basados en la delegación de voto, de hecho esto que hace el chaval es lo mismo que hacemos con los políticos, les delegamos el trabajo de la gestión del país, este chaval delga el trabajo de la elección de su voto en su padre en el cual confía para que sepa elegir bien.

  6. Pascual González | Jun 8, 2009 | Reply

    Héctor tu propuesta es muy tentadora. Seguro que más de una y de dos veces todos hemos cuestionado las bondades del sufragio universal sobre bases parecidas: ¿qué valor tiene el voto de quien no sabe ni en qué país vive? El problema que le veo es que la restricción intelectual del sufragio tendría sentido en un mundo donde los votantes estuvieran motivados pro le bien común, y no por sus intereses particulares. Pero como nadie garantiza que los votantes no actúen siguiendo ante todo su propio interés, negar el derecho al voto por insolvencia intelectual equivaldría también a dejarle indefenso frente a la influencia de los ciudadanos con derecho al voto.

    Noelpollo, muy interesante tu apunte. Me inclino a creer que estás en lo cierto.

    Saludos

  7. Elo | Jun 8, 2009 | Reply

    Pascual, no sé si será más o menos racional, sé que a esas edades es normal. Normal votar lo que los padres voten o bien, si eres del cuño muy rebelde, votar justo lo contrario de lo que los padres voten.

    El criterio político, si es que alguna vez se tiene interés en tenerlo, se va cogiendo con la edad y la experiencia. Mientras, más o menos, todos hemos optado por una de las dos posturas anteriores.

  8. Juanma | Jun 9, 2009 | Reply

    ¿Por qué mejor la coherencia a los intereses particulares? Por puro y duro convencimiento. La interpretación de nuestra experinecia histórica no deja lugar a dudas. La tolerancia, el respeto, la igualdad la solidaridad, etc.. son los únicos garantes de una convivencia próspera (por encima de la forma de gobierno).

    Un saludo.

  9. Pascual González | Jun 9, 2009 | Reply

    Elo, nadie pide que un crío de 18 años sepa bien lo que vote. Ni siquiera que entienda que la política le afecta. Como es natural, su mundo son sus amigos, el instituto, su familia y poco más. Pero la anécdota sí es interesante para hacer pensar sobre el problema del “votante racional”. Después de todo, nuestra idea de democracia suele suponer que los ciudadanos somos autónomos y capaces de entender qué partido satisface mejor nuestros intereses. A poco realistas que seamos, nos amos cuenta de que esto no está tan claro. También ocurre que muchoas veces se idealiza al votante que “vota por sí mismo” o que posee “criterios propios”. Pero este paso es estupendo para cuestionar esa retórica, tan habitual pero al mismo tiempo ingenua.

  10. Pascual González | Jun 9, 2009 | Reply

    Juanma, yo no digo que no. Pero le problema es que votar se parece demasiado a la actividad económica: por naturaleza votamos las opciones más adecuadas a nuestros intereses. Pretender que hagamos otra cosa es idealista. ¿Crees que se puede convencer a una mayoría para que vote contra sus intereses? Y además ¿por qué sería deseable algo así? Otra cosa es que determinados “desiderata” se aseguren constitucionalmente, como el sufragio universal, la igualdad jurídica, etc. Pero dadas unas reglas de juego razonablemente justas, ¿se puede pretender que cada uno vote buscando su propio interés? Quiero decir: ¿se puede pretender sin dejar de ser realista?

    Y en cuanto a interpretar nuestra experiencia histórica… las democracias occidentales han funcionado razonablemente bien, y nada hace suponer que los votantes en cada momento no han sido egoístas. ¿O alguien piensa que no lo han sido, que la inmensa mayoría de los votantes no ha defendido su propio interés al votar? Por ejemplo, los profesionales liberales cualificados votan por impuestos bajos, los receptores de subsidios votan por un Estado asistencial fuerte, etc. ¿Qué crees cuando actúan así, sino defender sus intereses?

    La irracionalidad del votante no procede de que vote egoístamente, sino de que a menudo votamos opciones creyendo que son las mejores para nuestros intereses cuando en realidad no lo son, o sólo lo son a muy corto plazo. Ése es el drama, precisamente, de los populismos.

  11. Juanma | Jun 9, 2009 | Reply

    Hola de nuevo.

    Creo que has dado con parte de la cuestión. Si algo tiene de bueno el sufragio universal es que respalda los deseos de la mayoría; pero tiene algunos contras. Precisamente con las elecciones europeas se percibe claramente que, aunque la mayoría es “azul”, (y de ese color se ha pintado a España en el mapa europeo) los porcentajes son muy próximos entre sí y al 50%. La cuestión que se plantea entonces es si uno verdaderamente cree que la voluntad de la mayoría da derecho a aplastar los deseos y aspiraciones de los que han perdido; o si por contra no sería más deseable que las cosas fueran de otra manera, con otro entendimiento.

    La falta de solidaridad es algo muy grave y en España, por ejemplo, la creciente descentralización de determinados servicios básicos (educación, sanidad, …) terminará logrando que el sistema sea injusto aunque solo sea por que ya no es el mismo para todos.

    Una cosa es que uno defienda sus intereses cuando crea que el Estado está siendo injusto con él y otra es el egoismo de querer más y ser más que los demás. Uno está legitimado (o debiera estarlo) y el otro no.

    Un saludo.

  12. Pascual González | Jun 10, 2009 | Reply

    Juanma, yo estoy de acuerdo con lo que dices. Lo único que digo es que no se puede controlar que a la hora de votar la inmensa mayoría de nosotros lo hagamos pensando en nuestros intereses particulares, no en el bien común. Podemos imaginar una nación formada por “votantes ideales” que sí votaran pensando en el conjunto. Pero sería una comuniad imaginaria.

    Es un problema parecido al del liberalismo, cuya clave reside en reconocer que las decisiones económicas están guiadas por el egoísmo para, a partir de ahí, buscar qué sistema puede convertir la conjunción de egoísmos en beneficios para le conjunto. Como dijo Mandeville: “vicios privados, beneficios públicos”.

    ¿Existe tal cosa en política? Seguramente no. Aquí es donde entra en juego el derecho constitucional. Si los votantes son agentes egoístas, para no convertir la democracia en una dictadura de la mayoría deben establecerse ciertas reglas previas que limiten las medidas que dicha mayoría puede imponer. Allí donde las constituciones no tengan éxito en esta función las minorías se verán forzadas a reivindicar sus intereses (o sus derechos, si se prefiere) por medio de protestas.

    Pero es que la política es así de imperfecta.

  13. chosen pessimist | Jun 10, 2009 | Reply

    Muy interesante todos y cada uno de los comentarios.
    ¿Cabría considerar racional la decisión de votar de acuerdo a su padre si su padre no ha votado racionalmente?
    Entraríamos en el juego de acotar el término “racional”. Desde luego, la racionalidad siempre tendrá un componente egoísta, en tanto en cuanto viene determinada por nuestra situación social y de aquello que nos atañe. Partiendo de ahí todo voto es racional y autónomo; ahí está pilar del sufragio universal.
    Será principalmente beneficio propio que se guíe por nuestras inclinaciones, -de hecho el voto es secreto-.

    Las inclinaciones a la hora de votar yo las llamaría: voto de castigo, maximización del voto y voto racional.

    Ya de entrada, parto por no considerar como “voto racional” a las 2 principales fuerzas políticas de este país: dada la situación actual y el descrédito que cosechan durante décadas -ojo sitema político no democrático mientras hablemos de bipartidismo, aunque se piense lo contrario-. Dado que: con este panorama no se fomenta el juego político atendiendo a la diversidad, donde las pautas de actuación entre ambos modelos políticos difieren muy poco en la realidad, donde no se preocupan por hacer llegar al ciudadano dada su posición predominante(y especialmente al desinformado) “el qué se vota”. Podría seguir.

    Veo que el “voto de castigo” y el “voto racional” están muy relacionados. Aunque más bien diría que el término acuñado como “voto de castigo” lo inventaron los 2 anteriores recelosos de sus votantes desencantados, o de simplemente de aquellos votantes que consideran que la “maximización del voto”, en sentido estricto, está en votar de acuerdo a sus principios y no entendiendo -según los manuales- como “voto al menos malo”…
    A pesar de los pesares, quiero consolarme pensando que la inmensa mayoría maximiza su voto para que gane de los “malos el mejor” y no por puro borreguismo. Pero ¿dentro de lo malo es posible rescatar algo bueno?, ¿estamos tan aborregados?

    Ya para finalizar la culpa de la desinformación, de la abstención, etc. no la tienen al completo los ciudadanos (jóvenes muchos de ellos), la tiene la clase política. Hasta cierto punto me cuestiono lo de “tenemos lo que nos merecemos” porque no nos merecemos estar gobernados por decreto por los mismos de siempre sin poder evitarlo. Me recuerda al famoso “todo para el pueblo pero sin ellos” es decir, sólo nos necesitan para que vayamos a votar, contabilizando el 100% de los escaños a pesar de que la participación sea de la mitad.

    Soy joven estudiante, tengo 21 años, tengo la incertidumbre de qué será de mi futuro cuando termine de sacar mi carrera; por un lado se mezcla la desincentivación de ver que hay cosas que parecen no cambiar y que vamos a peor, aunque en contrapartido eso mismo también me incentiva, que las cosas no son fáciles y que se pueden cambiar con esfuerzo. Pero aunque parezca de espíritu revolucionario, soy tan débil como todos al aburguesamiento, donde la única salida que se muestra posible es adquirir el Status Quo y olvidarse de lo ajeno.
    Desde luego, no anestesiado para tener una opinión crítica.

    Mientras que los ciudadanos celebren más las victorias de sus equipos antes que sus derechos, hay cosas que cambiar, será que parece que no hay derechos que celebrar, que las cosas no van a cambiar.

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