El frontispicio del Novum Organum
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Éste es el frontispicio del Novum Organum (la nueva lógica) de Francis Bacon, publicado en 1620. Puede interpretarse como un anuncio de lo que se llamaría “querella entre antiguos y modernos”, que suele fecharse a finales del siglo XVII y circunscribirse al mundo literario.
Una breve nota sobre dicha polémica: los creadores del Renacimiento elevaron la cultura de la antigüedad clásica a canon, y se esforzaron por imitarla con notable éxito. Entre ellos y esa época antigua que veneraban se abría un foso de oscurantismo y decadencia al que bautizaron precisamente con el título de Edad Media, por hallarse entre los antiguos y ellos. La mayoría consideró que los primeros habían dejado el listón de la cultura y el arte en un nivel insuperable. Hasta que en el siglo XVII los modernos comenzaron a defender la idea de que ellos, los hombres del presente (los “modernos”, que eso es lo que significa el término) en realidad habían superado las cimas de la antigüedad. Los partidarios de los antiguos reaccionaron ante dicha opinión para defender la superioridad cultural de los antiguos.
El frontispicio del Novum Organum puede entenderse como un anticipo de la postura moderna frente a los antiguos, muy anterior al debate en el ámbito literario, cuyo inicio suele fecharse en 1687, con la publicación de “Le siècle de Louis le Grand”, de Charles Perrault. Veámoslo.
Las columnas por las que el barco pasa son las de Hércules, que tradicionalmente han constituido el límite del mundo conocido en la antigüedad. Los romanos asociaron al paso entre el Mediterráneo y el Atlántico la leyenda “Non plus ultra” (no más allá). Posteriormente, Carlos V modificó el lema por el de “Plus Ultra” (más allá), para subrayar que los españoles habían superado los antiguos límites del mundo. Francis Bacon utiliza este imaginario para representar el significado de eso que más tarde se llamará “revolución científica” respecto a la ciencia antigua y medieval. Al elegir el tema del “plus ultra” el significado del frontispicio es indiscutible: nosotros, los modernos, hemos ido más allá. O, quizá mejor, “iremos”, en futuro, si atendemos a la leyenda: “Multi Pertransibunt et Augebitur Scientia” (Daniel 12:4): “Muchos la atravesarán y la crecerá la ciencia”. El tiempo futuro y el carácter profético de las palabras de Daniel refuerzan la naturalidad con que Bacon concibe el progreso del saber. Esta confianza la encontramos igualmente en textos contemporáneos suyos del Novum Organum, como la sexta parte del Discurso del método.
Además, la idea del progreso científico está alentada por uno de los cambios de mentalidad propio de la revolución científica, fácil de encontrar en autores como Descartes o Bacon: estos autores comienzan a preocuparse por la ciencia y el método científico como un método de descubrimiento de nuevas verdades (ars inveniendi). Al lector moderno le parecerá evidente algo así, pero no debemos perder de vista que tanto la tradición medieval como los humanistas solían compartir la idea de que no quedaban descubrimientos científicos por realizar, y de que la tarea científica consistía en la presentación racional y sistemática de ese material. Como afirma uno de los mejores estudiosos actuales de la Revolución científica:
En el contexto de la ciencia, al principio causa perplejidad que Aristóteles parezca pensar que la exposición del conocimiento fuera más importante que el descubrimiento de nuevos conocimientos. El hecho, sin embargo, es que existe evidencia de que para Aristóteles el vasto conjunto de las cosas que debían ser conocidas ya lo era realmente, de manera que la tarea más apremiante era la organización y la presentación de estos conocimientos en una forma sistemática y económica. Por desgracia no podemos probar con certeza si Aristóteles sostuvo la tesis de un "final de la ciencia". Ein embargo, sus sucesores medievales y renacentistas, ya le fueran favorables u hostiles a su filosofía, sí adoptaron dicha idea. Todavía en el siglo XVII encontramos una floreciente tradición de manuales aristotélicos. Y los humanistas opuestos a Aristóteles incluso adoptaron una postura más radical: para mucho de ellos, el conocimiento científico se había completado en la antigüedad.
Stephen Gaukroger: Cartesian Logic, p. 23.





Juan | Jun 11, 2009 | Reply
El lema de Bacon es en realidad una modificación de la versión Vulgata de Daniel 12:4