La familia y el Estado.
Archivado en: Reflexiones, política
El malvado Estado de nuevo. Esta vez contra la familia:
Si a pesar de todo siguen existiendo familias "tradicionales", se trataría de destruir la autoridad de los padres, restringiendo su derecho a controlar la educación de los hijos, sus decisiones en cuestiones tan graves como el embarazo de una niña de dieciséis años o legislando sobre las relaciones en el ámbito doméstico (dar un cachete a un niño puede ser ya motivo de perder la patria potestad, al menos temporalmente)
Perdón por comenzar mi respuesta con una anécdota. Hace ya bastantes años tuve una alumna gitana. Cursaba 4º de la ESO y estaba perfectamente integrada con sus compañeros de clase. También se sentía feliz con las tradiciones gitanas de su familia. Hasta que su padre le dijo que no veía bien que siguiera estudiando, que ya había tolerado bastante con permitirle cursar la ESO (16 años) y que bachillerato le parecía todo un exceso. Lo que desconocía el padre es que su hija no sólo pretendía hacer bachillerato como el resto de sus compañeros, sino que soñaba con poder acudir después a la Universidad. Aunque me marché aquel mismo año del centro supe después que acabando 2º de bachillerato hubo de enfrentarse a problemas parecidos con su padre. Hoy sé por Google que Isabel acabó su carrera y que la está ejerciendo de forma más o menos profesional. Ha tenido suerte, desde luego, pero es difícil dejar de pensar cuántas chicas como ella han visto frustrados sus deseos de seguir estudiando.
Cuando los ancaps como CLD contraponen la familia al Estado deberían pararse a pensar ejemplos como el de arriba. Porque como ése, y peores, los hay a patadas. Como tantas veces, el error está en que CLD olvida que que no estamos ante un problema binario (o la familia o el Estado) sino de grado: hasta dónde debe llegar la autoridad de la familia y hasta dónde la acción del Estado. Entiendo, eso sí, que presentado de esta manera el problema deja de tener ese aire maniqueo y espectacular (Estado bueno, familia mala, o al revés). De manera que no se trata de elegir entre la familia y el Estado, sino de algo que realidad es mucho más complejo: deliberar y tomar decisiones sobre los límites de ambas instituciones. Ya ven: en democracia los problema suelen exigir enormes dosis de sentido común. Por ejemplo el sentido común suele decirnos que el Estado debe apoyar a las chicas que desean seguir estudiando frente a la resistencia de sus padres. También suele decirnos que se debe condenar a los padres que someten a sus hijas a la ablación del clítoris, o que pretenden concertar bodas para sus hijos cuando son menores. ¿Y qué me dicen de los estudios de los hijos? ¿Deberían los padres ateos tener la autoridad para prohibir a su hijo cursar religión en el instituto? ¿Debería un padre imponer a su hijo escoger entre bachillerato científico o de humanidades? ¿Y entre bachillerato o formación profesional? A mí me da que no, pero no sé a ustedes. Tal vez CLD y otros comentaristas de su blog piensen que al responder así estoy conspirando para "allanar el camino del socialismo" y que éste entre como los tanques soviéticos en Hungría o en Checoslovaquia. No sé, la verdad.
En fin, sigamos: el sentido común dice igualmente que los padres deben ser libres para educar a sus hijos como católicos, como judíos, como calvinistas o como musulmanes, aunque conforme la educación religiosa de las criaturas se va radicalizando por parte de la familia, el sentido común nos dice que tal vez el Estado debería tener el deber de enseñar a esos chicos que el resto de la sociedad no tiene por qué acompañarles por la senda de una piedad radical. Y con frecuencia nos encontraremos con caso muy difíciles de resolver, en los que las intuiciones del sentido común serán insuficientes, lo cual exigirá un debate complejo. Por ejemplo, cuando se trate de decidir si prohibimos que las niñas musulmanas asistan al colegio con hiyab o con chador. También será difícil tomar decisiones en cuanto a si los padres tienen derecho a permitir a sus hijos asumir ciertos riesgos, como los de torear o los de participar en correfocs. Por no hablar de lo difícil que resulta decidir si los padres pueden impedir a una hija menor tomar la píldora del día después o abortar por propia decisión.
Todos estos casos son problemáticos porque suelen enfrentar principios básicos entre los que nos cuesta elegir (la libertad, la seguridad, la autoridad de los padres sobre los hijos, el derecho a decidir sobre nuestra vida etcétera). Pero si los planteamos de manera honesta deberíamos aceptar que no existen soluciones maniqueas a los mismas, como pretenden quienes los presentan en forma de disyuntiva excluyente entre el Estado y la familia. Ni uno ni la otra: ambos.





Juanma Ferrero | Jun 22, 2009 | Reply
¿Qué tal Pascual? Sobre este tema tiendo a mostrar mis “instintos” más bajos. Y sin embargo, es un problema filosófico de primero orden, completamente central. Por ejemplo, a mí “me acojona” cuando gente como José Antonio Marina dice que educa la tribu entera (la sociedad, y el Estado que conforma la voluntad de dicha tribu completa). O por ejemplo, cuando aparece en algunos libros de Epc, expresiones como papá Estado (que es el que tiene rabo supongo) y mamá familia no deja de “ponerme” muy nervioso.
Creo, por otro lado, que el Estado ha de dar cierto contenido aquello que tenemos en común. Y esto siempre corre el riesgo de meterse en la vida de los ciudadanos, y en esto están de acuerdo tanto conservadores como progres.
Una sociedad debe dar espacio a la polémica y esta debería articularse lo más racional posible. Pero esto que queda muy bonito oscila entre dos polos el de la polémica entre aquellos que escupen sus apetitos y desearían acabar con el otro, y aquellos “ilustrados” que han descubierto en qué consiste la razón y ya sólo queda imponerla.
No sé Pascual yo tengo muchas dudas porque no me gusta jugar a filósofo que “conoce la razón”, y me parece por otro lado que los políticos se meten en estos asuntos no podemos despreciarlos sin más (como creo que ocurre y teniendo muchas razones para hacerlo) - en definitiva lo que más me importa es desbrozar el componente teológico, metafísico afectivo que dirige las acciones tanto en el ámbito familiar como el estatal.
Pascual González | Jun 22, 2009 | Reply
Hola Juanma. Yo soy el primero que ha criticado el optimismo más o menos temerarios de quienes quieren convertir la escuela en la incubadora de la utopía y demás paridas progres. Entre otras cosas porque la mayor parte de las veces esas propuestas me parecen un gasto estúpido de recursos.
Pero existe otro exceso, que es el que trato de denunciar en esta entrada, y es la visión igualmente idealizada de la familia cuando en infinidad de casos no es así. Y ahi el Estado puede cumplir una buena función. Y no porque los hijos sean del Estado o de la sociedad, que no lo son, sino porque tampoco deben ser de los padres como si se tratar de una propiedad con la que pudieran hacer cualquier cosa. Pero en la imaginación ancap, el único que puede echar a perder a un niño es el Estado, y nunca su padre. Ése es el problema o, mejor, la parte del problema que quería tratar.
Un saludo.
Eduardo | Jun 23, 2009 | Reply
Cada vez soy más partidario de lo que llaman Educación para la ciudadanía y planes similares. Una educación jacobina, a poder ser, como pedía hace tiempo Pérez-Reverte. Es absolutamente urgente que el estado proporcione una educación alternativa a la arbitrariedad familiar y de las comunidades religiosas si se quiere prevenir el fanatismo.
Quienes hoy se presentan como “liberales” son simplemente los reaccionarios de toda la vida.
Armando | Jun 24, 2009 | Reply
El maniqueismo amenaza con arrastrarme a su fácil juego, de vez en cuando aparecen tablas aquí y allí a las que agarrarse.
Elo | Jun 24, 2009 | Reply
Probablemente una de las cuestiones más complejas de las sociedades consideradas democráticas o libres. Establecer límites a las competencias, en cualquier sentido, siempre es complicado por paradójico.
El único argumento es el del uso del sentido común, el problema reside en que las instituciones, a fuerza de burocracias y procedimientos, suelen olvidarse del sentido común. Por tanto se aplican leyes y normas sin tener en cuenta las particularidades. Claro que tener en cuenta las particularidades de cada caso exigiría unos recursos de los que es imposible disponer.
La familia ha sido, y sigue siendo, el centro de la conformación de los individuos. Como en tantas otras instituciones se cometen errores, pero es evidente, que los aciertos han de ser más cuando estamos aquí hablando de esto libremente. Por tanto ir en contra de la familia es absurdo.
En cuanto al Estado, lo conformamos todos, nos protege en la medida en que necesitemos protección, nos ayuda en la medida en que necesitemos ayuda y lo hace todo en la medida en que le permitimos que lo haga. En el nombre de los estados se han cometido muchas barbaridades, pero también se ha acertado mucho, y por eso en nuestra sociedad podemos estar hablando libremente de este tema.
Por tanto, confiemos en que el sentido común y la experiencia nos sigan guiando tanto en las familias como en el estado que todos construimos. La paradoja seguirá siendo limitar la libertad en nombre de ésta.
Samuel | Jun 24, 2009 | Reply
Diez millones de proyectos educativos desharian un pais. Las cosas, como todo, son cuestion de equilibrio, un equilibrio donde unas partes controlan a otras. El homeschooling, de hecho ya existe en todas las casas, los padres pueden ensenar a los hijos su religion (entre la casa y el templo) su cultura, sus ideas, sus discrepancias con tal o cual profesor, sus conocimientos, decirle lo que piensan de esto y lo otro, comprar los libros que debe haber en casa, transmitirles todo lo que quieran. Pero a partir de ahi los hijos estan en una sociedad que tiene un proyecto comun con unas reglas de juego que deben compartir con todos los demas, porque una sociedad no cohesionada es imposible y lleva al desastre. Adoctrinamiento? No tiene por que ser asi.
Algunos olvidan que conviven en sociedad, e intentando ampliar su espacio al maximo, reducen el espacio de los demas. La sana ambicion de “que me dejen hacer lo que quiero” es buena, pero puede convertirse en paranoia.