¿Quiénes hacen más el bien? Sobre un sesgo cognitivo.

Seguramente, nuestra percepción del valor moral de los demás y de sus acciones es dependiente de ciertos patrones narrativos. Para entender qué quiero decir, pensemos, por ejemplo, en la siguiente pregunta:

¿Quién ha ayudado a mejorar la vida de más personas, la Madre Teresa o Norman Borlaug?

Bien, todo el mundo conoce a la Madre Teresa, pero es muy probable que si hacemos esta pregunta a nuestros conocidos, la mitad o más desconozcan quién fue Borlaug (invito al lector a realizar la prueba). Y, sin embargo, a Bourlaug se le puede considerar el padre de la revolución verde, uno de los acontecimientos más increíbles de la historia contemporánea, si no de la historia humana. Para hacernos una idea de sus efectos, pensemos que a finales de los años 60, la India y Pakistán casi llegaron a doblar su producción de trigo, y que pasaron de ser deficitarios a la autosuficiencia.

Las cosechas de trigo en Pakistán casi se doblaron, desde las 4,6 millones de toneladas en 1965 a las 7,3 en 1970. Pakistán llegó a ser autosuficiente en producción de trigo hacia 1968. En el año 2000 la producción superaba los 21 millones de toneladas. En la India, la producción se incrementó de 12,3 millones de toneladas a 20,1 millones en 1970. En 1974 la India alcanzaba el nivel de autosuficiencia en producción de cereales. En el año 2.000, la India alcanzó la producción récord de 76,4 millones (…). Desde la década de 1960, la producción en ambos países ha crecido a un ritmo mayor que la población. (…) La agricultura  altamente productiva ha evitado que la India acabara empleando 400,000 Km² de tierra virgen, un área semejante a la del Estado de California o, si se prefiere, el 13% de la superficie total de la India. El empleo de estas variedades de trigo también tuvo un importante efecto en  la producción agrícola de seis países de Latinoamérica, otros seis de Oriente Medio y otros cuantos en África.

Fuente: Wikipedia inglesa, (Norman Burlaug).

Podemos establecer una analogía sin demasiado temor a exagerar: considerados por sus efectos, la meritoria caridad Teresa de Calcuta o Vicente Ferrer son a la revolución verde lo que la artesanía fue a la revolución industrial. Y lo mismo podríamos hacer con otros casos, como la electricidad, la farmacopea, la revolución informática de los últimos 40 años etc.  No hay ejército de misioneros cuyos efectos sobre la vida de la gente se acerquen, desde un punto de vista cuantitativo, a los de esos procesos.

Por tanto, nos hallamos ante un sesgo cognitivo de primera magnitud. Un sesgo que, además, afecta al modo en que percibimos el valor de las acciones. Así, cuando hablamos de filantropía, de solidaridad, de ayudar a los demás etc, las imágenes a las que suelen estar mucho más cerca de la la Madre Teresa que de los ingenieros de la revolución verde. Mi sospecha, que en todo caso no es gratuita, es que la posibilidad de narrativa épica (como la de los misioneros o los voluntarios de la cruz roja o de Médicos del Mundo) tiene un impacto mucho mayor sobre nuestra percepción y nuestra memoria que, por ejemplo, las gráficas y las series de enormes números sobre los efectos de la revolución verde. También la acción física y arriesgada resulta más impactante que, digamos, el trabajo de laboratorio. Si alguien quisiera hacer una película sobre Borlaug, por ejemplo, y quisiera que fuese popular, debería primar las escenas al aire libre frente a las escenas en el laboratorio. Debería poner al personaje ayudando a arar los campos con sus propios brazos, junto a un ejército de famélicos campesinos, más que haciendo cálculos sobre las proporciones de abono que debía emplearse para determinado tipo de semilla. Cualquier lector mínimamente reflexivo con en cine sabrá perfectamente a qué me refiero.

En suma: tendemos a valorar las acciones por el sacrificio que requieren y por la intención con que se realizan, más que por los efectos reales que producen.

Creo que la idea expuesta arriba afecta a una gran variedad de situaciones de la vida. Por ejemplo, pensemos en las insistentes campañas que desde la misma escuela se lanzan a los jóvenes acerca del valor de la solidaridad y del voluntariado. Incurren, en mi opinión, en el mismo sesgo cognitivo del que hablamos. No es que tenga nada en contra de todo ello. Sin duda, pasar unas horas en el hospital dando conversación a un enfermo o hacer compañía a una anciana son acciones insustituibles. De lo que me quejo es de cómo se identifica la filantropía o la caridad (permítanme evitar el término "solidaridad", que detesto) con ese tipo de actividades. Dicho de otro modo: se miden más por el sacrificio que comportan, y por la sensación que producen en sus autores, que por el resultado que obtienen. Porque si midiéramos el servicio a los demás por los resultados, lo cierto es que pocas personas han hecho más por los demás que los científicos y los ingenieros. Mucho más aún desde que la ciencia opera a escala industrial. Diré algo más, tras los científicos y los ingenieros, si no junto a ellos, deberíamos situar a los empresarios y a los banqueros, esas figuras egoístas,  ambiciosas, a menudo obcecadas, ególatras y soberbias. Tanto como necesarias. A ellas se les podrían aplicar las palabras con las que se define a sí mismo Mefistófeles ante los requerimientos de Fausto:

(Soy) Una parte viviente
del poder que
constantemente proyecta el Mal
pero hace el Bien

(Continuará)

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  1. snipfer | Jun 27, 2009 | Reply

    Creo que ya lo comenté en Facebook: con todo este tema existen dos problemas principales:

    1—: La “solidaridad” se ha convertido en un mero mecanismo de señalización. La gente se comporta solidariamente —generalmente a través de proxis y en países lejanos— para señalizar que son gente de fiar. Los resultados no les importan lo más mínimo.
    2—: La gente podrá no reconocer los efectos de las actividades profesionales e interesadas de Banqueros, empresarios et alli, pero lo cierto es que gran parte de la “solidaridad” que se lleva a cabo, tanto en el extranjero como dentro de nuestras fronteras, la desarrollan los cooperantes; actividad que se ha convertido en un oficio más con su horario y salario, el cual suele distar mucho de poder considerarse una limosna. I.E.: Las ONGs puede que no repartan beneficios entre accionistas, pero sus empleados sí los obtienen.

    ¿Puede ser que el concepto de Asociación sin ánimo de lucro lleve a la gente al engaño de creer que son totalmente caritativas?

  2. Pascual González | Jun 27, 2009 | Reply

    Snipfer…

    Lo que dices de la solidaridad como sistema de señales me parece interesantísimo. De hecho es de lo que quiero seguir hablando en posteriores entradas. Tal como yo lo entiendo, la creciente división del trabajo, la industrialización, la opulencia y el ingreso masivo en las clases medias, han restringido enormemente las oportunidades para generar esas señales. El altruismo recíproco descansa ahora en mecanismos sumamente abstractos (una división social del trabajo que no ha hecho más que incrementarse). Eso debe de generar un serio problema de “visibilidad” (”¿cómo demuestro al mundo que soy un tipo altruista si nadie necesita casi nada?” “Necesito a alguien que me necesite” etc.) Comparto tu hipótesis, y creo oque merece una exploración.

    Sobre la profesionalización de los cooperantes y de las ONGs, muchos deberían preguntarse de dónde procede el excedente económico que hace económicamente viable esa estructura.

  3. snipfer | Jun 27, 2009 | Reply

    También cabría pensar sobre las diferentes mentalidades con las que se ataca la cuestión de la caridad.
    En España con nuestro background innegablemente católico parece que hay que ayudar a los demás de manera que 1: la demás gente no lo sepa y 2: nos “cueste” algo.

    Mientras en el el mundo protestante las acciones caritativas tienen benefactores visibles y en una gran parte proceden de los excedentes de grandes fortunas.

  4. Pascual González | Jun 27, 2009 | Reply

    Muy bien visto, Snipfer. Eso daría para largo. Lo que no sé es si la caridad católica es ante todo anónima. Por ejemplo, los pobres en las puertas de las iglesias, o los cepillos públicos en las misas parecen indicar que el católico medio es más generoso cuando le ven. Después si habría fenómenos muy interesantes, como los penitentes anónimos de Semana Santa. ¿Existe alguna racionalidad en ello? ¿algún beneficio no evidente? No estoy seguro, pero si no lo hubiera estaríamos ante un caso muy tremendo: no ganan nada socialmente (las señales son anónimas) ni tampoco ayudan a nadie. Tiendo a pensar que existe “algún truco”, alguna ganancia social que no vemos, pero no sé.

    Por último, hay algo muy curioso. José María Escrivá, en “Camino” tiene un parágrafo (hablo de memoria) donde defiende la muerte del burgués, sosegada y en la cama, como una muerte santa, e insiste después en una santidad sin épica, “burguesa”, la santidad del profesional diligente etc. A pesar de lo antipático que me resulta el Opus Dei, y de lo grotesco que me parece José María Escrivá (youtube), me llama la atención la capacidad de algunos puntos del Opus Dei para adaptar el catolicismo militante a la vida carente de épica de la sociedad industrial. Creo, además, que buena parte de su éxito descansa sobre ese punto.

  5. josephT. | Jun 27, 2009 | Reply

    Hola, entro en el debate por primera vez porque el la perspectiva interpretativa que adoptáis respecto a la “solidaridad” es algo a lo que vengo dando vueltas desde que abandoné -más o menos- la adolescencia y sus querencias ideológicas.
    Opino que a tesis de la solidaridad como distintivo de altruismo es, en general, cierta. Y creo que puede dar algo de luz a asunto fijarnos en el comportamiento de los izquierdistas radicales. En estos casos, la “solidaridad” es sólo uno entre otros símbolos - atuendo, tipo de estudios, actitud vital romántica y aventurera, gustos culturales elevados, opiniones divergentes en temas donde la sociedad prácticamente opina unánimemente..etc- con los que los integrantes del grupo pretenden diferenciarse de la masa que les separa. Son, en definitiva, señaladores de estatus, dirigidos a los demás y a sí mismos. Por utilizar la terminología de Thomas Sowell, pretenden ingresar en la élite de Los Ungidos ( The Anointed ) separándose, a la vez, de la masa inculta ( The Benighted). Como digo, la solidaridad, incluso fuera de estos círculos, podría servir para este mismo cometido. Me viene ahora a la cabeza que el las clases pudientes la ostentación de filantropía ha sido también constante a lo largo de la historia.

    Y acabo con una pequeña observación que quizás venga al caso caso. Un amigo y yo siempre nos maravillabamos de cómo los más “implicados” en tareas políticas progresistas eran los más agraciados físicamente y, además, los que más éxito sexual tenían.

    Un placer

  6. irichc | Jun 28, 2009 | Reply

    Dar gracias a un egoísta que no ha pensado en nosotros a la hora de favorecernos es tan absurdo como dar gracias al sol por calentarnos o a la tierra por alimentarnos. Tu sistema destruye la gratitud, que es un elemento básico de la empatía.

    Te contesto en mi blog.

    Saludos,

  7. Pascual González | Jun 28, 2009 | Reply

    Joseph T, el placer es nuestro. Como le digo a Snipfer, tiendo a aceptar ese punto de vista del ejercicio de la solidaridad como sistema de señales. Por cierto, en ese contexto podríamos invocar lo que dice Bordieu sobre el gusto y los criterios estéticos como mecanismos para permitir la diferenciación social. Es un tema apasionante, sin duda. Aunque luego está también el tema “epistemológico”: po qué es mucho más difícil reconocer lo que Borlaug (o Edison, o von Neumann… o Darwin) han hecho por la humanidad, mientras que resulta tan fácil reconocer a la Madre Teresa o a los voluntarios de las ONGs.

    Un saludo.

    irich, gracias por la respuesta. Voy a leerla. Un saludo.

  8. peter | Jun 28, 2009 | Reply

    Arriesgado e interesante post. Estando de acuerdo en todo lo que se comenta del aspecto social del tema (prestigio, marca diferenciadora de grupo,…) no tengo muy claro lo del tal Norman. ¿Pretendía Norman ayudar a la humanidad o lo hacía por interés propio?, ¿se puede hablar de solidaridad? Esto parece recordarme a Adam Smith y su carnicero? (no recuerdo).

    La conducta de la Madre Teresa es tan importante no tanto por sus resultados matemáticos (¿a cuántos ha ayudado?), lo que huele a utilitarismo, cuanto por el ejemplo que ha supuesto a muchas personas y que es difícilmente cuantificable. Estas conductas, como ver a 4 de Greenpeace salvando ballenas (y no digo si esto está bien o no), acercan al espectador a la situación y tal vez le hacen cambiar.
    Es algo que vemos continuamente y que no debemos menospreciar (aunque esté de acuerdo en que esa especie de mentalidad calvinista es la base del funcionamiento de la sociedad a pesar de estar tan mal vista).

    Es cierto que en nuestro país perdura una rancia visión católica, transmitida a la izquierda, que denigra al dinero y al empresario a los que no ve como fuentes de prosperidad y prefiere acogerse a visiones más milenaristas como la justicia social mundial.

    Por otro lado, interesante sería analizar el tema de los transgénicos.

    Sigue tu blog tan interesante.

  9. Pascual González | Jun 28, 2009 | Reply

    Peter, gracias por tus comentarios.

    Uno los cambios fundamentales que trae la industrialización es que los servicios a los demás, al depender ante todo de la división del trabajo y de un entramado económico (o sea, al emanciparse de la moral) dejan de ser evidentes, se hacen abstractas. Sí: Adam Smith y el tabernero que nos sirve la cerveza por su interés. Esa situación quizá haga que la pregunta sobre los propósitos de Borlaug no sea tan importante.

    Sobre transgénicos… bueno, es un tema apasionante, pero por desgracia no creo que tenga nada interesante que decir sobre ello.

    Un saludo.

  10. Ocean View Hotel | Jun 30, 2009 | Reply

    Este blog es el mejor que he leido los ultimos 4 meses, felicidades me hiciste darme cuenta de este echo tan importante, pero hay que tomasr en cuenta de la cultura, pues a quien no le hablan de la madre Teresa, pero poco se sabe de personas que hicieron su aporte cientifico, pues nustros padres y abuelos casi nunca nos hablan de ello, que buen blog felicidades, espero la continuacion.

  11. Armando | Jul 2, 2009 | Reply

    Como siempre interesantísimas reflexiones.

    Me ha llamado la atención el comentario de irich, si bien todavía no lo ha desarrollado. Entiendo que no se trata aquí de dar gracias en el sentido de adorar a nadie (como si se hace con Vicente Ferrer o Santa Teresa), sino de reconocer una labor y sus efectos, lo cual incrementaría la empatía social hacia esa labor y redundaría en beneficio de la comunidad. Que supongo es lo que esta busca en última instancia via premio-castigo.
    Eso sin contar que el ejemplo Burlaug, la vida Burlaug, satisface a más personas que el ejemplo Vicente Ferrer, la vida Vicente Ferrer.

  12. Pepito Juarez | Sep 15, 2009 | Reply

    Excelente reflexion, nada que agregar solo espero la segunda parte.

    saludos

2 Trackback(s)

  1. From ¿Quién ha ayudado a mejorar la vida de más personas, la Madre Teresa o Norman Borlaug? | Jun 27, 2009
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