¿Debemos educar para el idealismo o para el realismo?
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Una de esas preguntas que me gusta hacer en clase, pero que puede hacerse cualquiera: ¿a quién debemos mayor lealtad en caso de conflicto?
(1) A nosotros mismos y a nuestros deseos.
(2) A alguna comunidad prepolítica (clan, tribu, etnia, comunidad religiosa, banda…).
(3) A la nación (en una democracia liberal).
(4) A la humanidad.
Si respondes (1) probablemente eres un anarquista. Si respondes (2) o (3) eres un realista. Si respondes (4) eres buenista, aunque probablemente, preferirás denominarte "humanista" o, incluso, "ciudadano del mundo".
Bien, algunas ideas sobre todo esto:
- A diferencia de (2) y (3), las opciones (1) y (4) no son realistas. No lo son en el sentido en que son políticamente inviables (no sé hasta qué punto debo argumentar esta afirmación, pero la dejo abierta a cualquier posible debate).
-Muy relacionado con el punto anterior: los anarquistas no se dan cuenta de que en una sociedad sin Estado o con un Estado sumamente debilitado, el resultado no es mayor poder para el individuo, sino para las organizaciones tribales. La verdadera guerra no es entre Estado e individuo, sino entre Estado y tribalismo.
-Una reflexión sobre la llamada "educación en valores". El debate interesante no es sólo si el Estado está legitimado para impartir valores cívicos y políticos o si tal cosa corresponde únicamente a los padres. Resulta más interesante, en mi opinión, preguntarnos por qué en un mundo de estados nación, la educación en valores y las asignaturas como Educación para la ciudadanía, tienden a adoptar un enfoque buenista con cargo al presupuesto nacional. Se quiera o no, todo Estado tienen un "ángulo muerto" moral, que consiste en anteponer la seguridad y la prosperidad de sus ciudadanos a la de los demás. El Estado nación (me refiero a su variante liberal) ha sido eficaz a la hora de superar el tribalismo religioso, étnico, local… Pero no es universalista. Quizá algún día "el mundo" o "la humanidad" pueda constituirse como comunidad política, del mismo modo en que la nación pudo hacerlo. Mientras ese día no llega (y no se trata de un problema de tener o no voluntad de lograrlo) se pueden plantear exigencias morales a los gobiernos, pero no la de que actúen como si su beneficiaria fuera la humanidad, y no la nación.





Armando | Jul 7, 2009 | Reply
Tal como están las cosas últimamente es una pregunta trampa!
En cualquier caso y con la mano en el corazón supongo que respondería (2). Aunque si te digo la verdad no entiendo muy bien a qué te refieres con que la guerra es entre Estado y Tribalismo. Un estado no pretende hacer de la comunidad gobernada una tribu? Si se le deja no se convierte en una suerte de mafia (o tribu si quieres) legitimada y/o legalizada? Por eso mismo que dices del “ángulo muerto”, al final del camino siempre habrá conflictos de intereses entre los distintos estados y, dependiendo de la “moral” (tragaderas en román paladino) de los integrantes de ese estado la cosa acabará siendo más o menos mafiosa (tribal).
Elo | Jul 7, 2009 | Reply
¿Me puedes explicar porqué las respuestas han de ser excluyentes? Yo me debería a mi misma, que me considero formada para comprometerme con mi clan/tribu/etnia, que evidentemente pertenecerá a un Estado con el que tengo derechos y obligaciones que asumir y que, confío, en que luche por los derechos humanos y por la convivencia en paz con el resto de la humanidad y que tenga sobradas razones para entrar en conflicto.
Y todo esto porque si el estado en conflicto fuese el Hitleriano democrático de la segunda guerra mundial, la última de estas afirmaciones no se cumpliría, con lo que no podría apoyar las demás -por poner un ejemplo-.
En cuanto a la capacidad del Estado de educar en valores, sí y sólo sí nos circunscribimos a lo que antes se llamaba “Urbanidad y buenas maneras”, o lo que es lo mismo, las normas de convivencia y los derechos y deberes de los ciudadanos para con la sociedad en la que viven. Precisamente por lo que comentas de la imposibilidad de una educación humanista desde el Estado. Por eso, en otros ámbitos, la competencia debe ser exclusivamente paterna.
Para enseñar a pensar ya está (o estaba) la filosofía.
Pascual González | Jul 7, 2009 | Reply
Aramando, quede claro que cuando hablo aquí de Estado nación me refiero a su variante liberal. Por supuesto, se puede tratar una nación como si fuera una tribu (creo que esta idea es clave, por ejemplo, para entender a el III Reich). Las tribus, igual que la nación establecen con los individuos un intercambio de servicios a cambio de lealtad. El servicio fundamental es el de la protección, ya sea real o imaginaria. Pero las tribus exigen un tributo mayor de los individuos en cuanto al compromiso de éstos.
Cuando pienso en tribus pienso en bandas más o menos violentas (maras latinas, mafias…), pero tambíén en grupos religiosos cerrados, o en comunidades étnicas aisladas culturalmente (en España tendríamos el caso de una parte de los gitanos). Igualmente las comunas, aunque suelen ser menos estables.
LAs tribus en este sentido (salvo quizás algunas comunas, de ahí su inestabilidad) suelen exigir altos niveles de adhesión. Obviamente, el Estado nación y las tribus entran en conflicto con cierta frecuencia. El Estado exige la escolarización de los niños gitanos, desoye las exigencias de los Testigos de Jehová de no transfundir sangre… por no hablar de las bandas violentas. Otras veces simplemente compite con ellas proporcionando bienes y servicios apreciados por sus miembros y que los grupos tribales no pueden ofrecer: seguridad social, pensiones, ayudas sociales.
Bien, quizá en Europa no lo vemos tanto, pero en la medida en que el Estado es débil (un Estado puede ser débil y autoritario a la vez, de la misma manera que puede ser fuerte y liberal) las organizaciones tribales de cualquier tipo tendrán más fuerza, pues muchas personas verán en ellas una alternativa, quizá voluntaria, quizá forzosa, al Estado como proveedor de bienes y servicios. Por ejemplo, muchos inmigrantes recién llegados, sobre todo ilegales, viven más bajo el paraguas protector de redes de compatriotas que del Estado. En Marruecos, grupos políticos islamistas como “Justicia y caridad” recurren a la asistencia y provisión de servicios básicos de los más pobres para ganar “clientes” entre ellos.
Supongo que no hay problema en qué es una tribu en este sentido. Pues bien, me parece dudosa la idea de que los Estados nación (en su variante liberal, insisto) organicen la sociedad de forma tribal. El grado de autonomía individual es mucho mayor cuando se actúa como ciudadano de un Estado democrático que cuando se pertenece a una tribu.
En cuanto a los conflictos entre Estados… hay que tener en cuenta una cosa: un Estado democrático puede ser “kantiano” hacia dentro, pero no hacia fuera, en sus relaciones con otros Estados. La política exterior es hobbesiana y maquiavélica. Por eso mismo el buenismo de pretender que los Estados liberales traten al resto de los Estados con los criterios con que tratan a sus ciudadanos, es inviable.
Un saludo.
Pascual González | Jul 7, 2009 | Reply
Elo, por eso especifico “en caso de conflicto“, y por eso también limito todo lo que digo en esta entrada sobre el Estado al “Estado liberal”. Obviamente, en temas como el de la desobediencia civil, el de la legitimidad o el de la articulación Estado-individuo no es lo mismo hablar de una democracia liberal que de Corea del Norte o el III Reich.
Sobre que la educación en valores se restrinja a la urbanidad… ¿forma parte de la urbanidad, pro ejemplo, enseñar que los hommosexuales no son enfermos, aunque los padres así lo creyeran? ¿O sería un exceso por parte del Estado? ¿Y la información sobre anticonceptivos a adolescentes hijos de católicos ortodoxos? ¿Debe el Estado alentar algún tipo de afectividad nacional entre hijos de integristas para quienes la comunidad política de referencia es la Umma?
Elo | Jul 7, 2009 | Reply
Gracias por tus aclaraciones Pascual. (¡Por Dios, qué gustazo!)
En cuanto a la urbanidad, el Estado debería enseñar que cualquier individuo tiene que ser respetado sin diferencias y que ha de tener los mismos deberes y obligaciones. Punto. Desterrar la gilipollez de la enfermedad/homosexualidad es más función de la sociedad en conjunto que del Estado.
El Estado debe informar a los adolescentes de qué es un preservativo, para qué sirve y dónde está a la disposición del público, pero no sobre su uso en el ámbito moral/religioso, no sobre si es bueno o no usarlo fuera del ámbito sanitario. O al menos no debería dar la sensación de que “como hay preservativos, tírate a quien quieras que no pasa nada” -ahí entras en el plano moral/religioso-.
A eso me refiero con urbanidad y buenos modales: Respeto, educación, leyes, sistema democrático, derechos y obligaciones…
Dejemos también margen a los educandos para sacar sus propias conclusiones cuando lo estudiado choque con lo aprendido en casa. Nos ha pasado a todos ¿no?
José Luis Ferreira | Jul 7, 2009 | Reply
Lo siento, Pascual, pero la pregunta no es buena. Según la leía me venían a la cabeza todo tipo de conflictos. En cada uno de ellos elegiría un número distinto, así que no sé si soy anarquista, realista o buenista.
Además, todo se complica si, en lugar de pensar qué querría hacer yo en caso de conflicto pienso qué querría que la ley dijera. La respuesta no es la misma porque me puede merecer la pena que la ley no me permita una cosa si tampoco se la permite a los demás, aunque cada uno quiera saltarse la ley.
Pascual González | Jul 8, 2009 | Reply
José Luis, el caso que indicas al final me parece justamente un ejemplo de lealtad política al Estado nacional democrático, pues, según lo entiendo, hablas de algo más que de obedecer una ley para evitar una penalización, sino que aceptas que la ley limite tus deseos si lo hace observando el principio de igualdad.
Por lo demás, está claro que nuestra identidad transita desde el individualismo al humanismo más o menos universal según la ocasión. Esto no plantea problemas… hasta que aparecen conflictos. Y entonces, de forma más o menos explícita, tenemos que responder a una cuestión sobre la legitimidad. El muchacho que está en una “mara” latina, por ejemplo, o el testigo de Jehová que no acepta que a su hijo le realicen una transfusión, están ante un problema de lealtad (a la banda, a la Biblia…) en la que no elige al Estado.
De igual forma. quien se manifiesta de forma sincera y pide “papeles para todos” también está eligiendo la lealtad al género humano frente a lealtad al orden del Estado nación. Y quien no acepta que un Estado anteponga, llegado el caso, la seguridad de sus ciudadanos a las vidas de inocentes extranjeros, está también cuestionando la lógica del Estado nación, que supone una ampliación respecto a las tribus de nuestro “círculo de lealtad” pero que sigue establenciendo diferencias entre la comunidad nacional propia y las demás.
Podemos, por ejemplo, pensar en la decisión de Truman de lanzar la bomba sobre Japón. La bomba era, sin duda, una atrocidad en términos éticos, pero el dilema de Truman era el de elegir entre miles -probablemente decenas de miles- de soldados americanos frente a un Japón que prefería morir con las botas puestas (terrible juego de suma negativa, por cierto) y la vida de muchas más personas, civiles inocentes… pero japoneses. Una moral universalista habría mandado elegir la primera opción. La lógica del Estado nacional hizo, sin embargo, que Truman prefiriera sacrificar vidas de civiles japoneses antes que de soldados americanos.
Es a éste tipo de conflictos al que se refiere la pregunta.
Demócrito | Jul 8, 2009 | Reply
Creo, Pascual, que la cuestión no está correctamente planteada. Ya otros comentarios han expuesto sus dudas ante la rigidez de tu clasificación. A mí me gustaría concretarlo.
El Estado de Derecho, desde mi perspectiva, sería la institucionalización y formalización racional (en el sentido weberiano) de relaciones de poder (influencia-dominación) entre individuos y grupos (formales o no) con el objeto de lograr la mejor relación libertad-seguridad-desarrollo individual posible (idealmente). Esto significa que el Estado no agota todas las relaciones posibles ni actúa homogéneamente. El conflicto además es dinámico, y en el intervienen actores y circunstancias diversas. No sólo hay tribus, sino otros muchos grupos intermediarios entre Estado e individuo, al igual que también hay grupos intermediarios entre individuo y “humanidad” que puentean al Estado.
Así, el conflicto se representa de muy diversas formas. Por ejemplo: el Estado puede decidir subvencionar a sus agricultores (de hecho, lo hace). Esto entra en conflicto con la “humanidad”, puesto que empobrece a los productores agrícolas de otros países, pero también con los intereses de muchos ciudadanos que han de pagar más caro un producto, al reducirse la competencia en ese específico mercado. O con otros grupos, que ven detraerse recursos a favor de uno específico. Aquí el conflicto es múltiple y no meramente fundado en la afiliación a una tribu, los intereses egoístas del individuo o valores humanitarios. En este caso el Estado es posiblemente disfuncional y “yo” podría entrar en conflicto con él sin mediar fidelidad alguna, o incluso mediando fidelidad a mi creencia en lo que debería ser un Estado de Derecho.
De igual forma, yo puedo entrar en conflicto con el Estado defendiendo los intereses del Estado y, no “o”, los de la “humanidad”. Por ejemplo, yo me opuse a la intervención en Irak no sólo por motivos éticos, sino porque consideraba que era “peor que un crimen, un error.” Creo que el tiempo me ha dado la razón.
El concepto de Estado es, al fin y al cabo, una estilización que no debe hacernos olvidar su naturaleza relacional. Su interrelación con el resto de agentes es íntima y compleja, el detrimento de un elemento puede dañar al resto. El estado soviético o el nazi demostraron ser muy disfuncionales, a pesar de habérseles ofrecido toda la lealtad, poder y recursos posibles a costa de individuos, grupos y “humanidad”. Desde este punto de vista, el “realismo” implicaría no deber más fidelidad a ningún actor en concreto: estado, humanidad, grupo, individuo… sino en evaluar en cada caso las opciones posibles, tratando de descubrir un punto de equilibrio en que los diversos agentes alcancen la mejor posición posible, sabiendo que están relacionados entre sí.
Finalizo tomando un ejemplo que aduces y me parece ilustrativo, pero al que voy a dar la vuelta. Truman tomó la decisión de utilizar la bomba atómica, pero esto no redundó únicamente en el interés de EEUU. Es de sobras conocido lo destructivo que puede ser el bombardeo convencional. Dresde o Tokio* sufrieron más pérdidas humanas y materiales que Hiroshima, por ejemplo. La invasión de Japón habría supuesto muchas más bajas estadounidenses y japonesas y mucha más destrucción que la opción de lanzar la bomba atónica. Es terrible pensar que lanzar la bomba atómica fue la mejor opción posible dadas las circunstancias, tanto para EEUU como para Japón como para la humanidad, pero la realidad a menudo es así de asquerosa.
* “1665 toneladas de bombas incendiarias cayeron silbando sobre esa ciudad y olas calientes del horno resultante, zarandeó y lanzó a algunos de nuestros aviones hasta 2000 mil pies sobre su altura original. Nosotros quemamos cerca de 16 millas cuadradas de Tokio. Parafraseando al General Power (quien dirigió la incursión)… Fue el más grande desastre inflingido a cualquier enemigo en la historia militar. Fue más grande que el fuego combinado de Hiroshima y Nagasaki. En sólo dos horas hubo muchas más bajas que en cualquier otra acción militar en la historia del mundo.” General Curtis Le May
Pascual González | Jul 8, 2009 | Reply
Demócrito, claro que el planteamiento es una simplificación (”rigidez”). No sólo eso, es una simplificación deliberada. Las simplificaciones se justifican porque aclaran, y aclaran si contribuyen a trazar líneas visibles entre conceptos.
Sobre le Estado de derecho o, mejor aún, las democracias liberales, sobre todo en sus versiones más modernas, después de los años 60, los movimientos por los derechos civiles, el impacto de la contracultura etc. casi cabe todo en ellos, y la mayoría de los ciudadanos no sentimos aceptablemente cómodos dentro de nuestros Estados nación. Por tanto en nuestras sociedades el conflicto Estado-individuo está casi sofocado, o se da con una intensidad muy baja. Lo cual no significa que el anarquismo no exista, o que conceptualmente no se pueda definir justamente como un conflicto de lealtades (porque el post trata de conflicto de lealtades, o de conflictos de intereses) entre algunos individuos y el Estado. No sé cuál es tu edad, pero sospecho que fuiste testigo, igual que yo, de los intensos debates en torno a la insumisión en España. He ahí un conflicto de lealtades entre individuos y el Estado nación, que, en aquel momento, requería el sacrificio del servicio militar. También me viene a la mente la postura de Agustín García Calvo negándose a pagar impuestos. En general, de eso trata el tema de la desobediencia civil: del conflicto entre la lealtad civil y las convicciones morales. Obviamente, debemos tener claro que no hablamos simplemente de evadir impuestos o de “escaquearte” de la mili, sino de convicciones, por más que muchas veces sea difícil distinguir entre unos casos y otros.
El ejemplo de los agricultores… creo que pasa de largo sobre el tema. Por supuesto que la nación siempre es una nación dividida en grupos de intereses. Pero habitualmente esos grupos con intereses egoístas enfrentados no plantean sus conflictos en términos de lealtad al Estado nación, ni tampoco cuestionan la legitimidad del mismo. Tan sólo luchan por lograr mayores cuotas de poder e influencia. Digamos que “son parte del sistema”.
Las “tribus” son otra cosa. Cuando una comunidad gitana -y es sólo un ejemplo sin intención de generalizar- afirma que resolverá un crimen de acuerdo a “sus leyes” y se niegan a colaborar con la policía… entonces es cuando tenemos un problema de lealtad: o la comunidad y sus leyes, o el Estado y las suyas.
El ejemplo de Japón… bueno, la cuestión no es si los bombardeos “convencionales” habrían sido peores que el propio “Big Boy”. La cuestión es que ése no fue -por lo que yo sé- un motivo de peso. Si la bomba hubiera sido mucho peor que los bombardeos, se habría lanzado igual, porque entre lo que se elegía no era entre más o menos víctimas japonesas, sino entre víctimas civiles japonesas y militares norteamericanos. Hemos visto esa lógica muchas veces. Desde luego en Israel, por poner un ejemplo que me resulta cercano: ¿se le puede exigir al Gobierno de ISrael que pondere de la misma forma la seguridad de sus ciudadanos que la de los no israelíes? Quien realice esa exigencia (y es habitual) se está saliendo de la lógica del Estado nación y reclamando criterios “buenistas”. Otro tanto ocurría con los bombardeos de Belgrado a finales de los 90s: los aviones de la OTAN volaban a gran altura para evitar las defensas antiaéreas serbias y reducir los riesgos para sus pilotos, lo que producía mayor número de errores en los ataques e incrementaba el número de víctimas serbias. ¿Se le puede exigir a un Estado que anteponga la vida de civiles extranjeros a la seguridad de sus propios militares? Sinceramente, me parece que eso sería pretender que un Estado nación se comporte como lo que no es.
Y de eso se trata. Ahora bien, puede haber ejemplos ambiguos, y zonas de difícil separación entre los diferentes objetos de lealtad. Sin duda.
Demócrito | Jul 8, 2009 | Reply
“Por supuesto que la nación siempre es una nación dividida en grupos de intereses. Pero habitualmente esos grupos con intereses egoístas enfrentados no plantean sus conflictos en términos de lealtad al Estado nación, ni tampoco cuestionan la legitimidad del mismo. Tan sólo luchan por lograr mayores cuotas de poder e influencia. Digamos que “son parte del sistema””
No puedo estar de acuerdo. Esto es así mientras el Estado sea exitoso arbitrando los conflictos entre diversos grupos y ofreciendo resultados aceptables para cada uno de ellos. Cuando esto no sucede uno de tales grupos, o una alianza de éstos, entrará en conflicto frontal y abierto con el Estado. José Bové puede ser un ejemplo (hablando de agricultura)
Además, el conflicto no tiene por qué expresarse en forma de rechazo de la legitimidad del Estado. Defraudar a hacienda o no cumplir diversas regulaciones son comportamientos que implican conflicto, pero no asunción de ilegitimidad. Puedo considerar legítimo el Estado, pero entrar en conflicto con algunas de sus regulaciones. El conflicto individuo-estado no está sofocado o es de baja intensidad, simplemente está canalizado, de tal forma que el individuo o el grupo tiene más que perder si se enfrenta directamente al Estado que si utiliza los medios institucionalizados de resolución de conflictos.
Lo de las “tribus” es un caso muy específico, pues se trata de grupos que maximizan un factor que consideran esencial para alcanzar su bienestar (religión, costumbres, etc.), lo que impide acuerdos, siempre basados en el equilibrio de factores. Así, las tribus entran por definición en conflicto con cualquier otro grupo. Es decir, la fidelidad a la tribu es garantía de estabilidad intragrupal y conflicto extragrupal. Pero las “tribus” son sólo uno de los grupos posibles. No olvidemos de todas formas que la fidelidad sistemática y acrítica hacia el Estado, aunque éste sea liberal, sigue siendo un comportamiento tribal.
En resumidas cuentas, que una estrategia realista no depende tanto de a qué actor se guarda fidelidad, sino al análisis de la relación entre actores y objetivos en cada momento, aunque sabiendo que algunos actores (tribus) dificultan enormemente el equilibrio y otros (estado liberal) tienen mecanismos que lo facilitan.
Respecto al ejemplo de Japón, sólo puntualizar algunos aspectos. Si fuera totalmente cierto lo que dices (minimizar siempre bajas propias) no se hubiese diseñado un desembarco sobre Japón, se habría arrasado por completo mediante bombardeo convencional (que por otra parte exige muchísimos recursos). Que los EEUU no querían la destrucción de Japón, aunque fuera a costa de sufrir más bajas, se demuestra en la naturaleza de su posterior ocupación. No digo que lo hicieran por bondad, sino por cálculo, los dirigentes estadounidenses preferían un Japón vencido y aliado a un Japón destruido, aunque eso hubiese costado más bajas estadounidenses. La bomba atómica solucionó el dilema: no habría que arrasar el país, no habría que gastar enormes cantidades de recursos en ello y no habría bajas estadounidenses.
P.D: fuí testigo y parte de ese conflicto, Pascual. De hecho, objetor de conciencia. Otro ejemplo de cómo la fidelidad al estado puede hacerle más “daño” que la oposición directa. Si bien la insumisión supuso una propaganda magnífica, uno de los factores que llevó al colapso al sistema de reclutamiento forzoso fué la opción masiva y creciente por la objeción de conciencia, prácticamente imposible de absorber.
Pascual González | Jul 9, 2009 | Reply
Demócrito…
Mi persuasión es que si el Estado falla, tendremos un orden tribal, y sus herederos no serán José Bové, sino algún tipo de tribu violenta. Los talibanes en Pakistán, los narcos en México o en Colombia, los señores de la guerra en Somalia o la mafia en Kosovo.
Dicho de otro modo: José Bové puede ejercer de anarquista y antisistema porque se enfrenta a un Estado democrático, con unas instituciones lo suficientemente refinadas y elásticas como para dar cobijo a elementos tan incómodos como él, incluso cuando lo manda unos meses a la cárcel por arrasar un McDonalds. En cambio, los barrios de la periferia de París, donde la policía -hablo a través de lecturas- parácticamente no entra, o las favelas de Río, o zonas cocaleras de Colombia, por no hablar del Valle de Swat… eso sí son zonas donde las tribus han vencido al Estado o están cerca de conseguirlo.
Bové es un anarquista que se enfrenta al Estado principalemte por medio de la desobediencia, pero no es capaz de generar comunidades tribales en torno a su movimiento, probablemente porque la militancia en movimientos como el suyo procede de clases medias urbanas o de agricultores prósperos, clases lo suficientemente integradas en el resto de la sociedad así como educadas en ideales más o menos “burgueses”. O sea, individualistas. Si mañana por alguna casualidad el Estado francés se colapsara… ¿qué sería de José Bové?
Por eso defiendo que de las cuatro posibliddades planteada en la entrada, las dos únicas realistas (o sea, realmente viables) son una organización social basada en tribus o basada en Estados nación (dejo aparte la posibilidad de Estados totalitarios, teocracias etc).
En lo que sí te doy la razón es en que en el conflicto individual con el Estado, existen grados, y no todos ellos implican una enmienda a la totalidad. Efectivamente, se puede ser insumiso ante el servicio militar y aceptar la autoridad del Estado en los demás ámbitos.
Japón: en efecto, se trató de una ocupación con guante de seda. En general, la actuación de EEUU con los países devastados tras la WWII, incluyendo Alemania y Japón, fue encomiable (tan diferente de la chapuza de Versalles tras la guerra anterior). Pero yo no digo que el Estado nación sea incompatible con el humanismo y la nobleza moral (y menos los Estados liberales y ricos, con opiniones públicas sensibles). Digo que la defensa de la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos está por encima de la humanidad con los demás, y por ello en caso de conflicto, la vida de “tus” soldados está por encima de la de civiles extranjeros. EEUU pudo practicar la nobleza con Japón y Alemania una vez que sus soldados dejaron de estar en peligro.
Es curioso, yo hice la mili convencido, y no sólo por obligación (aunque me fastidió, para qué negarlo). Pensaba entonces que los ejércitos debían ser ciudadanos, como en Suiza o Israel. En fin, cosas del republicanismo del que entonces me sentía cerca. Y, por supuesto, no era objetor de conciencia, porque nunca he sido buenista ni he creído que los Estados nación, y menos con unas fronteras como las nuestras, pudieran permitirse el lujo de prescindir de sus ejércitos. Creo que fui un soldado mucho más idealista que mis jefes, que resultaron ser unos impresentables de narices y unos patriotas de TBO. Cosas de la juventud.
Demócrito | Jul 9, 2009 | Reply
Estoy de acuerdo en que si el Estado Liberal falla normalmente degenerará en un régimen totalitario u autoritario. Si aún éstos, que exigen menos condiciones para ser estables, también fracasan, el resultado es el colapso en forma de un continuado conflicto entre bandas. Pero como comentábamos, se puede luchar por el cambio de estructuras estatales sin dejar de creer que es el mejor (o el menos malo) de los sistemas posibles. Incluso cediendo temporalmente nuestro apoyo a organizaciones supra o infraestatales en contra de las estatales (apoyar una directiva de la UE que pudiera estar en contra de los intereses nacionales, considerando que supondría una mejora a la larga, p.ej) Estoy también de acuerdo en que, de forma estable, actualmente la organización política sólo puede organizarse alrededor del estado o de las bandas, pero la existencia de organizaciones supra e infraestatales, y el apoyo razonado a éstas en función del caso, no sólo es realista sino producente (incluso para el estado)
La mayoría de las veces trato de evitar los juicios éticos, prefiero analizar los hechos y las opciones. No sé si la decisión de ocupar Japón como se hizo fue motivada por nobleza moral, lo que sí sé es que fue una apuesta inteligente a futuro. Y que estaban dispuestos a llevarla adelante incluso a costa de bajas propias. Es decir, que una potencia puede considerar realista (y producente) sufrir bajas propias a cambio de lograr un equilibrio posterior más beneficioso con su adversario, y no meramente lograr su aniquilación.
He aquí un ejemplo de cómo dos visiones pueden ser contrapuestas, pero basadas ambas en un pensamiento realista. Tú decidiste hacer el servicio militar por coherencia con tu idea de cómo debe funcionar el estado, y yo lo mismo. Para mí, la mejor manera de tener un ejército eficaz y menos inclinado a intervenir en política era su pofesionalización (aparte de mi desagrado personal por la actividad y la sistemática militar)
José Luis Ferreira | Jul 9, 2009 | Reply
Sé que es un asunto lateral en la discusión, pero como sale en cada comentario, quisiera dar una opinión distinta.
Se trata del uso de las bombas atómicas en Japón. Desde algunas fechas anteriores a las bombas, estaba claro que Japón acabaría por rendirse y sin tanta resistencia como se ha dicho como justificación.
El problema de EEUU era doble. Por una parte, los rusos se acercaban por Asia. Corrían los americanos el riesgo de que llegaran antes que ellos a Japón o a sus posesiones en Asia. Así que había prisa, no por ahorrar vidas, sino por llegar a Japón.
El otro problema era más a largo plazo, sabido que tras la guerra, no solo emergía EEUU, sino también la URSS. Hacía falta mostrar al nuevo mundo el potencial bélico americano, y su disposición a usarlo.
Las dos bombas cumplían el objetivo. Una solo podía haber hecho pensar que, visto el resultado tan inhumano de la primera, no se atreverían a más. La segunda rompe esa posible creencia.
Demócrito | Jul 9, 2009 | Reply
“Se trata del uso de las bombas atómicas en Japón. Desde algunas fechas anteriores a las bombas, estaba claro que Japón acabaría por rendirse y sin tanta resistencia como se ha dicho como justificación.”
“Las dos bombas cumplían el objetivo. Una solo podía haber hecho pensar que, visto el resultado tan inhumano de la primera, no se atreverían a más. La segunda rompe esa posible creencia.”
No estoy de acuerdo, el gobierno Suzuki, a pesar de estar tanteando posibilidades como la intermediación de la URSS, había rechazado públicamente la Declaración de Postdam. Los “halcones”, que aún dominaban el gobierno, estaban dispuestos a sacrificar “cien millones de Japoneses”. Incluso tras el lanzamiento de las bombas de Hiroshima y nagasaki, sólo la decisión del Emperador Hiro Hito, espoleado por Suzuki, supuso el arrinconamiento de los militaristas, que aún así llevaron a cabo un golpe de estado.
No podemos olvidar la férrea, fanática determinación de los mandos militares japoneses, para los que nada significaba el masivo sacrificio de “issen gorin”, reclutas así llamados por su “coste”: el de enviar una tarjeta de reclutamiento: un yen y cinco rins. El desprecio por la vida de civiles y militares, propios y extraños, era absoluta entre los jerarcas militares japoneses. No creo que haga falta recordar el exterminio de nueve millones de chinos, en su mayoría civiles, los millones muertos en Indochina o el brutal trato recibido por prisioneros de guerra y trabajadores forzados. Tampoco hace falta recordar las operaciones suicidas de batallas perdidas de antemano: Iwo Jima, Okinawa, etc, con un altísimo coste.
Desde esta perspectiva, es lógico que los mandos estadounidenses sospecharan que no alcanzarían la rendición de Japón sin la ocupación (y práctica destrucción)del archipiélago , algo a lo que muchos militares y políticos japoneses estaban dispuestos, a pesar de lo desastroso que hubiera resultado para su pueblo.
Demócrito | Jul 9, 2009 | Reply
Perdón, los datos los extraigo de “Breve historia de Japón”, de Mikiso Hane. “Banderas de nuestros padres” de James Bradley, y “La guerra en el Pacífico…” de Cardona et al.
José Luis Ferreira | Jul 10, 2009 | Reply
El desdén de los mandos por el pueblo y los soldados de a pie me lo creo sin problemas. La conclusión que sacas es plausible, pero no necesaria.
Lo que he escrito antes se basa en lecturas de hace años. Si encuentro las referencias las apuntaré por aquí. Si no, pues nada, sigue siendo una opinión, que me parece también compatible con los hechos.
En cualquier caso, se agradecen el punto de vista distinto y las referencias.
Nadia | Nov 27, 2009 | Reply
Yo defiendo el anarquismo pero no creo que la solución sea el anarquismo universalista clásico sino más bien el de Stirner (anarquismo egoísta) y entre egoístas individualistas no triunfarían los clanes.