Gracias por fumar: los viejos sofistas nunca mueren.

Recomiendo a todos la visión de Gracias por fumar (2005). Desde luego, se la recomiendo a los profesores y a los alumnos de filosofía, porque en ella encontramos como protagonista a un sofista. O sea, a alguien que encajaría bien con la descripción que los filósofos antiguos hicieron de los sofistas.

Nick Naylor se gana la vida como representante de la industria tabacalera americana, y su misión consiste en defender a dicha industria ante la opinión pública. Lo que le hace idóneo para el cargo es su capacidad para persuadir, para argumentar a favor de las tesis más dudosas.

Transcribo uno de los mejores diálogos de la película. A Joey, el hijo de Nick, le han pedido una redacción para la escuela sobre por qué el Gobierno americano es el mejor del mundo. Le pide ayuda ayuda a su padre, y entonces tiene lugar esta conversación:

-¿Lo planteó tu profesora?
-Sí. ¿Por qué?
-Hmmm… escucha (…) me concentraré en el quid de la cuestión. O sea, A. ¿Tiene América el mejor gobierno del mundo? Y B. ¿Qué constituye el mejor Gobierno? ¿el crimen? ¿la pobreza? ¿la enseñanza? En América no son los mejores. Puede que tengamos un gobierno muy entretenido pero…
-¡Papá…! (Con fastidio)
-Perdona… Joey… ¿conoces el término GP?
-¿Gilipolleces?
-Exacto. Gilipolleces. Si me lo permites, es lo único que abordan las preguntas que plantea tu profesora. Porque aunque América tuviera el mejor gobierno no podríamos demostrarlo. ¿Cuánto has de escribir?
-Dos páginas.
-Imposible en dos páginas.
-¿Y qué tendría que escribir?
-Escribe lo que quieras. Escribe… sobre la increíble habilidad de América de obtener beneficios reventando las tarifas y llevándose puestos de trabajo a países tercermundistas, o sobre lo bien que ejecutamos a delincuentes… Escribe sobre eso.
-¿Lo puedo hacer?
-Es lo bueno del razonamiento, que si razonas correctamente nunca te equivocas.
-Papá, si acabo este trabajo en menos de una hora, ¿me puedo quedar levantado?
-Eso es negociar, no razonar.

No resulta muy difícil ver en ese diálogo la sombra de Gorgias:

No hay nada real.
Pero si lo hubiese no podríamos conocerlo.
Y si pudiéramos conocerlo no podríamos comunicarlo a otros.

Un de los ejercicios habituales de los sofistas, era el de pedir a los alumnos que defendieran una opinión para pedirles después que defendieran su contraria. Por ejemplo, que Helena fue la responsable de la Guerra de Troya, y que no lo fue. La idea que hay tras el ejercicio se parece mucho a la de Nick: nada puede demostrarse, pero si argumentas bien siempre tendrás razón: si razonas correctamente nunca te equivocas.

Pero ¿qué ocurre si discutes con otro que razone mejor? Si eres un interlocutor honrado y racional, deberás darle la razón a él. Ésa es la esencia del diálogo racional. Y, en el fondo, tanto Platón como los sofistas lo aceptaban. Pero Platón pensaba que ese proceso podría conducir al descubrimiento de la verdad mientras que para los sofistas quien argumenta ante otros sorteando objeciones e imponiendo razonamientos sólo puede aspirar a tener razón. La diferencia entre estos dos conceptos, alcanzar la verdad, por un lado, y tener razón, por otro, es apasionante. Por ejemplo, si lo que nos moviera es descubrir la verdad, ¿por qué sentimos cierta frustración cuando otro desmonta nuestros argumentos? ¿No deberíamos sentirnos alegres por poder abandonar una postura equivocada? ¿No deberíamos sentir un sincero agradecimiento a nuestro interlocutor?

Y luego está la magnífica frase del final de diálogo: "eso es negociar, no razonar". La negociación se produce al margen del razonamiento, de la validez de los argumentos. Lo que se busca en una negociación es un punto de equilibrio entre las pérdidas y las ganancias de dos o más partes.

Recuerdo hace unos dos o tres años, cuando la última tregua de ETA y la negociación entre el Gobierno y la banda terrorista. Una de las cosas que más me enojaba de aquella situación era el modo en que el Gobierno intercambiaba como si fueran sinónimos las palabras "diálogo" y "negociación". En un diálogo, ambas partes, si son racionales, se comprometen a aceptar el mejor argumento, aunque venga de otro hablante, y aunque tenga consecuencias no deseadas para uno mismo (por ejemplo, implica una limitación de sus aspiraciones). En la negociación, en cambio, de lo que se trata es de convencer al contrario de que no podrá aspirar a más ganancias de las que le obtendrá en cada oferta que realizamos.

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  1. Pedro Pinto | Jul 11, 2009 | Reply

    Acabo de descubrir que soy un sofista. Seamos sinceros, cuando discuto con mi novia lo que quiero es quedarme encima de ella (en el buen sentido… la mayoría de las veces).

    Muy bueno, saludos. Por cierto, la peli es chulísima.

  2. Antonio | Jul 11, 2009 | Reply

    Estimado Pascual:

    a mí también me molestaba sobremanera la falta de consideración por los términos (aviesa, todo hay que decirlo) que esgrimía el partido socialista en la apertura de negociaciones con ETA. No sólo por provocar intencionadamente la confusión entre “diálogo” y “negociación”, sino por oscurecer el sentido del término “negociación” hasta hacerlo irreconocible.
    Esto es, supongamos que me siento en la mesa con un individuo capaz de sacarse un ojo si a cambio logra sacarme a mí los dos (lo que con mis alumnos llamo técnicamente un “hijoputa”). Es obvio que poco voy a poder negociar, porque para hacerlo hay que tener un cierto temor a la pérdida. Y el susodicho está dispuesto a perder con tal de hacer daño.
    En cambio, el “cabrón”, técnicamente hablando también, busca un cierto beneficio y por tanto está dispuesto a dar algo a cambio. Si es muy ducho en sus artes lograra que el coste a su cargo sea el menor posible, y por esta razón en español a veces jaleamos la habilidad del que así negocia con un pequeño gesto de admiración. Al fin y al cabo estamos ante un modelo ético porque, de no estar afectados por una generosidad rayana en la santidad (la del que tiene la suerte de que con él se produzca el milagro del “diálogo”, bien definido por usted), lo normal es que uno busque con ahinco la pericia en la negociación, es decir, que uno quiera ser un consumado cabroncete.

    Por supuesto, en el asunto etarra, las condiciones no permitían ni diálogo ni negociación, siendo estrictos con los términos.

    Un cordial saludo.

  3. Pascual González | Jul 11, 2009 | Reply

    Hola Antonio. Muy bien explicado. Me alegro de comprobar que a otros también os indignaba ese tocomocho semántico de convertir en sinónimos “diálogo” y “negociación”. Por desgracia apenas se escucharon voces explicando la diferencia.

    Un saludo.

  4. Elo | Jul 14, 2009 | Reply

    “No hay nada real”, ya que todo es subjetivo
    “Pero si lo hubiese no podríamos conocerlo”, ya que sólo vemos las cosas desde la subjetividad
    “Y si pudiéramos conocerlo no podríamos comunicarlo a otros”, comunicarlo sí, convencerlos no, ya que su subjetividad no es la mía.

    O al menos, así lo entiendo yo.

    A mi personalmente me encantan los ejercicios sofistas. En algunas universidades americanas son una asignatura, sobre todo para ser abogado o político. Realmente pienso que hay que estar muy bien informado, ser un gran comunicador y bastante inteligente para poder defender una idea y su contraria. Pero que puedas hacerlo, no significa que tengas que claudicar de tus convicciones. Sólo defiendes argumentos no creencias. Por lo que volvemos al punto anterior, en realidad “la verdad” tiene mucho de subjetivo, por muy bien razonado que esté el argumento contrario.

    Que alguien gane en un debate no significa necesariamente que lleve la razón ni que sus argumentos sean verdaderos (véase debate de economía de Solbes y Pizarro en las últimas elecciones nacionales).

    Y eso es lo que hace que negociar no sea razonar, ya que razonar no implica convencer ni llegar a un acuerdo. Pero en una negociación, se busca convencer, aunque finalmente sólo se pueda llegar a un acuerdo válido para las dos partes.

    En cualquier curso de ventas (técnicas de negociación) se puede observar que los argumentos, en realidad, se utilizan en una mínima parte de la táctica empleada y que, en ocasiones, la táctica requiere que se utilicen argumentos a favor y en contra para conseguir el objetivo fijado.

  5. Juanma | Jul 18, 2009 | Reply

    Hola

    Creo que esta entrada enlaza bastante bien con tu entrada anterior. ¿Realismo o idealismo?. Bueno, quizá primero debemos ponernos de acuerdo en ciertos aspectos. Estarás de acuerdo conmigo que para alcanzar la verdad uno debe primero adquirir una primera “opinión” con la que empezar a dialogar. Con el paso del tiempo, de ir “ganando” o “perdiendo” batallas, esa “opinión” se transforma y da lugar a un “criterio” consistente y bastante convincente. Desde mi punto de vista el criterio, por este método alcanzado, es un criterio realista, porque la única cosa capaz de refutar un argumento es la experiencia que poseemos del Mundo (la realidad).

    Ahora bien, imaginemos el posible diálogo que se establecería entre un musulmán y un católico sobre la religión verdadera. Este es sin duda un diálogo idealista porque las conclusiones o argumentos que de él se derivan no se pueden contrastar, pertenecen a otro ámbito distinto. El diálogo en este caso no sirve y esta es sin duda la gran lacra de la humanidad.

    Volviendo al diálogo realista, no está exento de lo que comentas en tu post: Si argumentas bien tendrás razón. Yo estoy de acuerdo con esto hasta cierto punto. La castidad, como dice el Papa, es más segura que el preservativo. Si discutimos en torno a esa idea solamente, perderíamos el diálogo si estamos del lado de los profilacticos. Sin embargo la realidad dice que el ser humano tiene necesidades fisiológicas y que aunque se lo proponga es muy difícil no caer en la tentación conforme pasa el tiempo. Si esto es cierto y uno cae, en ese caso sustentar la postura del Papa es la más arriesgada. Quiero decir con esto que la experiencia manda en el diálogo realista. Que luego se sustenten otras posturas contrarias porque respondan a otro tipo de intereses es diferente. Por motivos económicos o políticos por ejemplo, los coches siguen contaminando, las personas fumando,…

    Un saludo.

  6. Pascual González | Jul 18, 2009 | Reply

    Juanma, supongo que con “realista” te refieres a “racionalista” en un sentido más bien amplio.

    Lo que no acabo de ver es la separación que estableces entre argumentos y experiencia. Predicar la castidad para combatir el Sida, no es que sea un argumento ganador desde un punto de vista lógico pero que después la realidad eche por tierra. Es que es un mal argumento porque no tiene suficientemente en cuenta esa realidad. En ese sentido, el realismo sería una virtud racionalista.

  7. Juanma | Jul 18, 2009 | Reply

    Hola Pascual

    Sí disculpa, no es un ejemplo acertado el que he presentado. Lo que quería decir y creo que ya lo escribí en alguna otra de tus entradas, es que creo que sólo podemos dialogar sobre aquello que podemos tener experiencia y contrastar. Desde este punto de vista argumentar consiste en aportar la experiencia que tu puedas tener al respecto. No sé hasta que punto podríamos denominar a esta postura racionalista porque la lógica no es su punto más fuerte. Tiene más bien un fundamento empírico en el sentido que desde un punto de vista determinado la realidad de las cosas queda perfectamente definida. Por ejemplo (y espero ser más claro esta vez) desde el punto de vista de la salud del individuo fumar es malo muy claramente y sería imposible que alguien, echando mano de la experiencia (no de la demagogia), pudiera convencernos de lo contrario. De la misma manera lo es para la economía que todo el mundo dejase de fumar de repente (por ejemplo si se prohibiera el tabaco). Los distintos puntos de vista son los que alimentan la discusión entre las partes. Ahora sí, lo racional sería que cada individuo velase por su salud (que no quisiese fumar) que creo que es la postura más acertada.

    Un saludo.

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