Crucifijos I. Espacios públicos y espacio institucional
Archivado en: Educación, Reflexiones, Religión

Uno de los argumentos favoritos de quienes defienden la presencia de crucifijos en las aulas consiste en recordar que el derecho de la «sociedad civil» a expresarse libremente en los espacios públicos es un rasgo distintivo de toda democracia. Y es verdad. El derecho a la libertad de expresión permite manifestaciones sindicales, pitadas al gobierno de turno, celebrar la victoria de nuestro equipo en la liga de fútbol o pasear a hombros, vestidos de penitentes, una imagen de Cristo crucificado. En ese sentido, está bien que la «sociedad civil» tome de forma pacífica la calle y exhiba en ella su diversidad y su complejidad.
El mismo argumento ha llevado a muchos creyentes -no sólo católicos- a protestar cuando los llamados «laicistas» exigen confinar las manifestaciones religiosas al ámbito privado. Y tienen razón. Después de todo, si se puede usar la calle para celebrar públicamente la victoria una victoria del Barça ¿por qué no se va a poder celebrar la resurrección de Cristo? El ágora, ya se sabe, es todos y por tanto no es de nadie… o al revés, elijan.
Pero la gran confusión está en el uso del término «espacios públicos», como si el término se aplicara de igual forma a la calle y a los espacios institucionales, o como si éstos fueran una prolongación sin más de aquélla. Porque el espacio institucional es público también, pero lo es de una forma muy distinta a como lo son las calles.
En general, el espacio institucional debe ser objeto de un especial cuidado, por lo que en él los procedimientos son especialmente estrictos y reglamentados. Ese cuidado también pasa por mantener la asepsia simbólica. No diré neutralidad, porque no es exacto decir que los símbolos institucionales deban ser neutros. Por ejemplo, nuestras instituciones no tienen por qué ser neutrales a la hora de expresar la defensa de la democracia, o de la libertad de expresión, o del derecho a la propiedad privada. Mucho mejor que decir de las instituciones que deben ser «neutrales» es considerar que éstas deben ser «canónicas». Porque eso es lo que ellas representan: el canon cívico de un país.
Aquí es donde aparece el problema con los crucifijos. Para empezar, un crucifijo en el aula no es un símbolo haciéndose un hueco, junto a otros símbolos, en un espacio público sin más, sino en un espacio institucional. Y eso es lo que hace muy diferentes una procesión de Semana Santa o una señora con velo en el Carrefour que un crucifijo en el aula o una niña con pañuelo en clase de Educación física. Y mientras los primeros ejemplos son aceptables como expresiones de libertad religiosa los segundos merecerían mejor el nombre de colonización de las instituciones.
Y es que, desde el momento en que se deja expuesto un crucifijo sobre el encerado de una clase (¿cabe pensar, por cierto, en un lugar más privilegiado que ése?) se está generando una contradicción con un principio que en toda democracia debe ser canónico, y es el de la libertad de conciencia para elegir una religión…o ninguna. El verdadero sentido de la libertad religiosa en un Estado democrático no está en la libertad para ser católico y expresarse como tal, sino la libertad para elegir por igual entre muchas opciones religiosas, incluida la de rechazarlas todas ellas. Los creyentes de cualquier religión tienen derecho a la libertad religiosa, y también a expresar libremente sus creencias, incluidos los espacios públicos, pero no en los institucionales. Éstos deben simbolizar la libertad de todos, no la de un grupo de creyentes, ni siquiera si éste es mayoritario, dado que el derecho a a elegir libremente en materia de conciencia y de religión es el mismo para todos. Y la única forma de no contradecir, siquiera simbólicamente, esa igualdad en materia de libertad de conciencia es manteniendo neutrales las paredes del aula e impidiendo que en ellas de canonice lo que sólo puede ser una opción religiosa voluntaria y nunca obligatoria.





Nairu | Dec 7, 2009 | Reply
¿No haces ninguna distinción entre aulas de colegios públicos y privados? ¿Eres partidario de prohibir los crucifijos también en los colegios privados?
Ricardo | Dec 8, 2009 | Reply
La democracia es el gobierno de la mayoría, luego en los países en que la mayoría sea católica, lo democrático es efectivamente llenar los espacios públicos de crucifijos, y prohibir cualquier expresión de otros credos. Por eso no me gusta la democracia.
No entiendo a qué se refiere con lo de los espacios institucionales canónicos. En particular, no creo que los colegios deban ser neutros en materia religiosa, pues la religión es para los creyentes lo más importante de la educación (debiera ser, al menos si fuéramos coherentes). No es solamente una asignatura extra, sino una visión global del mundo que, si bien requiere un espacio especial para ser enseñada.
¿No debiera haber libertad para que cada familia acceda a los colegios del tipo que estime conveniente? Así la libertad estaría en hacer o elegir el colegio que uno desee, y no en impedir o prohibir que se hagan colegios de cierta manera.
Que haya gente que vaya a los colegios con crucifijos significa que, o la gente quiere colegios así (y cambiarlos sería contrario a la voluntad de la gente, una forma de represión) o no hay mejores alternativas en cuyo caso la solución es hacer nuevos que reflejen la necesidad de la gente, y que se cierren los colegios que no consigan atraer a los alumnos.
Imagino que si se siguiera mi línea de pensamiento, acabaría por tener en los colegios proporciones que reflejen las proporciones confesionales de cada país.
Eduardo | Dec 8, 2009 | Reply
“La democracia es el gobierno de la mayoría, luego en los países en que la mayoría sea católica, lo democrático es efectivamente llenar los espacios públicos de crucifijos, y prohibir cualquier expresión de otros credos.”
Con esa concepción puramente cuantitativa de la democracia, lo mismo nos valdría el nazismo o la dictadura del proleteriado.
judas | Dec 8, 2009 | Reply
Ricardo, seguramente seré un liberticida, pero no creo que los padres tengan derecho a enseñar cualquier cosa a sus hijos. Por mucho que digan que lo eligen.
J | Dec 8, 2009 | Reply
“La democracia es el gobierno de la mayoría”
No; la democracia es un régimen en el que la composición de uno o varios de los poderes está sujeta a sufragio, pero donde se observa el imperio de la ley y la separación de poderes. La mayoría puede estar a favor del crucifijo en las aulas o de fusilar al amanecer a los fans de Mecano; mientras sea ilegal o inconstitucional, da lo mismo.
Pascual González | Dec 8, 2009 | Reply
Nairu, en los centros privados me inclino por permitirlos.
El problema más complejo, sin embargo, aparece en los concertados, de donde creo que también deben desaparecer, al menos de Primaria y de la Secundaria Obligatoria. Los concertados están subvencionados por el Estado para garantizar la escolarización de todos los menores, pero no como como un servicio que el Estado presta a los padres católicos o de otra confesión. O sea, en el fondo funciona como una subcontrata.
Por eso los colegios concertados, incluso si son religiosos, deben, por ley, ofrecer alternativa a la religión, porque el concierto educativo no es en primer lugar una subvención de la educación católica o de otro tipo, sino una subcontrata a cargo del Estado para extender el sistema educativo.
En todo caso, entiendo que el tema en los concertados es controvertido.
Masgüel | Dec 8, 2009 | Reply
¿Y los hijos de padres católicos que asisten a colegios católicos no tienen ese “derecho a a elegir libremente en materia de conciencia y de religión”?. ¿Por qué la libertad educativa ha venido a convertirse en la voluntad de los padres?. ¿La libertad educativa no debería significar el derecho de los niños a no ser adoctrinados?.
P.D. Habla un superviviente del bombardeo ideológico en un colegio de curas.
Pedro Pinto | Dec 8, 2009 | Reply
El ateísmo se ha propagado en épocas en que la religiosidad era impuesta, hoy que no cuenta para casi nadie no sé a qué viene este jaleo. El crucifijo se extinguirá por sí solo, atacarlo solo provoca una reacción contraria que exacerba el proselitismo, además de la publicidad que consiguen en los medios.
Yo estudié con los claretianos, con crucifijo y dos misas semanales. Hoy entro en la iglesia cuando me invitan a una boda.
Siesp... | Dec 8, 2009 | Reply
Fenomenal artículo. Simplemente, felicidades.
Los jerarcas católicos exhiben “la libertad religiosa” para imponer sus crucifijos. Menuda contradicción, ¿libertad religiosa? ¿Sólo para ellos y no para los ateos? ¿No tienen suficiente con el inmenso número de iglesias cerradas en invierno mientras los indigentes mueren de frio en la entrada de otro edificio? ¿Hemos de tolerar todos, no sólo los católicos, que nos restrieguen un instrumento de tortura por las narices? ¿No puedo yo esgrimir que se ponga sobre el encerado una silla eléctrica invocando mi “religión voltáica”?
Ya deberían saber que no deben venir a rezar a mi escuela y yo no iré a pensar a su iglesia.
Saludos.
Pascual González | Dec 8, 2009 | Reply
Masgüel,la neutralidad educativa y la ausencia de adoctrinamiento no existen. Nos guste o no, a los hijos no se les educa en la neutralidad para que después ellos elijan sus valores o sus creencias.
Otra cosa sería permitir a los colegios -me refiero a colegios privados sin ayudas públicas- cualquier tipo de enseñanza. Por ejemplo, ningún Estado debería permitir colegios donde se enseñara diseño inteligente en vez de la teoría de la evolución, ni tampoco centros donde se fomentase ningún tipo de supremacismo racial. Ahora bien, entre extremos así y centros -privados, insisto- en cuyas aulas se exhiban crucifijos hay unos cuantos grados de separación.
Javier | Dec 9, 2009 | Reply
La cruzada anticristiana que azota nuestro país está llena de demagogia e hipocresía.
Para bien o para mal, nuestra cultura, y por extensión nuestra sociedad, está llena de festejos/tradiciones/acontecimientos religiosos.
Todos estos “cruzados” se toman vacaciones en Navidad y Semana Santa, acuden a las procesiones en Sevilla, los domingos guardan fiesta, participan en las romerías… la inmensa mayoría de las fiestas populares de los pueblos de España e Hispanoamérica tienen origen religioso.
Sólo les pido que sean consecuentes con sus actos y con sus palabras.
J | Dec 9, 2009 | Reply
Estoy muy de acuerdo con Javier. Hay que reivindicar los orígenes, abajo la iconotropía. Por eso, el que no rinda culto a Mitra y al Sol Invicto, que no se tome vacaciones en Navidad; y el que no crea en ritos de fecundidad ni sea socialista, que no piense en irse de puente el Primero de Mayo. Y como la división tripartita de la sociedad ha marcado Europa más profundamente que el cristianismo, ¿qué tal unas figuritas de Mitra y Varuna, o de Odín, Thor y Freyr, en las aulas, encima de las pizarras?
Menos chorradas, por favor.
Masgüel | Dec 9, 2009 | Reply
Si la ausencia de adoctrinamiento no existe, siquiera como aspiración o aproximación, es porque no somos consecuentes con los principios que decimos defender. Sencillamente excluimos a los niños del “derecho a elegir libremente en materia de conciencia y de religión” para evitarnos problematizar la relación de propiedad que de hecho se da entre padres e hijos. Pues dígase bien claro por una vez: ¡Los niños no son de los padres!. Están a su cuidado, pero no son suyos para hacer con ellos lo que quieran.
En los colegios, toda cuestión abierta a debate en la sociedad, debería explicarse como abanico de posibilidades y evitar la manipulación psicológica en los proceso de formación de opinión.
Pascual González | Dec 9, 2009 | Reply
A los alumnos se les adoctrina hablándoles de derechos humanos, o de la igualdad entre hombres y mujeres, o de las bondades de las democracias sobre las dictaduras, se les está adoctrinando. Y seguramente es bueno hacerlo.
Los derechos humanos, la igualdad entre los sexos o la democracia como forma de legitimar el poder tienen un carácter canónico en nuestro sistema educativo: no son creencias a lado de otras creencias. A mí me parece bien, por cierto, aunque sea adoctrinar, siempre y cuando lo impartido sean principios canónicos, y no alguna de sus interpretaciones sometidas a debate. Por ejemplo, se puede “adoctrinar” sobre la igualdad de los sexos, porque dicho principio forma parte de nuestro canon político, pero eso no implica adoctrinar sobre discriminación positiva, porque ésta es una idea partidista, no canónica.
“Los hijos no pertenecen a los padres”… No es del todo correcto. Deberíamos decir que los hijos no pertenecen sólo a los padres. O mejor, que el Estado debe fijar los límites de la autoridad paterna sobre los hijos. Y aquí entramos en un problema de grados. O sea, de dónde fijamos esos límites. Está claro que no podemos permitir que los padres lleven a sus hijos a madrasas islamistas porque el islam político es incompatible con la democracia. Ni tamppco que en los colegios -incluidos los privados- se sustituya la ciencia por creencias como la del diseño inteligente porque es incompatible con la “ciencia normal” (Kuhn). Lo que no tengo claro es que eso deba llevar a retirar las clases de religión o los crucifijos de los colegios privados, incluso si tales elementos forman parte de un programa de adcoctrinamiento.
O sea: los padres tienen derecho a adoctrinar a sus hijos, aunque no tengan derecho a adoctrinarlos en cualquier cosa.
Masgüel | Dec 9, 2009 | Reply
Es que en mi opinión, incluso el lo tocante a derechos humanos, igualdad entre hombres y mujeres o democracia, las explicaciones deberían incluir las polémicas respecto a su fundamentación y su desarrollo histórico, esto es, hablar de iusnaturalismo, contractualismo, relativismo… y sin prejuzgar a favor de una postura frente a otra.
Porque decir que adoctrinar a los niños es bueno supone decir que los niños no tienen derecho a la libertad de conciencia. Evidentemente la diferencia entre educación y adoctrinamiento es una cuestión de grado, pero precisamente porque en las democracias liberales hemos abierto el espacio a la libertad de conciencia, deberíamos ser mucho más respetuosos con los procesos de formación de la misma y, en todos los casos, primar el derecho del niño a no ser sometido a procedimientos de manipulación psicológica que pretendan cercenar la autonomía individual que en la toma de decisiones les corresponderá como ciudadanos el día de mañana.
Elo | Dec 9, 2009 | Reply
Ya te echaba de menos. Me encanta el tema, porque soy ex-católica practicante, madre y llevo a mis niños a un colegio concertado católico.
Los colegios no son sólo espacios institucionales, aunque la educación sea un derecho constitucional. Porque también es un derecho constitucional -muy difícil de cumplir- el de elegir el centro y el tipo de educación que quieres para tus hijos y que eso te lo garantice el Estado. Por ello, el único sitio de donde se pueden quitar los crucifijos es de los colegios públicos laicos, pero no de los religiosos (concertados en su mayoría) ni mucho menos de los privados.
Luego está el tema de porqué nos estamos cebando tanto últimamente con el tema religión católica, parece que evita pensar en otras cosas, pero nadie habla de separar la religión católica de la cultura católica. Por ejemplo, la medalla de la cruz al mérito X, es un símbolo institucional ¿quitamos la cruz? Menuda sandez. Habrá que ver que muchos de los símbolos y tradiciones católicos que siguen en nuestros días devienen de la tradición cultural y no solamente de la práctica religiosa.
Masgüel | Dec 9, 2009 | Reply
Elo, todo deviene de la tradición cultural. El propio laicismo hunde sus raices históricas en el principio de libre interpretación de la Biblia de la reforma protestante.
Pascual González | Dec 9, 2009 | Reply
No lo tengo claro, Elo. Los centros concertados no reciben dinero del Estado para llenar un vacío de centros religiosos, ni para que presten un servicio educativo a los padres de una detemrinada confesión. Por eso, por ejemplo, la LOE les obliga a ofrecer clases de alternativa a la religión. Tal como lo entiendo ello es porque la concertación no significa subvencionar centros católicos o para católicos, sino subcontratar una red ya existente de colegios privados para garantizar la escolarización de alumnos sin necesidad de construir nuevos centros públicos. Desde ese ángulo, los colegios no se subvencionan por ser católicos ni para dar clase a católicos (o para quienes buscan un centro católico para sus hijos), por tanto es lógico que cumplan con cierta neutralidad en las aulas.
Por cierto, no es ni mucho menos la única condición que deben cumplir. Recordemos el trauma que supuso en muchos centros religiosos el tener que poner fin a la enseñanza segregada por sexos para poder optar a las subvenciones. En Murcia, de hecho. los dos centros del Opus que todos conocemos renunciaron al concierto económico para poder mantener la separación de sexos en sus dos colegios. Y es que cuando un centro pasa a ser concertado, pierde una parte muy importante de su autonomía.
Pascual González | Dec 9, 2009 | Reply
Masgüel, el problema es que por muy neutrales que queramos ser, los niños no crecen en un ambiente neutral, y si no los adoctrina la escuela, ya los adoctrinarán sus padres, la tele, sus amigos, su etnia, su religión etc. No caigamos en la esperanza de que la mayoría de esas instancias respetarán la libertad del futuro adulto para elegir, o que les proporcionen información crítica etc.
Te pongo dos ejemplos (y perdón pro el momento abuelo cebolleta). Dos adolescentes marroquís que le dicen a una jefa de estudios que “una mujer” no es quién “hablarles así” (o sea, echarles una reprimenda no recuerdo ahora por qué). ¡”Una mujer”! Claro que hay que decirles que las mujeres y los hombres tenemos los mismos derechos.
El otro caso: una alumna que afirma no creerse la teoría de la evolución. Obviamente no puedo obligarla a creer, pero creo que la escuela sí tiene el deber de enseñársela, y no de sólo de enseñársela como una opción junto a otras más piadosas, sino de enseñársela como parte del canon científico.
Aunque a veces lo parezca, el relativismo no nos hace más libres. O, si prefieres: la calle puede ser relativista, la escuela no debe serlo.
Masgüel | Dec 9, 2009 | Reply
Si ese estudiante musulman que no acepta la autoridad de una mujer fuese un poco sofisticado podría argumentar que la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer es un desarrollo cultural del occidente cristiano, que el derecho es una convención social, que la universalidad de los derechos humanos es un desideratum y no algo realmente fundamentado.
Y tendría razón, pero tener razón no impediría que la profesora de estudios le replicase que, fundamentada o no, los españoles nos hemos dado leyes que garantizan esa igualdad y en este colegio se cumple la ley.
Claro que Albacete no es Oxford. Pero por pedir…
Desde luego hablo de utopías, pero una cosa tengo clara. En las culturas que tratan a los niños como a adultos, para cuando pasan la pubertad son y se comportan como adultos en todos los sentidos. En el extremo opuesto, cuando desde las instituciones del Estado se trata, no solo a los niños, sino a los propios adultos como a niños, lo que resulta es una ciudadanía infantilizada.
Masgüel | Dec 9, 2009 | Reply
Y de nuevo si la alumna fuese un ratoncillo de biblioteca podría argumentar que aún suponiendo que las especies evolucionan, es perfectamente discutible que la selección natural sea el motor de dicha evolución (como de hecho se viene discutiendo desde la biología evoluliva del desarrollo desde hace varias décadas) y que ante la tierra incógnita que por el momento supone los procesos de autoorganización de los sistemas alejados del equilibrio (con los sistemas biológicos a la cabeza), desechar con desprecio hipótesis formativas distintas a la ortodoxia ambientalista y geneticista (como por ejemplo los campos morfogéticos de Sheldrake) en nombre de una supuesta ortoxia científica es en realidad muy poco científico.
Masgüel | Dec 9, 2009 | Reply
Morfogenéticos. Me he comido una sílaba.
J | Dec 9, 2009 | Reply
Si, podemos empezar enseñándoles las teorías de Sheldrake, y luego ya pasamos a la teosofía y el poder de las pirámides.
Pero es que la cuestión ni siquiera es esa. La escuela no está para ofrecerle un lugar a cada hipótesis y teoría que se plantea en el debate científico, sino para enseñar lo que en cada momento es aceptado por la ciencia y, en la medida de lo posible, que ésta es un saber aproximativo y provisional. Es ridículo pensar que los chavales tienen las herramientas intelectuales para participar en un debate científico; ofrecerles opciones innecesarias sólo genera confusión y alimenta el relativismo y la estúpida idea de que cualquiera está capacitado para opinar sobre cualquier cosa. Una idea que, por desgracia, ya está lo bastante extendida sin que la fomentemos.
Masgüel | Dec 9, 2009 | Reply
¿Y por qué ha de evitarse que, ante la pluralidad de respuestas, los estudiantes lleguen a conclusiones relativistas?. El relativismo es una corriente de opinión tan respetable como cualquier otra. ¿El realismo o el falsacionismo deben recibir un trato preferente frente a otras orientaciones ontológicas y epistemológicas?. ¿A santo de qué?.
Vivimos una cultura crecientemente compleja. Hay que empezar a aprender a pensar y manejar la complejidad desde la infancia.
J | Dec 9, 2009 | Reply
“¿A santo de qué?” A santo de dar una educación que sirva para algo y que tenga algún punto de contacto con la realidad; ya tendrán tiempo de perder el tiempo si quieren cuando sean mayores. Y a santo de contribuir a una sociedad que merezca tal nombre, y de formar ciudadanos y no idiotas -en sentido etimológico y en el otro. De lo contrario, mejor abolimos la escuela pública y nos ahorramos la pasta y estas discusiones.
“El relativismo es una corriente de opinión tan respetable como cualquier otra.” Muy divertido el chiste.
juan4 | Dec 10, 2009 | Reply
A la escuela no se va a pensar; se va a tener algo en lo que pensar… cuando se pueda. Por eso, el problema, no es si en la pared de la clase hay un crucifijo, una estatua de la libertad o nada, sino de qué queremos “catequizar” a los que se sientan frente a ella. Porque, si no queremos catequizar, tendremos que poner más cosas, no quitar las pocas que hay. Los símbolos, religiosos o cívicos, son más “peligrosos” cuando brillan por su ausencia; ya sea por decreto o por pura abstracción. No hay peor símbolo que el irrepresentable, pues esto implica la ausencia de signo, es decir su gratuidad como símbolo.
No creo que deba preocuparnos la distinción entre espacio público y espacio institucional (obviamente incluido en, y dependiente de, el público), sino esa aparente solución que proponen algunos, consistente en reducir todo lo problemático al espacio privado; como si ahí, por pequeño que sea (si es que es), cupiera todo y no fuera a molestar pública ni institucionalmente. Además, incluso dejando aparte (que no se puede) la interrelación entre los tres espacios, su imposible estanqueidad o nebulosa limitación, ¿qué hacemos si lo privado se expresa? ¿Qué utilidad pública e institucional damos a la libertad de expresión? ¿La de ahora, la de tolerancia absoluta: habla chucho que no te escucho?
No sé por qué los estupendos solucionadores actuales opinan (no puede ser más que mera opinión; y de las más meras) que lo más problemático son las religiones y sus complicados catecismos; ¡con lo fáciles —dirán— que son los cívicos! Las religiones, como la economía, la educación o la naturaleza, son complejas, no problemáticas; lo problemático viene cuando hay que casar y poner límites con todo eso, o sea cuando hay que hacer política: organizar, institucionalizar lo público. Nuestros políticos actuales no parecen tener más solución que tirar balones fuera —es decir, dentro de nosotros, a lo privado— o cortar por lo sano. No hacen, sino que deshacen. Y les dejamos. Será que tenemos muchos problemas internos, privados.
irichc | Dec 10, 2009 | Reply
“Por ejemplo, se puede “adoctrinar” sobre la igualdad de los sexos, porque dicho principio forma parte de nuestro canon político.”
Sed consecuentes y prohibid la literatura clásica. En Homero, censurad la sujeción de Hera a Zeus, la prostitución moral de Helena, el sacrificio de Ifigenia, el trueque de Briseida, las malas artes de Circe, los engaños de Calipso y las Sirenas, y la abnegada sujeción de Penélope. Respecto a la homofobia, vais a tener trabajo con Aristófanes, Marcial, Séneca, Suetonio y Tácito.
Es una pena que el canon político case tan mal con el literario.
Pascual González | Dec 10, 2009 | Reply
No veo qué problema hay. Se debe enseñar a Homero… y también la Biblia.
irichc | Dec 10, 2009 | Reply
Siempre que por enseñar se entienda exponer y refutar acto seguido. Porque, de lo contrario, el adoctrinamiento canónico se va al garete.
Victoria | Dec 17, 2009 | Reply
Yo empecé a escribir la respuesta pero se me hizo muy larga y terminé por convertirla en post.
Acá va:
http://victoria-melida.blogspot.com/2009/12/la-religion-publica.html