Crucifijos II. Occidente como coartada.
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Uno de los principales problemas cuando se invoca la relación entre el cristianismo y la civilización occidental para defender, digamos, la presencia de los crucifijos en las aulas es que nunca, o casi nunca, se explica qué se pretende decir con eso. En realidad, es muy difícil encontrar una declaración o un texto donde se vaya más allá del lugar común de que el cristianismo está "en la raíz" de nuestra civilización. O algo parecido. Lo cual nos coloca directamente en el terreno de la vaguedad y la imprecisión.
Desde luego, sería de agradecer que algún autor instalado en el catolicismo político o en la derecha más o menos melancólica se esforzara por aclarar a quienes no pertenecemos al uno o a la otra por qué la exhibición de crucifijos en las aulas es, más allá de una manifestación religiosa, una representación de la defensa de Occidente. Y que lo hiciera yendo más allá de la habitual vaguedad que supone invocar dicho tópico, pues, de lo contrario, muchos seguiremos sospechando que el discurso sobre Occidente no es más que una coartada para mantener la imaginería católica en ese espacio institucional que es el aula. O sea, seguiremos sospechando que el catolicismo político no estaría luchando realmente por la libertad religiosa (la que posee todo ciudadano para elegir y manifestar libremente sus creencias) sino por mantener -o recuperar- cierto lugar en el canon civil que haría del cristianismo -en especial del católico- una opción moral y religiosa privilegiada entre todas las demás, lo que justificaría su presencia, no ya en espacios públicos en general, sino también en los institucionales. Mientras esta sospecha sea razonable -y a todas luces lo es- quienes militan de alguna forma en el cristianismo político deben entender que aquellos que no lo hacemos les exijamos algo más que los habituales mantras sobre el apocalipsis de Occidente o la pretendida eficacia de la imaginería cristiana para apuntalar nuestra civilización. Después de todo, no debe olvidarse que se está pidiendo a los no creyentes, a los no cristianos o a los laicos en general que acepten el símbolo de una religión determinada en un espacio institucional, y que cuando se pide algo así, lo mínimo es hilar fino y argumentar con precisión ante quienes se desea imponer la presencia de símbolos religiosos en un espacio como las aulas.
Por cierto, una voz tan autorizada como Fernando Sebastián, Arzobispo emérito de Pamplona ha dejado clara la pretensión de que los crucifijos no luzcan sólo en los centros concertados, sino también en los públicos:
Los padres católicos no deben permitir que se quiten los crucifijos ni de los centros concertados ni de los públicos





Jose | Jan 6, 2010 | Reply
Pascual.
Aunque reconozco que hay partes acertadas no voy a hablar de las críticas que haces al catolicismo.
Sin embargo supongo que serás algo consciente de que es algo contradictorio presentarte implícitamente como el “filósofo que desvela los engaños de la religión” (parece ser que generalmente la católica) y a la vez mantener tu clara orientación pro-judía.
Cada uno es libre de formarse su opinión pero resulta curioso que despiertes empatía entre los simpatizantes del ateísmo.
Non Sola Scripta | Jan 7, 2010 | Reply
Es muy fácil pensar en varios rasgos definitorios de la cultura islámica, hinduista, judía o japonesa, pero es muy difícil pensar en unos cuantos definitorios de la occidenta. Creo que se debe a que la occidental, precisamente, viene definida por su individualismo, en todos los sentidos.
Es cierto que, históricamente, nuestro respeto al individuo particular viene impregnado del cristianismo (todos somos hermanos y criaturas de Dios, etc.), pero es cierto también que no creo que se pueda ir mucho más allá de semejante vaguedad respecto a lo esencial del cristianismo para Occidente.
Pero forma parte de Occidente, también e irremediablemente, el movimiento de laicización, que junto con el liberalismo económico y sus secualas de industrialización, urbanización masiva, desruralización, etc. se produce desde el S. XIX o antes.
En conclusión: superioridad de lo que podemos llamar cultura occidental sobre las otras: sí, por su mayor respeto al individuo y su mayor éxito demostrado y falsable en la consecución de la felicidad individual; y estoy contigo en que la mayoría de invocaciones de los cristianos a la religión para “apuntalar” la cultura occidental son excusa para mantener signos religiosos en espacios públicos.
Gonzalo Martín | Feb 13, 2010 | Reply
Yo cuando observo la insistencia en el asunto de las raíces cristianas de Europa como fundamento de la formulación de leyes básicas, más su perentoria necesidad de ser explicitada, me pregunto que por qué no se hace lo mismo con Pericles y Atenas. Yo creo que la respuesta nos conduce al absurdo de la primera propuesta.