La reválida como instrumento de inspección educativa
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Con cierta frecuencia se defiende la implantación de exámenes de reválida como una forma de garantizar la formación de los alumnos que pasan a bachillerato. Personalmente no me parece mal la idea, pero además pienso que una prueba de esas características tendría otra bondad que no suele mencionarse: serviría para evaluar el trabajo de los profesores, y en la misma medida, podría servir como incentivo del trabajo docente.
Veamos, uno de los males del sistema educativo, y creo que no de los menores, es la deficiente inspección y evaluación del trabajo docente. Con el actual sistema, la inspección suele limitarse a la asistencia, la puntualidad y poco más. Pero a diferencia del resto de los trabajadores, a los profesores no se nos suelen exigir resultados, y eso es algo que, en mi opinión, roza lo escandaloso. En primer lugar por la dificultad para detectar a aquellos docentes con resultados inaceptables. En segundo lugar, pero no menos importante, porque si no se evalúa el trabajo de los profesores difícilmente podrán éstos tener incentivos para mejorar su tarea, que no es en primer lugar la de dar clase, sino la de enseñar.
Y aquí es donde aparece el nuevo sentido de la reválida al que me refería hace un momento. Y es que la única forma de evaluar el trabajo de los profesores es comprobando cuánto aprenden sus alumnos mediante exámenes independientes (o sea, corregidos y puntuados por terceros) de manera que una prueba así no sólo serviría como mecanismo de selección de alumnos, sino también de control del trabajo de sus maestros.
Por cierto, cada vez que propongo esta idea, suele haber algún colega que me recuerda que el tipo de alumnos varía de unos centros a otros, debido a su diferente extracción cultural. Es verdad, pero me parece que se tata tan sólo de un problema de ajuste: no debería haber problemas en tener en cuenta una variación de resultados acorde con el tipo de centro y con la realidad sociocultural de sus alumnos. Por ejemplo, que los resultados de un centro de la periferia obrera sean peores que los de otros al que asisten hijos de las clases medias profesionales entraría, por ejemplo, dentro lo previsible y el sistema debería tenerlo en cuenta. Pero imaginemos ahora otro caso: un departamento docente (historia, lengua…) obtiene resultados sensiblemente peores que otros departamentos del mismo establecimiento. No sólo eso: también peores que los departamentos de la misma asignatura en escuelas o institutos de características similares. Bien, entonces lo más probable es que alguien en ese departamento no esté haciendo bien su trabajo. La inspección educativa debería dar un toque de atención al docente o a los docentes responsables, incluido el jefe del departamento y el director.
Ejemplos así resumen la idea vengo sosteniendo desde hace ya algún tiempo: los profesores debemos someternos, al igual que la inmensa mayoría de los trabajadores a un sistema donde aparte de un horario, se nos exija el cumplimiento de objetivos. Pero también debemos gozar de un sistema de incentivos. Actualmente, el sueldo de un docente depende de su antigüedad, no de ningún mérito. A lo sumo, debe realizar un determinado número de horas de formación para que le sean computados los sexenios laborales. Pero el sistema de formación adolece de males parecidos al del mismo sistema: no hay forma objetiva de comprobar la utilidad de los cursos, y la mayoría de las veces tampoco el aprovechamiento de los mismos por parte de los docentes más allá de su asistencia a las sesiones. Eso si es que dichos cursos no constituyen verdaderas estafas, como cuando los centros de formación programan cursos tan poco justificables como los de programación neurolingüística a los que me refería hace un tiempo.
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- From Tweets that mention La reválida como instrumento de inspección educativa | filoblog.com -- Topsy.com | Jan 27, 2010




Demo | Jan 26, 2010 | Reply
Yo, mirando en los sistemas de diversos países, ya me había interesado por este tipo de controles “comunes” a profesores, centros y alumnos. En Japón o Corea son habituales. En mi opinión son imprescindibles, más aún si queremos reformar el sistema de enseñanza y conocer su progreso. Además también son garante de igualdad, ya que sacarían a la luz el posible trato de favor ofrecido al alumno en centros o departamentos inclinados al aprobado masivo. En mi opinión, este tipo de exámenes deberían ser de alcance estatal y realizarse anualmente a lo largo de todo el ciclo educativo (en la universidad se haría por materias, no por curso). Desde luego, es fundamental que el profesor y los alumnos vean premiados los buenos resultados.
José Luis Ferreira | Jan 26, 2010 | Reply
Soy un defensor de los exámenes estandarizados por todos los motivos que alegas. Como sabes, en nuestro sistema educativo y en nuestra tradición, a los profesores no les gusta ser evaluados y pondrán toda clase de problemas. Serán siempre excusas.
Otra manera de controlar las posibles diferencias entre los alumnos y no achacarlas al profesorado puede ser medir la diferencia de nivel antes y después de pasar por la asignatura, el curso o la unidad de medida que quiera establecerse. Serán mejores los que proporcionen mayor “valor añadido”.
Un saludo.
andrés | Jan 26, 2010 | Reply
¿Qué es lo que quiere el sistema? ¿Qué resultados nos van a exigir? ¿Mayor número de aprobados o una mejora en el conocimiento, en las capacidades de nuestros alumnos?
En Andalucía ya se está aplicando el famoso Plan de Calidad, que sólo sirve para que los profesores que se han acogido a dicho Plan lleguen a cobrar cerca de 3.O00 euros más al cabo de 3 años. Una subida encubierta por no hacer nada. ¿Qué diferencia tienen estos centros de calidad con los “normales” o “tontos” que no se han acogido al famoso Plan? Ninguna. Incluso los que no tienen Plan de Calidad son torpedeados por la sacrosanta Inspección educativa para evaluar sus “rendimientos escolares”. ¿Qué le interesa a la Administración? ¿Que nuestros alumnos aprendan más y mejor o que aumente el número de aprobados para quitarnos de la cola del Informe Pisa?
Entiendo la buena intención de la “reválida”, pero dejemos de ofrecer nuevos instrumentos para atornillarnos y ponernos en el ojo del huracán, del que por desgracia, últimamente estamos.
Saludos.
Pascual gonzález | Jan 27, 2010 | Reply
Perdón por la tardanza.
Andrés, a mi modo de ver los mecanismos de control y evaluación del sistema educativo (hablo de secundaria porque es lo que ambos conocemos) están mal diseñados, pero eso no significa que no existan buenos mecanismos, sino tan sólo que los que existen no funcionan. Así que habrá que preguntarse porqué.
Aunque habría muchos puntos que tratar, para no eternizarnos, creo que las razones por las cuales los controles y la evaluación del sistema no funcionan son, en primer lugar, que suelen realizarse desde dentro del centro: jefes de departamento, equipos directivos… y hoy por hoy esos cargos no tienen autoridad -ni incentivos- para abordar cuestiones de calidad. Lo normal es que sean compañeros, en una relación bastante horizontal con aquellos a quienes deben controlar. Ni se les piden cuentas por la calidad de la enseñanza de sus centros o departamentos ni, desde luego, les pagan para compensar esa tarea.
La otra razón es la ausencia de pruebas independientes (evaluadas por terceros) gracias a las cuales obtener pruebas fiables de la calidad de la enseñanza. Algo así sólo lo puede proporcionar un sistema de exámenes corregidos “fuera de casa”. Los típicos planes de calidad fallan porque no son auditorías externas, y porque prescinden de los datos más importantes: el rendimiento de los alumnos.
Distingues, por otro lado, entre conocimientos y calificaciones, entre aprender y aprobar… Bueno, los exámenes tienen un margen de error, pero es mejor una medida aproximada que ninguna. Después de todo, es lo que también hacemos nosotros para evaluar a los alumnos: examinarlos, sabiendo que sin ser una medida perfecta, es una aproximación lo suficientemente útil. En cualquier caso, mucho peor sería renunciar a evaluar el sistema porque los instrumentos de evaluación no son perfectos.
Un saludo.
Pascual González | Jan 27, 2010 | Reply
Me parece una buena estrategia, José Luis. Todo lo que sea afinar los mecanismos de evaluación, tanto discente como docente, debe ser bienvenido.
Un saludo.
Burke | Jan 28, 2010 | Reply
Los sistemas de incentivos me parece interesantes, pero en ciertos sectores tienen la mala costumbre de convertirse en perversos, generalmente porque se implementan mal, probablemente porque implementarlos bien es poco menos que imposible.
Me imagino sin mucha dificultad a profesores y centros intentando deshacerse de alumnos que bajen el rendimiento académico, aumentando la asimetría de la oferta educativa.
Preferiría que los profesores en vez de funcionarios fueran personal de cada centro, responsabilizando por tanto a la dirección ejecutiva de su rendimiento (y eventual despido), no a un etéreo exámen que provocaría efectos colaterales poco deseables y dudo que fuera capaz de lograr que el profesor en cuestión cambiase su sistema de enseñanza o buscase mayor rendimiento.
Pascual González | Jan 28, 2010 | Reply
Burke, de hecho a mí no me parece incompatible dar poder a los centros para contratar a profesores al mismo tiempo que evaluar a esos mismos centros mediante exámenes externos. Además, si a los directores se les exigen resultados aceptables ne dichas pruebas, eso les debería disuadir para contratar con criterios endogámicos, nepotistas etc. Obviamente, para ello habría que crear un cuerpo de directivos de centro muy diferente al que existe hoy día: serían gerentes muy bien pagados y con enormes responsabilidades. Ello, sin duda, se traduciría en una presión mucho mayor sobre el profesorado. A mí personalmente no me parece mal, aunque está claro que la oposición tanto de los sindicatos como de la mayor parte del profesorado actual, para el que la idea de rendir cuentas de su trabajo es poco menos que sacrílega, sería numantina.
La objeción que planteas: la búsqueda de coartadas por parte de los centros para deshacerse de los estudiantes con peores resultados es acertada, pero creo que los incentivos no sólo deben contemplar que los alumnos brillantes saquen calificaciones excelentes, sino que los alumnos con más dificultades mejoren o incluso que alumnos con grandes problemas, tanto académicos como de integración o familiares no abandonen. Como decía José Luis Ferreira más arriba, se trata de ver qué rendimiento tienen los alumnos al comenzar un curso y cuál poseen al finalizarlo. O, si quieres, no hay por qué exigirle los mismos resultados a todos los centros porque los alumnos varían de unos a otros. De lo que se trata es de que los centros evolucionen a mejor, o de que no retrocedan en sus resultados.
En cuanto a la dificultad de los profesores para cambiar de método… bueno, la experiencia me dice que muchas veces el problema no es que no posean método, sino que se desentienden de realizar bien su trabajo porque carecen de incentivos.
Lo que desde luego me parece claro, en fin, es que aprobar una oposición no es una garantía de que una persona sea buen profesor o se esfuerce por serlo durante toda una carrera laboral.
Borja Contreras | Feb 1, 2010 | Reply
Estimado Pascual, si me permites, un par de observaciones:
La idea en sí misma no es mala. La dificultad para llevarla a cabo de forma que no resulte perniciosa es, sin embargo, muy grande. El primer problema es establecer los objetivos. En este primer punto ya tenemos una piedra de toque importante. Las pruebas deberían ser objetivas, es decir, medibles, y eso nos deja sin medir todo lo no medible que hay en nuestra disciplina. Un buen comentario de texto no es precisamente objetivable de la misma manera que lo es una prueba tipo test.
Por orto lado, debemos considerar que trabajamos con “material humano” lleno de emociones y altibajos que difícilmente permiten objetivar el “input” con el que contamos a la hora de evaluar el “output”.
Por otra parte, la administración -y tú conoces de sobra esta comunidad autónoma, aunque no me cabe duda que otras operan de forma similar- no es precisamente limpia en sus actuaciones. Planteas una posibilidad de difícil aplicación en un mundo normal, pero llena de peligros que llevan al pánico en esta realidad concreta.
Desde mi punto de vista todos los defectos que tiene la figura del funcionario se justifican con su mayor ventaja: la independencia. En un sistema de evaluación de objetivos perderíamos totalmente nuestra capacidad para aplicar en cada momento el sentido común, libres de las cargas ideológicas de los gobiernos de turno que son quienes, hoy por hoy, manejan a su antojo a la inspección educativa.
Creo que por el contrario debería existir primero una inspección profesional y suficiente, técnica, que deba su puesto a unas oposiciones libres y competitivas, no a ningún favor político. Es decir, una inspección de nuevo funcionarial y libre de condicionamientos políticos. Sólo así podría uno confiar en su labor inspectora.
Desde luego, sin una base así, yo defenderé la situación actual a pesar de proteger a mantas varios y desahogados diversos. Es el último reducto de independencia que queda en el sistema educativo y su pérdida significará el completo dominio de los partidos políticos en él.
Manuel | Feb 8, 2010 | Reply
Me parecen muy interesantes las opiniones que muestras en el blog y el carácter amplio y no sólo educativo del mismo. Te invito a que conozcas el blog que utilizo en mis clases http://blogdetica.blogspot.com/
Un saludo cordial.
Manuel Sánchez
Javier Solera | Feb 22, 2010 | Reply
Me alegro mucho de encontrar una propuesta como la de este artículo procedente del profesorado, y me parecen muy interesantes las opiniones vertidas en los comentarios.
Como alumno de Ciclo Formativo de Grado Superior, sólo puedo denunciar que la situación derivada de la absoluta y total ausencia de controles al rendimiento del profesorado es poco menos que catastrófica.
Usted alude a los controles sobre puntualidad y asistencia; no tengo conocimiento del estado de cosas en ESO y Bachillerato, sí puedo decir que en CFGS y otros Estudios Superiores la situación es lamentable. El absentismo laboral entre el profesorado es verdaderamente dramático y esto es algo que pagamos los alumnos con nuestra formación.
La ausencia de control, además, permite que gran parte del profesorado haya optado por entender el sistema como un gestor de vacaciones pagadas permanentes, derivando en un grave problema moral, por un lado con la consecuencia del grave déficit formativo de los futuros profesionales que somos los alumnos, y por otra parte, en la injusticia que supone para gran parte del personal docente que cumple con su trabajo cobrar un mismo sueldo y disponer de las mismas condiciones que otros compañeros que no realizan sus obligaciones sin ser sancionados por ello. Y esto tiene su origen en el hecho de que los mecanismos de control, escasísimos, pertenezcan al mismo centro. Una queja por parte del alumnado sólo reviste en represalias, mientras que se pone al profesorado en la difícil situación de ser juez y parte.
En mi opinión, los alumnos necesitamos, sobre todo en Estudios Superiores, examenes estandarizados que nos permitan ser evaluados de forma objetiva, terminando así con graves problemas endémicos del sistema, como el favoritismo o el bajo rendimiento laboral de parte del profesorado.
El tema del absentismo laboral, gravísimo también, es harina de otro costal.
Espero no haberme extendido demasiado. Saludos cordiales.
peter | Feb 23, 2010 | Reply
Lo que se plantea es necesario y lógico. Cómo hacerlo es la cuestión. De hecho nuestro bloguero navega sin fijar claramente puerto.
Un examen tipo PISA o un “unidad de evaluación” de carácter global no se fija específicamente en saberes muy concretos por departamentos sino en “competencias”. Serían necesario exámenes tipo PAEG, algo realmente terrible que tiende a encorsetar lo impartido con vistas a obtener buenos resultados. Se debería impartir todo el temario con sus contenidos completos…
El peligro lo plantea acertadamente Borja. Estoy con él a pesar de que eso suponga que muchos sigan haciendo lo que quieran. La independencia de la que disfrutamos es un valor enorme que poco a poco se va perdiendo en un mar de burocracias que tratan de hacer más objetiva la enseñanza y sus resultados. Hacedores de papeles.
Por otro lado, me encanta ese planteamiento de gerentes que evalúan el trabajo en función de exámenes anuales y % de suspensos. ¡Qué tranquilidad la de ese profesor convertido en fresador!