En mi centro marcamos el cambio de clase con tres minutos de música. Cada semana suele ser un tema. Hoy, de forma un tanto sorprendente -o no- los responsables han elegido Another Brick in the World, el famoso tema de El Muro de Pink Floyd. O sea, un hito de la contracultura y una denuncia de la escuela como instrumento de manipulación infantil: Hey, profes, dejad a los niños en paz.
¿Es la escuela que se hace contracultural (con consiguiente desastre que ello anuncia)? ¿Es la contracultura, que se ha sido domesticada, asimilada y convertida en una instancia oficial? ¿Es el esperpento hispánico de no saber inglés y no habernos enterado del significado de El Muro? Todo es posible, incluida la combinación de alguno de éstos o de otros elementos.
En cualquier caso, me ha chocado la elección musical. Principalmente porque a menudo reflexiono sobre algo que no suele citarse cuando se habla de la degradación de la escuela, y es que, desde hace ya algún tiempo ésta ha pasado a estar administrada, en gran medida, por dos generaciones educadas por la escuela de su tiempo pero igualmente fascinadas por la contracultura, que denunció la institución escolar como una fábrica de autómatas al servicio de un capitalismo siempre alienante o de la sociedad se masas.
Lo cierto es que pienso en esta contradicción cada vez que charlo (o discuto, o escucho) con profesores que aún parecen rejuvenecer recordándome que ellos se implicaron contra el sistema, o que hicieron (o quisieron, o creyeron hacer, o les contó un primo mayor) el bendito mayo del 68. Y ya se ve: hoy administran el chiringuito académico, y entre álgebra y geografía, hacen sonar El muro en el templo. ¡Santa cofradía del complejo, (a la que tal vez yo pertenezca igualmente)!
Hace cuatro siglos, Descartes planteó uno de los problemas centrales de la filosofía moderna: la relación entre el alma y el cuerpo. Si el alma es una cosa inmaterial y el cuerpo una máquina, un entramado de ruedas, resortes y engranajes (aunque mucho más sutiles que aquellos de los ingenios construidos por el hombre, dado que han sido creados por un ingeniero mucho mejor con materiales mucho más finos), si esto es así, digo, ¿de qué manera el alma puede influir en el cuerpo? ¿cómo es posible que una máquina responda, pongamos por caso, a la orden emitida por el alma -inmaterial- de levantar un brazo? Si nuestros cuerpos son máquinas, ¿quién las gobierna, las leyes de la mecánica, como al resto de la materia o una mente inmaterial dotada de voluntad y capacidad de pensar?
(Escena de Cassanova, de Felllini).
La historia de la filosofía moderna es, entre otras cosas, un intento de resolver este problema. Y lo excéntricas y contraintuitivas de muchas de sus soluciones parecen un indicador de lo difícil que resultaba abordarlo.
Spinoza
Spinoza, por ejemplo, dijo que en realidad, el alma y el cuerpo eran parte de la misma naturaleza. Podemos decir que es la visión que hoy triunfa -creo- de la mano de Darwin, las neurociencias y, en general, el naturalismo y el emergentismo. O sea, la idea de que la conciencia es un mecanismo que emerge de estructuras que son ellas mismas inconscientes. Y lo hace de forma natural.
Berkeley, Matrix y los cerebros en cubetas
Berkeley concluyó que la materia es un ilusión o, mejor, que no existe como algo independiente de la mente, de las percepciones. Ser es ser percibido: si al teclado sobre el que estoy escribiendo lo despojamos de aquello que percibo de él (su color, su olor, su textura…) ¿qué queda? Nada.
Hay, por cierto, una escena de Matrix que resume estupendamente el argumento (la recrearé de memoria, a riesgo de alterar algún detalle). El traidor al grupo de Morfeo regresa a Matrix para vivir una vida llena de comodidades. Una vez allí se hace servir un delicioso filete. Él sabe que el filete no es real, que es un conjunto de percepciones inducidas por una máquina a la que su cuerpo está conectado. Y lo dice: sé que esto no es un filete, pero sabe como un filete, huele como un filete, tiene la textura de un filete y, al comerlo, me produce el bienestar que suele producir comer un filete. Así pues: ¿cuál es la diferencia entre un filete real y le conjunto de sensaciones-filete inducidos por Matrix? Eso fue lo que descubrió Berkeley, precisamente: que nuestras percepciones, nuestra experiencia, en la medida en que son estados mentales, serían indistinguibles, tanto si éstas las produce una realidad exterior, material e independiente de nosotros, como si fueran percepciones producidas directamente por Dios (Matrix se parece al Dios de Berkeley: es un inmenso y potentísimo servidor de estados mentales).
El argumento de Berkeley procede en realidad del siglo XIV, de Guillermo de Ockham. Aunque eso lo dejaremos para otra vez. A su vez, ha tenido en nuestros días una reformulación que ya es clásica: los cerebros en una cubeta, de Hilary Putnam.
Leibniz y la armonía preestablecida
Pero, sin duda, la solución más excéntrica de todas es la de la armonía preestablecida, formulada por Leibniz. Trataré de traducirla a un lenguaje sencillo: imagina que tu cuerpo y tu mente existen en el mismo habitáculo (tú) pero no se tocan. O sea, la mente no puede actuar sobre el cuerpo, y, de hecho, no lo hace. Un momento, pero eso va contra la intuición básica de que cuando mi mente ordena a nuestro brazo que se levante, éste obedece. Ergo: debe haber algún tipo de relación entre ellas. No, dice Leibniz. En realidad se trata de la ilusión de que el brazo se levanta porque la mente se lo ordena, pero no es así. El brazo no se levanta debido a una orden procedente de la mente, sino que la orden de la mente y el movimiento del brazo, en realidad, coinciden en el mismo tiempo. Y eso nos hace creer -comprensiblemente- que la causa del movimiento está en la orden. Pero, ¿cómo es posible que coincidan? Bien, porque Dios, desde la eternidad, conoce todo lo que van a hacer nuestras mentes: todos sus pensamientos, todos sus deseos, todas sus experiencias… Y después ha creado el mundo físico (que es mecánico, determinista, regido por leyes necesarias) teniendo en cuenta esa información. Y lo ha dispuesto para que la inmensa mayoría de las acciones de nuestro cuerpo (que se rige por esas leyes mecánicas, y no por los deseos de la mente inmaterial) coincidan con nuestros actos mentales. O sea, Dios sabía que ahora ibas a darle a tu brazo la orden de que se levantara. Y Dios, además, ha construido un mundo material en el que ahora tu brazo, por efecto de las leyes de la naturaleza y de la disposición de la materia en el momento anterior, se levante. O sea, ambos sucesos coinciden. Pero son independientes el uno del otro. A eso Leibniz lo llamó armonía preestablecida.
Gilbert Ryle: el fantasma en la máquina como error categorial
Después de Darwin la idea de una mente como algo distinto del cuerpo ha ido poco a poco erosionándose. Hoy resulta mucho más fácil aceptar que la mente es algo que hace el cerebro. Tan sólo la dificultad para explicar los mecanismo neurológicos que la hacen posibles, así como la inmediatez de nuestra experiencia de “lo mental”, parecen mantenerla. Gilbert Ryle, en una obra llamada El concepto de lo mental dedica un capítulo a explicar el mito de Descartes para defender que la idea de una mente como algo distinto del cuerpo es un error categorial. O sea, un error lingüístico, una forma de hablar engañosa:
A un extranjero que visita Oxford o Cambridge por primera vez, se le muestran los colleges, bibliotecas, campos de deportes, museos, departamentos científicos y oficinas administrativas. Pero luego pregunta: “¿Dónde está la universidad? He visto dónde viven los miembros de los colleges, dónde trabajad registrador (registrar), dónde hacen experimentos los científicos, pero aún no he visto la universidad donde residen y trabajan sus miembros”. Se le tiene que explicar, entonces, que la universidad no es otra institución paralela o una especie de homólogo de los colleges, laboratorios y oficinas. La universidad es la manera en que todo lo que ha visto se encuentra organizado. Cuando se ven edificios y se comprende su coordinación, puede decirse que se ha visto la universidad. Su error parte de la inocente suposición de que es correcto hablar del Christ Church, la Bodleian Library, el Ashmolean Museum y de la universidad, como Si “la universidad” hiciera referencia a un miembro adicional de la clase de la que son miembros los otros elementos. Erróneamente se ha asignado a la universidad la misma categoría a la que pertenecen aquellos.
Para Ryle, Descartes había hecho algo parecido con la mente. Describió “lo mental” con un lenguaje y unas cateogorías inapropiados. Por ejemplo, diciendo que la mente era una cosa:
De esta manera, las diferencias entre lo físico y lo mental fueron representadas
como diferencias existentes dentro del marco común de las categorías de “cosa”, “estofa”, “atributo”, “estado”, “proceso”, “cambio”, “causa” y “efecto”. Las mentes son cosas, aunque de un tipo distinto de los cuerpos. Los procesos mentales son causas y efectos, pero de tipo diferente al de las causas y efectos de los movimientos corporales. De la misma manera que nuestro visitante esperaba que la universidad fuera un edificio más, aunque un poco diferente del de un college, los que repudiaron el mecanicismo representaron las mentes como centros de procesos causal es parecidos a las máquinas pero, al mismo tiempo, considerablemente distintos
de ellas. Su teoría fue una hipótesis paramecánica.
O sea: la causa de que creamos que existe una cosa llamada mente es en realidad una forma de hablar engañosa, impropia, inexacta. Una sucesión de errores categoriales. Es como cuando le decimos a un niño que la personas dormimos en habitaciones y los coches en el garaje. Y el niño ve que , en efecto, al caer la noche, las personas vamos a nuestras habitaciones y papá guarda el coche en garaje. El niño se deja llevar por la analogía, la acepta en sentido literal, y acaba atribuyendo al coche la capacidad de dormir. Está siendo engañado por cometer un error categorial.
La metáfora más famosa de Ryle, el error categorial de muestra que se ha hecho ya célebre (¡hasta sirvió de título para un disco de Police!) es el de “fantasma en la máquina”: creer que dentro del cuerpo hay una cosa que es la mente y que esa cosa gobierna sobre el cuerpo es como creer que existe un fantasma que hace girar la lavadora.
Ryle reloaded: Daniel C. Dennett
En nuestros días el principal continuador de Ryle es Daniel C. Dennett, que además ha fusionado el darwinismo con la filosofía del lenguaje y de la mente de la tradición analítica, y ha producido con ello uno de los cócteles filosóficos más interesantes de los últimos tiempos.
En la editorial Katz han publicado un libro (que ni siquiera he comprado -todavía-) llamado Dulces sueños, y subtitulado, para que no quepan dudas, “Obstáculos filosóficos para una ciencia de la conciencia”. O sea, sobre la resistencia a aceptar una explicación naturalista, emergentista, de lo mental.
A continuación, y para acabar esta entrada, pego este fragmento del fragmento. Dennett, además de un pensador muy complejo, es un magnífico creador de metáforas y de imágenes, lo que le convierte en alguien muy agradable de leer. Este texto, creo, podría ser leído también por alumnos de secundaria:
Lo que hoy sabemos es que somos un conjunto de miles y miles de millones de células de miles de tipos diferentes. La mayoría de las células que componen nuestro organismo provienen del óvulo y el espermatozoide a cuya unión debemos nuestro origen (aunque también hay millones de células que hicieron autoestop, pertenecientes a miles de linajes que viajan de polizones en el organismo) y, para decirlo con la mayor claridad posible de una vez por todas, ‘no hay una sola célula de las que forman parte de nosotros que sepa quiénes somos, o a la que le importe saberlo’.
Las células que nos integran están vivas, pero hoy sabemos sobre la vida lo suficiente para percibir que cada célula es una unidad mecánica, un microrrobot en gran medida autónomo cuyo grado de conciencia no supera al de una levadura. La masa de pan que leva en un recipiente está llena de vida; sin embargo, nada de lo que hay en ese recipiente está dotado de sensibilidad o conciencia -y si no fuera así, sería un hecho notable del que hoy en día no tenemos ni la más mínima evidencia-. Es que hoy sabemos que los “milagros” de la vida -el metabolismo, el crecimiento, las funciones de autorreparación y defensa y, claro está, la reproducción- se realizan por medios cuya complejidad puede maravillarnos, sin que sea en absoluto milagrosa. El organismo no necesita un supervisor sensible para que el metabolismo funcione, ni es necesario un élan vital para desencadenar mecanismos de autorreparación, y las incesantes nano-fábricas de la división celular producen duplicados sin que sea necesaria la intervención de deseos fantasmagóricos o fuerzas vitales especiales. Así haya cien kilos de levadura juntos, no se hacen preguntas sobre Braque ni sobre ningún otro tema, pero nosotros sí, y sin embargo estamos hechos de partes (es decir, de células eucarióticas) que son básicamente del mismo tipo que las células de la levadura, con la diferencia de que realizan otras tareas. Nuestro ejército de miles de millones de robots conforma un régimen cuya eficiencia nos deja sin aliento. Pese a que no hay un dictador que lo rija, se las arregla para rechazar los ataques enemigos, desterrar a los débiles, mantener una férrea disciplina y ser el cuartel de un ser consciente, una mente. Las comunidades celulares son fascistas en extremo; nuestros intereses y valores, en cambio, poco tienen que ver con sus limitados objetivos… por suerte. Hay personas que son amables y generosas; hay otras que son inflexibles; a algunos les atrae la pornografía y otros dedican su vida a servir a Dios. Y a lo largo de los siglos, los hombres han caído en la tentación de atribuir esas notables diferencias a algún factor adicional -un alma-, ubicado en algún sector del cuartel corporal. Hasta no hace mucho tiempo, esa idea de un mágico ingrediente extra era la única explicación posible de la conciencia que tenía alguna posibilidad al menos de parecer sensata. Para muchos, de hecho, la idea del dualismo es aún hoy la única concepción de la conciencia que tiene sentido, pero los científicos y los filósofos están de acuerdo en que el dualismo es falso; tiene que serlo. Cada uno de nosotros está hecho de robots mecánicos y punto: no hay ingredientes no físicos, no robóticos en la receta de los seres humanos.
Pero, ¿cómo es posible? Hace más de dos siglos y medio, Leibniz ideó una bomba de intuición que desafiaba nuestra imaginación, antecesor engañoso del experimento de la habitación china de Searle, la nación china de Block y los zombis de hoy en día.
A veces uno agradece los alumnos quienes le toca dar clase. Es lo que ocurre con Pedro, que ayer escribía esta entrada en su blog sobre la asignatura: Ética de 4º (no pongo la dirección porque no sé si le sentaría bien, y también por cierto sentido de preservar el anonimato de los alumnos; si a la vuelta él lo desea lo enlazaré).
La tabla rasa
La actualización de hoy parte de las siguientes preguntas:
¿A partir de que valores nace la personalidad de cada individuo?
¿Qué hace a algunas personas ser tan buenas y a otras tan malas?
Y a partir de estas dos preguntas empecé a buscar información hasta encontrar algo que me convenció que publico Jean-Jacques Rousseau en una de sus mas importantes obras llamada “Emilio, o De la educación” la cual es un tratado filosófico sobre la naturaleza del hombre.
En 1762 Jean-Jacques Rousseau ya dijo que cada individuo nacía libre y bondadoso, pero la sociedad corrupta que lo rodeaba lo hacía cambiar para mal. A partir de esto más tarde el anuncio la idea llamada como tabla rasa de Rousseau en la que decía que cada individuo al nacer su mente es como una tabla rasa; es decir esta vacía y no importan los genes. Y más adelante el será él encargado de adoptar los caracteres que él quiera.
Yo personalmente no sabría que pensar, pero pienso que en gran parte tendría razón, ya que cada individuo es educado de una forma y a partir de la postura que se le es enseñada se desarrollará de una forma u otra.
Esto no quiere decir que siempre sea así, pero pienso que cuando nacemos no tenemos un destino fijado ni un camino a seguir, si no que nosotros adoptares los caracteres que no enseñen o que queramos, para mas tarde utilizarlos para relacionarnos; por esto mismo Rousseau dice que cada individuo nace libre y con el carácter de la bondad pero la sociedad corrupta es el que lo hace cambiar.
No sé si me he explicado muy bien, ya que este tema no lo hemos tratado en clase y llegue a el fortuitamente, bueno gracias por leerme, y hasta otra actualización.
Desde esta evaluación casi todos los alumnos de Ética están realizando blogs. La idea es que ellos mismos vayan resumiendo las clases en sus cuadernos digitales y ampliando la información de aquellos temas que más les haya interesado. También pueden incluir otras reflexiones o hablar de cuestiones que no se hayan visto en clase. Gracias a los lectores de feeds (personalmente uso Google Reader) es muy sencillo comprobar regularmente cuándo hay una nueva actualización en cualquiera de sus blogs.
Espero ir citando aquí algunas de sus entradas. Y para empezar, vaya este texto de L, una de las alumnas más aplicadas en la asignatura:
A principio de curso hablábamos de competición y colaboración.
En el segundo trimestre mencionamos los incentivos.
Lo que yo pienso es que la idea de competir entre nosotros, siendo nuestro incentivo sacar la máxima nota posible, da buenos resultados. Muchos son los que no reconecen esto , pero la realidad es que todos competimos, siempre con deportividad, y no solemos decirlo abiertamente porque da la impresión de somos unos egoístas y queremos ser los mejores.
¿Es malo querer ser uno de los mejores? Siempre y cuando se haga todo limpiamente, ¿ estáis de acuerdo conmigo en que uno de los incentivos de los alumnos es superar a otros y a la vez superarse a sí mismos y obtener mejores resultados?
En los exámenes de Filosofía I suelo introducir una pregunta malvada. La respuesta es voluntaria y nunca puede bajar nota, sólo subirla en el caso de que den una respuesta que me parezca brillante. La pregunta malvada del último examen fue que explicaran la analogía que muestra la imagen.
En 4º de la ESO estamos hablando sobre el Estado. Al hilo de una explicación se me ocurrió preguntar “al tendido” qué preferían, ser ricos en una dictadura o ser trabajadores en una democracia. La mayor parte eligió la primera opción. Confieso que no me escandaliza lo más mínimo. Tampoco traté de convencer a los alumnos de que se trataba de una preferencia inmoral. Ni tengo claro que lo sea. Puede ser una decisión poco heroica. Egoísta, sin duda, pero no me parece que sea reprochable. Sería reprochable si estuvieran dispuestos a contribuir a una dictadura si ello les permitiera vivir como millonarios. En todo caso, creo que debería elaborar una encuesta anónima donde incluir estos matices y pasarla a varias clases.
Este tipo de preguntas también dan lugar a reflexiones interesantes: la mayoría de los ciudadanos prefiere la democracia, pero ¿cuáles son las razones principales de esa preferencia? ¿Se trata de una preferencia moral por la libertad política o existe también la percepción de que la democracia nos permitirá a la mayoría defender mejor nuestros intereses económicos? Por ejemplo, al proponerles la disyuntiva a los alumnos, más de uno estaba interesado en una cláusula de garantía por la cual el Estado dictatorial no fuera a expropiarles después su riqueza. O sea, eran conscientes de que la democracia no es sólo un sistema de alternancia pacífica en el poder o una condición de la libertad política, sino, antes que eso, una garantía económica, un sistema que permite proteger el patrimonio de la arbitrariedad de los gobernantes.
Todo lo cual tiene relación con algo que acepto desde hace tiempo (no soy historiador, ni tampoco una autoridad en la historia del franquismo, así que tal vez sea una obviedad, o tal vez un disparate). A saber, en los años sesenta los españoles, o al menos la incipiente clase media, acaso percibió de que un enfrentamiento con el régimen político era poner en riesgo las expectativas económicas que entonces se abrían ante ellos. No se trata de que la mayoría no hubiera preferido la democracia como sistema político, sino de percepción del riesgo y de prioridades. Tal vez esa masa de ciudadanos más preocupados por la seguridad económica que por los ideales políticos sea el agente silencioso y antiheroico al que los españoles debamos una transición pacífica. Aunque nadie presuma de pertenencia a la clase media y sí de correr ante los grises y de exuberantes ideales.
Ya hay varios blogs que se han hecho eco del tema: en la Comunidad de Madrid vuelve a asomar la sombra del recorte horario a la Filosofía. Con tal motivo, se ha creado una Plataforma en Defensa de la Filosofía, cuyo manifiesto está albergado en Filosofia.Net. También se hacen eco de la noticia otros blogs filosóficos, como el clásico Boulé, Waldenland 25 o Desde la Caverna de Platón Ellos ya han dicho cuanto soy capaz de decir en estos momentos sobre el tema.
En todo caso, quizá te apetezca enviar tus datos a los promotores de la Plataforma. Para firmar el manifiesto debes enviar un correo indicando: nombre, DNI y profesión (separados por comas) a la dirección plataforma.filosofia@gmail.com
Otro modo de colaborar es firmando desde filoblog. Sólo debes estar de acuerdo con el manifiesto y firmar este formulario.
Uno de los argumentos de quienes desde la izquierda suelen hablar de la ilegitimidad del Estado de Israel, o calificarlo de Estado “asesino” sin entrar a juzgar al mismo tiempo los ataques que Israel viene sufriendo desde el mismo 14 de Mayo de 1948, es que debe distinguirse entre atacar al Estado de Israel y cargar contra los judíos. De ese modo, se quiere distinguir entre antisionismo (rechazo de Israel) y antisemitismo o judeofobia (rechazo de los judíos en general).
El otro día, sin embargo, el Bloque Nacionalista Gallego (BNG) demostró lo frágil de esa distinción cuando se negó a votar a favor de una condena del Holocausto en el PArlamento Gallego, si no se condenaba también al Estado de Israel. Da lo mismo que los masacrados por hitler lo fueran antes de que existiera Israel; o que muchos de los descendientes de las víctimas vivan en Argentina, en EEUU o en Australia. El BNG ha establecido una ecuación de lo más obscena entre Israel y los judíos.
Tal como muchos sospechábamos, ahora queda claro: no es antisionismo. Es judeofobia.
licante vuelven a moverse las cosas después de que hace unos años estuviera a punto de constituirse una sociedad de filosofía cuando mucha gente comenzamos a movilizarnos contra la sustitución de la asignatura de Ética por la de Educación para la ciudadanía o por la transformación de Filosofia I en Filosofía y ciudadanía. ¡Qué cosas! Bien, yo he llevado unos dos años bastante desconectado de muchas cosas por motivos personales, pero ahora me resulta grato encontrarme con que en la provincia de Alicante vuelven a surgir iniciativas. Esta vez se trata de dialectica.es, cuyos promotores se están esforzando por hacer posible un interesante ciclo de ponencias para licenciados y profesores de secundaria. Las comunicaciones tendrán lugar en los IES La Torreta (Elche) y Figueras Pacheco (Alicante) los martes entre el 22 de Enero y el 22 de Abril.