Entrada destacada

Sobre FiloBlog.com

Bienvenidos. Filoblog sólo es un blog escrito por un profesor de Filosofía de enseñanza secundaria. No prtende ser sólo un blog didáctico, aunque la enseñanza de la filosofía tenga su lugar destacado en él. Por lo demas, también puedes encontrar parte de los materiales didácticos que suelo emplear en mi otra página.
Puedes contactar […]

Popular

Alex King's Popularity Contest plugin would work really well here.

Lo más discutido

Nick Momrik's Most Commented plugin would work really well here.

La causalidad histórica: Xenakis, Pascal y Nassim Taleb

John J Xenakis tiene esta interesante cita (mi traducción):

Todo el mundo sabe que Thomas Edison inventó la bombilla eléctrica en 1879. Supongamos que Edison nunca hubiera nacido. ¿Significa eso que hoy seguiríamos usando velas en vez de bombillas eléctricas?

La respuesta es no: si Edison no hubiera inventado la bombilla, otra persona lo habría hecho al poco tiempo. Hubo otros inventores trabajando en el mismo problema al mismo tiempo, y alguno lo habría conseguido si Edison no lo hubiera hecho antes. (…).

Lo importante es que la bombilla eléctrica se inventó “cuando tocaba”: cuando sus “ingredientes” estuvieron disponibles: la corriente eléctrica necesaria, los filamentos adecuados, la cápsula, etc. La bombilla no pudo ser inventada antes, porque sus “ingredientes” aún no existían. Y se habría inventado al poco tiempo porque una vez que sus “ingredientes” estuvieron disponibles, alguien la habría inventado. Edison simplemente llegó el primero.

He aquí otra cuestión: supongamos que Martin Luther King nunca hubiese nacido. ¿Significa eso que las leyes por los derechos civiles no hubieran sido aprobadas jamás?

De nuevo podemos afirmar con certeza que otros líderes negros habrían liderado las causas de su tiempo. Esta vez los “ingredientes” fueron una nueva generación de hijos del Baby Boom cuya impaciencia aumentaba a medida que sus padres insistían contra las discriminaciones legales; la misma generación que produjo el movimiento pacifista, el de la liberación femenina, etc. Martín Luther King apareció justo en el momento oportuno en que estos ingredientes le proporcionaban una ventaja, y si él no hubiera nacido, otro habría hecho lo mismo.

Thomas Edison y Marthir Luther King fueron agentes catalizadores de unos acontecimientos que habrían tenido lugar igualmente en aquellos momentos. Con esto no quiero restar ningún mérito a Edison o a Luther King. Tan sólo digo que ambos tuvieron contemporáneos que habrían hecho lo mismo casi al mismo tiempo si cualquiera de ambos no hubiera llegado a nacer.

A muchas personas les cuesta creer esto. Creen que Edison fue necesario para la invención de la bombilla, que Marthir Luther King fue necesario para la aprobación de los derechos civiles.

Me ha parecido un texto muy didáctico para reflexionar -también en clase- sobre la historia y sobre la naturaleza de la causalidad en la historia. Se me ocurre también que se puede contrastar con la famosa frase de Pascal: “si la nariz de Cleopatra hubiera sido más corta, la faz del mundo habría cambiado”.

En todo caso, sería interesante también enfrentar la cita de Xenakis con las ideas del último libro de Nassim Taleb, sobre el enorme impacto que tiene en la historia humana los cisnes negros: O sea, los acontecimientos altamente improbables y, por tanto, impredecibles. Taleb pone entre otros ejemplos de este tipo de sucesos el Cristianismo, la expansión del Islam, Internet o los atentados del 11 de Septiembre.

Homo sentimentalis (Milan Kundera: un fragmento de La inmortalidad)

El homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente (porque todos sentimos), sino como un hombre que ha hecho un valor del sentimiento. A partir del momento en que el sentimiento se considera un valor, todo el mundo quiere sentir; y como a todos nos gusta jactarnos de nuestros valores, tenemos tendencia a mostrar nuestros sentimientos.

Leer el fragmento completo.

Hoy he dedicado la clase a leer y comentar este fragmento de La inmortalidad, de Milan Kundera, donde habla del hombre sentimental. O sea, del sentimentalismo, entendido simplemente como la idea de que el sentimiento con que realicemos una acción es donde radica su justificación o su mérito básicos (o al revés: lo que le quita valor o la convierte en vergonzosa).

Kundera hace un brevísimo repaso al modo en que el sentimentalismo se coló en Occidente: San Agustín (ama y haz lo que quieras), los trovadores del siglo XII, Lutero. Creo que se deja a Rousseau, cuyo hombre hijo de la naturaleza exhibe sus sentimientos y sus lágrimas en público sin que tal cosa le parezca vergonzosa.

Frente al sentimental (en realidad mucho antes de que Occidente se pudiera permitir el lujo del sentimentalismo) nuestra cultura dio forma al estoico: aquel que no se perturba ante lo inevitable porque no hay nada más inútil.  Reconozco que prefiero con mucho a los estoicos que a los sentimentales, aunque eso no suelo decirlo en clase.

Plataforma alicantina en defensa de la filosofía

Un grupo de profesores de Filosofía de Alicante ha comenzado a moverse para defender las tres horas semanales de la asignatura de Filosofía.

Más información: http://www.filosofia-alicante.blogspot.com/

Manifiesto: (no olvides firmarlo)http://filosofia-alicante.blogspot.com/search/label/Manifiesto

¿Nos hace mejores la filosofía moral?

Vía Overcoming Bias he encontrado un interesante texto (y artículo) de The Splintered Mind

Me interesa la conducta moral de los profesores de ética. Concretamente, por qué aquélla no parece ser mejor que la de los profanos. Una posibilidad es que la reflexión filosófica sobre la moral no tenga efectos sobre la conducta. Hablando con filósofos he encontrado que a menudo apoyan esta idea. Tal vez sea porque no he explicado con suficiente claridad por qué dicha visión me parece insatisfactoria. Expondré el problema como un dilema: ¿es la reflexión filosófica sobre la ética diferente de la deliberación cotidiana acerca de lo que hacemos?

Si no lo es, entonces la visión defendida es realmente oscura: la deliberación moral no tiene efectos sobre la conducta. Cuando pensamos sobre qué estamos obligados a hacer, los juicios resultantes deben, o bien justificar lo que íbamos a hacer de todos modos, o bien, si no coinciden con tales inclinaciones originales, deben ser dejados a un lado para que actuemos de forma contraria a ellos.

Me ha recordado una cuestión [1] que plantea Kant en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Según él, los hombres comunes son capaces de discernir el bien y el mal con la misma eficacia que los filósofos.

En todo caso, es algo que deberían tratar de contestar todos los profesionales de la filosofía moral: si cultivar su disciplina no les hace mejores hombres de lo que son sus vecinos ¿para qué sirve? Me temo que la respuesta más común será que contribuyen a hacer mejores a otros.

Tengo serias dudas, pero se me ocurre que dentro de unos años deberíamos observar a quienes a partir del año que viene -si es que no han empezado ya este año- comenzarán a cursar Educación para la ciudadanía, y comprobar si su conducta y su moral cívica es mejor que la de los desgraciados que por edad no alcanzaron a cursar dicha asignatura.

ACTUALIZACIÓN: Juanma nos trae una noticia que combina con este post como la tónica con la ginebra: dos profesores -y formadores- de Educación para la Ciudadanía detenidos por falsificación.

_________________________

[1] Así, pues, hemos negado al principio del conocimiento moral de la razón vulgar del hombre. La razón vulgar no precisa este principio así abstractamente y en una forma universal; pero, sin embargo, lo tiene continuamente ante los ojos y lo usa como criterio en sus enjuiciamientos. Fuera muy fácil mostrar aquí cómo, con este compás en la mano, sabe distinguir perfectamente en todos los casos que ocurren qué es bien, qué mal, qué conforme al deber o contrario al deber, cuando, sin enseñarle nada nuevo, se le hace atender tan sólo, como Sócrates hizo, a su propio principio, y que no hace falta ciencia ni filosofía alguna para saber qué es lo que se debe hacer para ser honrado y bueno y hasta sabio y virtuoso. Y esto podía haberse sospechado de antemano: que el conocimiento de lo que todo hombre está obligado a hacer y, por tanto, también a saber, es cosa que compete a todos los hombres, incluso al más vulgar. Y aquí puede verse, no sin admiración, cuán superior es la facultad práctica de juzgar que la teórica en el entendimiento vulgar humano. En esta última, cuando la razón vulgar se atreve a salirse de las leyes de la experiencia y de las percepciones sensibles, cae en meras incomprensibilidades y contradicciones consigo misma, al menos en un caos de incertidumbre, oscuridad y vacilaciones. En lo práctico, en cambio, comienza la facultad de juzgar, mostrándose ante todo muy provechosa, cuando el entendimiento vulgar excluye de las leyes prácticas todos los motores sensibles. Y luego llega hasta la sutileza, ya sea que quiera, con su conciencia u otras pretensiones, disputar con respecto a lo que deba llamarse justo, ya sea que quiera sinceramente, para su propia enseñanza, determinar el valor de las acciones; y, lo que es más frecuente, puede en este último caso abrigar la esperanza de acertar, ni más ni menos que un filósofo, y hasta casi con más seguridad que último, porque el filósofo no puede disponer de otro principio que el mismo del hombre vulgar; pero, en cambio, puede muy bien enredar su juicio en multitud de consideraciones extrañas y ajenas al asunto y apartarlo así de la dirección recta. ¿No se da, pues, lo mejor atenerse, en las cosas morales, al juicio de la razón vulgar y, a lo sumo, emplear la filosofía sólo para exponer cómodamente, en manera completa y fácil de comprender, el sistema de las costumbres y las reglas de las mismas para el uso -aunque más aún para la disputa-, sin quitarle al entendimiento humano vulgar, en el sentido práctico, su venturosa simplicidad, ni empujarle con la filosofía por un nuevo camino de la investigación y enseñanza? (Kant: Fundamentación de la metafísica de las costumbres)

Machismo y testosterona

He publicado un artículo sobre el problema de la violencia contra las mujeres en leviatan.org

Seguro que tiene afirmaciones discutibles. Pero eso es lo que tienen los blogs de opinión: que se mueven en el terreno de lo probable.

¿Es obsceno lamentarse del pasado?

Esta semana he leído dos textos que hacen pensar en si no será algo obsceno lamentar el pasado.

El primero, de Hans Blumenberg, en La posibilidad de comprenderse:

Los beneficiarios de todas las atrocidades que han acontecido en la historia somos todos los vivientes, simplemente porque descendemos de los supervivientes, que probablemente han sido los más fuertes, los más precavidos, los "culpables", y de cuya capacidad para sobrevivir sus descendientes somos sus beneficiarios. En la pregunta por el fundamento del ser está implícita la culpa cuando cada uno es el eslabón final de una "evolución". Al "orden del mundo" no nos gusta vernos favorecidos como progenie de los inocentes. Quien está aquí se lo debe a aquellos que permanecieron cuando los otros no lo lograron.

Hans Blumenberg, La prosiblidad de comprenderse, pp 67-8

El segundo, con un argumento que tiene un aire de familia con el de Blumenberg (cambiando, quizá, la culpa de los supervivientes por la fortuna de los engendrados) se lo debo al capitán de bajel empirista Jesús Zamora Bonilla, que reflexiona sobre quienes fantasean con qué habría ocurrido de haber vencido los republicanos la Guerra civil española:

si la república hubiera ganado la guerra, nadie nacido después de 1939 existiría ahora. Tengamos en cuenta que cada fecundación de un óvulo es una lotería con cientos de millones de papeletas (los espermatozoides); un simple cambio de postura en una arremetida hará que el espermatozoide que llegue al óvulo será otro, y no digamos si los cambios históricos hacen que la gente copule en momentos diferentes, o incluso con personas diferentes.

¿Es genética la codicia?

Las investigaciones de Richar Ebstein en El Mundo y en  la BBC.

Historia(s) de la filosofía en comic

La editora de comic Evil Twin Comics ha publicado tres álbumes dedicados a la historia de la filosofía: Action Philosophers que, además de venderse por un precio asequible (9 dólares, con 96 páginas en blanco y negro por álbum), pueden “catarse” gratuitamente en las páginas de la editorial. Actualmente se pueden ver cuatro historias en internet: Los presocráticos, Descartes, John Stuart Mill y Jung.

Sus autores son Fred van Lente y Ryan Dunlavey

comic de filosofia - action philosophers
tales de mileto thales-comic-s.jpg

Contra Horacio: cigarras punk, probabilidades y la falacia del carpe diem

Uno de los errores típicos de muchos alumnos es la constante confusión entre posible y probable. Lo posible no es más que ausencia de contradicción. Y, además, no admite grados: algo es posible o no lo es, pero no hay más cosas más posibles que otras. Es posible que haya macarrones para comer, y es posible que haya un cisne en el pasillo, como también es posible que existan seres inteligentes en algún lugar lejano de la galaxia y que, además, sean verdes. Todas esas cosas son posibles porque no provocan contradicciones lógicas, y además todas son igual de posibles. Y ello es independiente de si al final resultan verdaderas o falsas.

La probabilidad es otra cosa. Para empezar admite grados: es bastante probable que haya macarrones para comer, mucho más probable que la presencia de un cisne en el pasillo, y también mucho más que la existencia de seres inteligentes de color verde más allá de nuestro planeta.

Identificar lo probable y lo posible es una tentación de los malos argumentadores. Es una forma de ganar discusiones (más bien de forzar las tablas) recurriendo a una falacia. Por ejemplo, le dices a un alumno que si estudia tiene más probabilidades de encontrar un buen trabajo (más cómodo, mejor remunerado y menos expuesto al desempleo) que si no estudia. Y él te responde que lo mismo te pasas años estudiando y al final te arrolla una locomotora o te cae un piano de cola por la calle. Y de igual manera, a lo mejor no estudias y un día juegas a la lotería y ganas millones, de manera que ya no tienes que preocuparte de nada.

Desde luego, ambos casos son perfectamente posibles, pero lo más probable es que dentro d 20 años la gente que hoy tiene 16 siga en el mundo, así que ser previsor y estudiar para conseguir un trabajo mejor parece una buena estrategia.

Ése es el problema del carpe diem, que tantos alumnos no suelen invocar como regla de vida cargada, además, de sabor clásico. Horacio:

No preguntes (contra la voluntad divina el saberlo), Leuconoe,

qué fin han puesto para mí los dioses, cuál para ti,

ni indagues los babilónicos números.

¡Cuánto mejor soportar lo que haya de ser,

tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos,

como si es el último nuestro el que ahora quiebra las olas del mar Tirreno

en azote contra los escollos!

Sé sabia, filtra el vino y, breve como es la vida, que tu esperanza no la prolongue.

Mientras hablamos, habrá huido celosa la edad: toma el día [carpe diem],

confiada lo menos posible en el de mañana.

Horacio seguramente trataba de engañar a una adolescente que le daba largas: no esperes, que mañana no sabes qué ocurrirá. Quizá ese discurso fuera aceptable en una época en que la gente moría joven víctima de una muela infectada o de una diarrea por comer una ensalada en mal estado. Hoy día, la esperanza de una vida larga es más que nada un cálculo realista para cualquier persona sana de 18 años de Occidente. Y no quiero que se entienda esto como una defensa del puritanismo: el puritanismo es la renuncia gratuita a un placer. Gratuita porque el disfrute de ese placer no compromete el goce futuro de otros placeres.

De tal manera que Horacio, lejos de proporcionarnos una pieza de sabiduría nos está invitando a vivir de espaldas al cálculo de probabilidades y la estadística, y su razonamiento no va mucho más allá que el del adolescente que dice que a lo mejor nos cae un piano de cola mañana, después de haber pasado estúpidamente la tarde estudiando.  O sea, el carpe diem sólo se sostiene si no entendemos la diferencia entre lo posible y lo probable. Herederos de Horacio y de sus dificultades para entender dicha diferencia han sido James Dean, a quien se le atribuye eso de vivir rápido, morir joven y dejar un apuesto cadáver; el movimiento punk, que declaró como lema "No future", y la cigarra del cuento, que disfruta del verano como si el invierno no fuera a llegar.

 

Las hormigas son racionales porque hacen un cálculo probabilístico. Horacio, Sid Vicious y las cigarras del mundo mundial son irracionales porque no son capaces de entender que el arte de vivir es también el de calcular sobre la base de lo probable, y no de lo meramente posible.

El concepto de probabilidad es  moderno. Ian Hacking habla de su aparición en matemáticas en el siglo XVII. De todos modos, una refutación de la ética del placer instantáneo en el sentido de arriba ya la podemos encontrar en el Protágoras de Platón. ¡Antes de Horacio!

«Pues ¿en qué, que no sea en placer o en sufrimiento? Porque no hay otra diferencia. La situación es la de un hombre que sabe pesar bien, poniendo en los platillos de la balanza las cosas agradables y las penosas, tanto las presentes como las futuras; luego, di cuál es más. Pues si pesas cosas agradables con cosas agradables, hay que elegir siempre las mayores y las más; si penosas con penosas, las menos y más pequeñas; si pesas agradables con penosas y ves que las molestas son superadas por las agradables, bien sean las presentes por las futuras o las futuras por las presentes, entonces has de realizar la acción que cumpla estos requisitos; pero si las agradables son superadas por las molestas, no debes realizar la acción que implique tal cosa. ¿Cabe, amigos, otra solución?». Estoy seguro de que no podrían decir otra cosa.

Protágoras, 356a

O sea, hay que preferir el placer al dolor, pero el problema es que en la balanza también hemos de poner el tiempo y calcular los placeres y los dolores del futuro. Sólo después de considerar el tiempo, sólo después de haber realizado un cálculo que tenga en cuenta el futuro, tiene sentido elegir siempre el mayor de los placeres.

Platón es el patrón de las hormigas. Horacio de las cigarras. El problema es que el argumento de este último es débil: depende de no distinguir entre probable y posible. Supongo, aun así, que los alumnos seguirán defendiendo el carpe diem como regla moral protegida por el prestigio de lo clásico. A mí, en cambio, Horacio me seguirá pareciendo un genial vividor y embaucador de muchachas a quienes, sin embargo, no confiaría la educación de mis hijos.

Petición de firmas: la ONU contra los derechos del hombre

Acabo de firmar esta protesta. He sabido de ella por el Neoconomicón. Además, Eduardo ha tenido la gentileza de traducirla. Entre quienes la han firmado están algunos de los más lúcidos filósofos franceses, según le cuenta Ana Nuño a Arcadi Espada: Elisabeth Badinter, Pascal Bruckner, Alain Finkielkraut, Claude Lanzmann, Pierre-André Taguieff, Elie Wiesel.